jueves, 6 de febrero de 2014

SER AGRICULTOR ES PROCEDER DEL MÁS NOBLE DE LOS LINAJES






Josefa Falcón Abreu

Vengo de familia de agricultores, en casa siempre se cultivó la tierra, mis padres amaban la tierra, sus tierras, que aunque no eran muchas si eran suyas y la sembraban con ese cariño que solo un agricultor sabe darle a esa tierra. En épocas de cosecha se cuidaban los cultivos como la más linda flor: papas, viñas, frutales, verduras y hortalizas, todo eso que hacía resplandecer de verdor esa tierra que tanto amaban, alguna que otra ayudita también dimos sus hijos- de lo cual me honro y enorgullezco- y de los cuales algunos todavía hoy siguen con la tradición aunque como hobby. En épocas de vendimia se juntaban familias y amigos que desinteresadamente ayudaban en esa laboriosa tarea que era cortar la uva, hacer el mosto…Se compartía un almuerzo y lo que hiciera falta comer, se brindaba con el vino de la cosecha anterior que siempre se dejaba algo para ese día si es que veían que se podía acabar antes. Creo que todas las familias del barrio, unos más otros menos, hacían lo mismo y es que, la tierra, estaba muy ligada a la vida de las familias en mi infancia. Recuerdo ver el verdor de los campos cosa que hoy, desgraciadamente, ya no lo es tanto. Cuando salgo y veo extensiones de terreno llenos de maleza donde antes se recogían esas magníficas cosechas me resulta, cuando menos, triste. Los platanales también van a menos, ya bastante menos gente cultiva nuestro rico plátano, las importaciones de otros países han hecho que nuestros plátanos no sean tan rentables como antes, a veces alcanzan unos precios irrisorios y al agricultor no le da resultado pues apenas cubren gastos, y si aún sobrevive el plátano quizás sea por las subvenciones. El trabajo del campo, tan sacrificado, tan duro y costoso es con frecuencia “víctima” de las inclemencias del tiempo, la sequía por un lado puede hacer que lo que prometía ser una buena cosecha se quede en algo ruinoso ¡y no digamos el viento! Cuando llega el temporal de viento es hora de decir adiós por completo a todo lo que hay sembrado, es triste ver los cultivos tras el paso de un vendaval, con él se van los sueños y las ilusiones de esos agricultores que con tanto amor y dedicación cuidaban sus cosechas y ven como ya nada será lo que esperaban. Pero ahí siguen ellos, con su amor a la tierra, dando vida a la economía y haciendo posible que los canarios comamos nuestros propios productos, los que se cultivan aquí, en Canarias, la diferencia entre nuestros productos y los que llegan importados es tan notoria, a nuestro favor, claro…lástima que a veces la gente vaya buscando precio y no calidad…Tamaragua amigos…

Febrero de 2014.

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