miércoles, 12 de junio de 2013

LAS ISLAS CANARIAS





PROLOGO
la literatura de viajes, singularmente la de tiem­pos pasados, goza hoy de un creciente interés por parte de los lectores. Por ello, cabe preguntarnos sobre el origen de este interés y, paralelamente, sobre lo que pretendieron los autorespara averi­guar si, a pesar del tiempo que separa aquéllos de éstos, hay algún punto de coincidencia entre la expec­tativa que atrae el interés de los primeros y la inten­ción que motivó la inspiración de los segundos. De existir tal coincidencia, resulta vital para la supervi­vencia de la obra, porque el sostenido interés del lec­tor, y no otra cosa, es lo que confiere permanente vitalidad al impulso creador del que escribe. Por encima del tiempo, se mantiene una especie de ten­sión entre lo que espera el lector y lo que ha ofre­cido el autor. Posiblemente, en ningún otro género literario se produce, de manera tan clara, esta rela­ción que nace, fundamentalmente, de actitudes pro­funda e ineludiblemente humanas, definidas, quiérase o no, por ideas preconcebidas de una y otra parte, ya que la plena y pura objetividad es casi inalcanza­ble virtud sobrehumana.
Hay, claro está, viajeros y viajeros; pero, casi sin excepción, todo el que viaja siente en su interior el recóndito afán de contar, más tarde, lo que ha visto. La mayoría no pasa de ahí; pero una minoría, selecta minoría, plasma por escrito sus observaciones y, aún mejor, sus descubrimientos. El viajero escritor y, mucho más, el escritor viajerosale de su casa predispuesto a descubrir algo nuevo en su punto de destino, pero sólo los verdaderos y raros descubrido­res, movidos de positivo interés, de penetrante curio­sidad, de aguda visión y de libérrimo espíritu crítico y analítico, logran genuinos descubrimientos. Los más, llevan, a priori y dentro de sí, sus futuros "des­cubrimientos", ven lo que otros han visto y descu­bren lo que otros han descubierto.
Estos últimos son los que defraudan las expecta­tivas del consciente lector de relatos de viajes que, en el mejor de los casos, desea apagar su sincera sed de objetividad, especialmente cuando se trata de descrip­ciones pretéritas de su propia tierra. Busca este lector la desapasionada visión ajena, la crítica ponderada, el análisis justo, el cómo y el por qué de cada hecho, en un intento de precaverse contra sus pro-[…]

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