miércoles, 24 de julio de 2013

REFLEXIONES SOBRE EL ATAQUE DE NELSONH A SANTA CRUZ DE TENERIFE 1797: A PROPISTO DE UN DOCUMENTO OLVIDADO



PROLOGO
El ataque de la escuadra de Nelson a Santa Cruz de Tenerife en 1797 ha ejercido siempre una poderosa fascinación en el alma isleña. Ello viene avalado por los numerosos estudios ¡levados a cabo en es­tos casi doscientos años. El que escribe estas líneas se dejó atrapar también por esos lazos sutiJes con su ciudad ya desde la adolescen­cia. Los símbolos de la gesta del 25 de Julio le sedujeron al primer ins­tante: las banderas capturadas a los ingleses que se custodiaban en la iglesia de la Concepción; el cañón Tigre, envuelto en las brumas de una leyenda que le atribuía el mérito de haber herido gravemente al héroe británico; los sillares del viejo muelle de Santa Cruz donde se podía aún apreciar el impacto de un proyectil de aquella fecha memo­rable; y hasta el rótulo de una calle dedicada a este ilustre marino y enemigo, circunstancia que no dejaba de sorprender a más de un via­jero.
Luis Cola Benítez, amante y estudioso de sus raíces isleñas, fue también preso de esta fascinación, y en los ratos libres que le propor­cionan sus representaciones comerciales había buceado con anterio­ridad en los archivos y bibliotecas locales para explorar parcelas de nuestro pasado. En 1986 publicaba una monografía sobre los barran­cos de Santa Cruz, destacando así su importancia decisiva en el naci­miento y desarrollo del entramado urbano. El rigor histórico y ameni­dad literaria de aquel estudio ya fueron alabados en su prólogo por nuestro común amigo Manuel Álvarez de la Rosa. Pero el ataque de Nelson le seguía esperando a la vuelta de la esquina de la historia in­sular. Pronto constituiría el objeto preferente de su investigación. El primer resultado de este apasionado interés es el pequeño libro que tiene el lector en sus manos.
La representación que Francisco Grandy Giraud (1755-1802), Teniente de Milicias de Canarias y Agregado al Real Cuerpo de Artille­ría, hace a Carlos IV en 1797 es la piedra angular de este trabajo. La publicación de este documento inédito sobre el ataque de Nelson ha dado pie al autor para llevar a cabo algunas reflexiones sobre aquel hecho de armas. Estas consideraciones encierran gran interés pues contribuyen al conocimiento de aquel episodio bélico desde otras perspectivas históricas. Estos nuevos enfoques, algunos de ellos meras hipótesis que deberán ser desarrolladas en trabajos posteriores, apuntan no sólo a los aspectos militares sino también a los aspectos sociales. En otras palabras, en los documentos que narran el ataque de Nelson se pueden encontrar también huellas de los conflictos de intereses que latían en la sociedad canaria del Antiguo Régimen. En el caso que nos ocupa, se manifiesta la discriminación que existió a la hora de premiar a los isleños que destacaron en el esfuerzo común por rechazar a los británicos. Veamos estos dos aspectos por separa­do, refrescando un poco la memoria del lector sobre los acontecimien­tos de 1797.
Desde el punto de vista militar, la estrategia desplegada por el Comandante General Antonio Gutiérrez durante aquellos días ha sido alabada por distintos autores, contemporáneos y posteriores. Como es sabido, las medidas defensivas que tomó antes del ataque fueron sufi­cientes para neutralizar el desembarco efectuado por los británicos en la mañana del 22 de Julio en el costado nororíental de Santa Cruz. Ello forzó a Nelson a la elección, trascendental para el resultado de la ba­talla, de un nuevo punto del frente español donde llevar a cabo su ata­que definitivo. El contralmirante inglés decidió entonces golpear el nú­cleo principal de las defensas de la ciudad: el muelle y el castillo princi­pal de San Cristóbal, donde se hallaba Gutiérrez y su plana mayor. Si hubiese alcanzado su objetivo el frente se habría partido en dos y la jefatura de las fuerzas isleñas hubiese caído en sus manos, obtenien­do asila rendición de la plaza.
Pero ya en los días anteriores al ataque tuvieron lugar iniciativas particulares que mejoraron el dispositivo defensivo diseñado por Gutiérrez. La principal de ellas, elogiada por protagonistas y testigos de la acción, fue la apertura de una tronera en el lado nororíental del castillo de San Cristóbal y la colocación de un cañón en ese punto, cubriendo de esa manera con sus disparos la playa que existía entre […]



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