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miércoles, 19 de diciembre de 2012

EN TORNO AL ACCIDENTE DE LOS RODEOS





Sr. José Rodrigues con "s" y no con "z"

Entiendo su orgullo de considerarse español en la misma medida que comprendo pero que naturalmente no comparto, el insano orgullo que sentían y sienten los nazis por el hecho de serlo, también me esfuerzo por intentar comprender los sentimientos de supuesta pertenencia que debieron experimentar los nativos  de las culturas invadidas y sometidas al ser considerados por los invasores como “el buen salvaje,” como por ejemplo, los traidores conversos Thenesor Semidan (Fernando Guanarteme) y Añaterve (Jun Bueno o Juan de Candelaria) los cuales dejaron buena descendencia ideológica  por lo que pedemos ver.

Desde entonces, estos canarios desnaturalizados han venido siendo excelentes instrumentos al servicio del colonialismo.

Permítame recordarle que en los procesos de liberación de los pueblos colonizados, siempre ha existido una parte del criollismos que se han identificado con los invasores, puedo asegurarle que en los momentos de lucha para liberarse del yugo británico sostenida por la hoy prepotente Norteamérica, existían criollos y colonos que se sentían y consideraban tan británicos como usted español, no obstante, fueron incapaces de detener el proceso de independencia, por el contrario, contribuyeron con su actitud a la muerte de millares de sus compatriotas.

No entiendo –y mucho menos comparto -  sus acusaciones de independentismo dirigidas a D. José Rodríguez, creo que la españolidad y total entrega a los intereses de la metrópoli en esta colonia, a través de los medios de comunicación dirigidos por este Sr., está fuera de toda duda, y suficientemente demostrada durante la trayectoria histórica de dicho medios.

En cuanto al tema del Sr. Cubillo parece que usted olvida que el estado de su querida y monárquica España fue condenado precisamente por el más alto Tribunal de aquel país, por el delito de  terrorismo de Estado perpetrado por el ministro del interior Martín Villa, contra la persona de D. Antonio Cubillo. En cuanto a lo de “Nada independentista Gran Canaria” vuelve a estar desinformado, es patente que el movimiento independentista en esa isla está vivito y colando, y además en pleno auge. Posiblemente los únicos no independentistas a estas alturas sean usted y quien le paga la nómina.

Una sugerencia, olvide esos posible deseos suyos en resucitar la Santa Inquisición española en Canarias, no estaría bien vista en pleno siglo XXI.

En cuanto a lo del lamentable accidente de aviación en Los Rodeos, observo que carece de información verídica sobre el particular, por ello me permito adjuntarle un informe en torno al  mismo. ¡De nada!

Eduardo P. García Rodríguez (Con “z” y no con “s”)

2010.



1977  Marzo 27.  Tiene lugar la mayor tragedia aérea hasta el momento en la historia de Canarias. Dos aeronaves, un Boeing 747 matrícula PH-BUF de la compañía KLM y otro colisionan en el aeropuerto de Los Rodeos en Chinech (Tenerife).
A finales de marzo, la temporada vacacional de estío estaba en pleno apogeo en las Islas Canarias. El obsoleto sistema de control del transporte aéreo estaba congestionado y no podía asumir todo el tráfico aéreo allí destinado. Además las carencias técnicas en las instalaciones y las humanas eran notables, el aeropuerto de Los Rodeos no estaba preparado para asumir tal volumen de movimiento de aéronaves.
Además el día 27 de marzo la organización independentista a MPAIAC como consecuencia de su campaña de propaganda había explosionado un artefacto de baja potencia y de fabricación casera en el aeropuerto de Gando en Tamaránt (Gran Canaria) por lo que las autoridades coloniales hicieron desviar todo el tráfico aéreo a Los Rodeos; un aeropuerto peor equipado que el de Gando. Circunstancias que fue aprovechada por las autoridades coloniales para responsabilizar a esta organización independentista del trágico accidente, tratando de desviar así la atención de la sociedad canaria y mundial de su propia ineficacia y responsabilidades en el siniestro.
Los dos  aviones desviados eran como hemos dicho dos Boeing 747; uno el vuelo PA1736 de Pan American Airways con 373 turistas, el otro el vuelo KL4805 de KLM con 234 pasajeros.
Ese día la visibilidad en el momento del accidente se había reducido a 500 metros. Debido al tráfico en la plataforma se procedió a utilizar la pista principal como calle de rodadura. El primero sería el Boeing de KLM seguido por el de Pan American. El KLM llegó al extremo de la pista y viró para proceder al despegue, mientras el de Pan American aún correteaba por la pista.
El informe oficial es público. La soberbia del comandante del KLM, que preso de las prisas que imponía el exceso de sus horas de vuelo con la consiguiente pernoctación en Canarias, le obligó a llenar tanques con los pasajeros a bordo; despegar sin el "to go" de la torre de control desoyendo a su copiloto y al ingeniero de vuelo. Amén de otro despiste del copiloto del Pam Am. Salió por la desviación 4, cuando el controlador le dijo perfectamente "3"."3 Señor, one,two, 3".
Para una mejor comprensión del lector ofrecemos una trascripción de las conversaciones entre la torre de control del aeropuerto  y las aeronaves antes del fatal accidente: 
17,00:43,5: Control de Tierra al PAA
Clipper uno siete tres seis, está autorizado a rodar a la pista siguiendo al siete cuatro siete de KLM
17,00:51,1: Segundo de PAA
Clipper uno siete tres.
17,01:19,5: Control de tierra
Clipper uno siete tres seis, deje la pista (...) tres uno (...) a (su, mí) izquierda.
17,01:28,6: Segundo de PAA
Repita, por favor.
17,01:31,6: Control de tierra.
Deje la pista por tercera (a su) izquierda.
17,01:37,7: Segundo de PAA
OK, rodar por la pista y (...) dejar la pista por la primera intersección a la izquierda.
17,01:45,6: Control de tierra.
Negativo. La tercera, la tercera y cambiar a uno uno nueve punto siete.
17,01:51,1: Segundo de PAA
OK, la primera y cambiando a uno diecinueve siete.
17,01:54,2: Comandante de PAA (grabador de voces en cabina)
Esperaremos aquí si nos dejan.
17,01:57,0: Segundo de PAA.
Tenerife, aquí es Clipper uno siete tres seis.
17,02:01,8: Control de aproximación.
Clipper uno siete tres seis, aquí Tenerife.
17,02:03,6: Segundo de PAA.
(...) nos han instruido de contactemos con usted y también que rodemos por la pista ¿es correcto?
17,02:08,4: Aproximación
Afirmativo. Ruede por la pista y (...) salga por tercera, tercera a su izquierda, tercera.
17,02:16,4: Segundo de PAA
Tercera a la izquierda, OK
(Había cierta confusión en la cabina del Pan Am. El comandante aún creía que el controlador había dicho "primera". El segundo dice que lo preguntará de nuevo. No puede hacerlo de inmediato, pues el control de aproximación está siguiendo la partida de vuelo 282 de Sunjet.)
17,02:49,8: Aproximación.
KLM cuatro ocho cero ¿cuántas intersecciones ha pasado ya?
17,02:55,6: Segundo de KLM
Creo que acabamos de pasar Charlie cuatro.
17,02:59,9: Aproximación
Recibido... Al final de la pista gire uno ochenta e informe para la autorización del CTA.
(La tripulación de PAA discute sobre la intersección que debe tomar y no presta mucha atención al tráfico entre el KLM y el control de aproximación).
17,03:14,2: Segundo de KLM.
(...) ¿están las luces centrales de pista disponibles para el cuatro ocho cero cinco?
17,03:19.8: Aproximación.
Espere. No lo creo, señor: No lo creo. Espere. Lo compruebo.
17,03:22,9: Segundo de KLM
OK
17,03:25,0: Aproximación.
Lo están mirando (...) Lo comprobaremos.
17,03:29,3: Segundo de PAA
Quisiera confirmar que se espera que el Clipper uno siete tres seis gire a la izquierda en la tercera intersección.
17,03:36,4: Aproximación.
La tercera, señor. Uno, dos, tres, tercera, la tercera.
17,03:39,2: Segundo de PAA.
Muchísimas gracias.
17,03: 47,6: Aproximación.
(...) er, siete uno tres seis, informe cuando deje la pista.
17,03: 55,0: Segundo de PAA
Clipper uno siete tres seis.
17,04:58,2: Aproximación
(...)... M ocho siete cero cinco y Clipper uno siete... tres seis, para su información, las luces centrales están fuera de servicio.
17,05:05,8: Segundo de KLM
Recibido.
17,05:07,7: Segundo de PAA
Clipper uno siete tres seis.
17,05:44,8: Segundo de KLM
(...) el KLM cuatro ocho cero cinco está dispuesto a despegar y ... (...) esperamos la autorización del CTA
17,05: 53,4: Aproximación
KLM ocho siete cero cinco (...) está autorizado a la baliza Papa. Suba y mantenga nivel de vuelo nueve cero... vire a la derecha después de despegar. Proceda con rumbo cero cuatro cero hasta interceptar el radial tres dos cinco del VOR de Las Palmas.
17,06:09,6: Segundo de KLM
(...) Recibido. Estamos autorizados para (...) la baliza Papa. Nivel de vuelo nueve cero. Virar a la derecha para cero cuatro cero hasta interceptar el tres dos cinco y estamos (...) (despegando) (en depsegue)
17,06:18,5: Aproximación
...K.
17,06:19,3: Comandante de PAA
No (...)...
17,06:20,3: Segundo de PAA
Y el Clipper uno siete tres seis está rodando todavía por la pista.
17,06:25,6: Aproximación.
Recibido, Papa Alfa uno siete tres seis, informe cuando deje la pista.
17,06:29,6: Segundo de PAA.
OK, informaré cuando la haya dejado.
17,06:32,1: Aproximación.
Gracias.
Lo que ahora sigue es la transcripción del grabador de voces en cabina del PAA durante los dieciocho segundos antes de la colisión.
17,06:32,1: Comandante
Aparta el (...) de aquí.... Sal (...) de aquí.
17,06:34,9: Segundo
Sí, parece que ahora ha entrado la prisa.
17,06:36,2: Mecánico
Sí, después de tenernos durante hora y media esta (...)
17,06:38,4: Segundo
Sí, esta (....)
17,06:39,8: Mecánico
Ahora tiene prisa.
17,06:40,6: Comandante
Allí está... Mira ese (...) .... ese (...) se nos viene encima.
17,06:45,9: Segundo
¡Aparta!¡Aparta!¡Aparta!
17,06:48,7 Sonido del claxon de alerta en despegue. Sonido de motores acercándose
17,06:50,1: Ruido de impacto
Lo que sigue es la transcripción del grabador de voces en cabina del KLM desde las 17,06:32,43 hasta la colisión.
17,06:32,4: Voz inidentificada
¿Todavía no ha salido?
17,06:34,1: Comandante
¿Qué dices?
17,06:34,7: Voz inidentificada
¿No ha salido ese Pan American?
17,06:35,7: Comandante.
Sí.
17,06:43,5: Segundo
V1
17,06:47,4: Comandante.
¡Ah! (...)
17,06:49,3: Ruido de impacto.


viernes, 20 de abril de 2012

Estudio histórico documentado de la autonomía de Canarias.


Resumen

A los hijos del Archipiélago Canario.
Ha terminado la batalla: el iris de la paz se extiende por el archipié­lago afortunado, y ya constituyen las siete islas Canarias siete familias unidas por los vínculos del amor, la justicia y el trabajo; y se aprestan a conquistar el puesto a que les da derecho la Historia y la Geografía.
Mi pequeñez no me exime del deber de declarar y publicar verda­des que deben saber todos los hijos de Canarias, para honrar debidamente a los espíritus nobles y generosos que contribuyeron a redimirnos: es más, entiendo que estoy obligado a ello, por circunstancias especiales que me han encadenado al desenvolvimiento de los sucesos.
No es la vanidad, ni la pedantería las que me obligan a hacer estas manifestaciones, sino un sentimiento de justicia y de gratitud, y el dere­cho de legítima defensa de mi persona, que precisamente por su peque­nez, no debo tolerar que se la disminuya más, calificándola de tinerfeña o de acanariada, según cuadró a la prensa de Las Palmas o de Santa Cruz, y dando la callada por respuesta cuando me dirijo a los directores de los pe­riódicos pidiendo rectificación de sus gratuitas afirmaciones.
La batalla se ha librado en toda la línea; los ejércitos beligerantes acumularon durante muchos años poderosos medios ofensivos y defensi­vos en el campo de batalla; y ésta se ha desarrollado hasta en sus más pequeños detalles con toda precisión y claridad; y como ha sido principal­mente con la pluma, no hay peripecia que no esté documentada.
Los términos o extremos de la batalla eran claros y precisos: el Ar­chipiélago canario, sujeto como las demás provincias españolas, a la Ley provincial vigente, era absorbido por la capital provincial, sin que los servi­cios de la organización de la Ley alcanzaran, por su condición insular, a las demás islas del Archipiélago; y Tenerife, al amparo de la Ley, defendía el saneado usufructo del contingente provincial y sus adherencias. Gran Ca­naria, que por su vitalidad creciente, se consideró con fuerzas para romper la coyunda de Santa Cruz, planteó la batalla, invocando su engrandeci­miento, para obtener la creación de una nueva provincia de las tres islas orientales y territorios africanos. Las razones que en pro y en contra se alegaron, se omiten, en honor a la brevedad. Las cinco islas restantes, su­jetas política y económicamente, cada grupo a su cabeza respectiva, care­cían de toda voluntad e iniciativa, y hasta sus corporaciones oficiales no se atrevían a negar sus firmas, para todo lo que se les ordenase. Santa Cruz y Las Palmas eran los dos únicos cerebros directores del Archipiélago; e invocando la misma Ley provincial, ambas deducían, a fuerza de lógica, conclusiones diametralmente opuestas: la primera, que era necesaria la unidad provincial, hasta como base de la unidad nacional; la segunda, que se imponía la división, como base esencial de la vida de las tres islas orien­tales: pero todo sobre la base de la Ley provincial. Las cinco islas restan­tes, que veían iban ganando poco con cambiar de amo, y se exponían a un recargo de impuestos provinciales; los más débiles callaban, por miedo o por la persuasión de su impotencia, y los más fuertes protestaban por con­veniencia.
Ya en 1892, las islas de Lanzarote y Fuerteventura habían experi­mentado un movimiento de aproximación, para obtener representación en la Diputación Provincial, con el fin de realizar sus aspiraciones; pero enca­denada por compromisos a Gran Canaria no pudo realizarlos Lanzarote; y Fuerteventura sólo obtuvo de los políticos y propietarios canarios la contes­tación de «que podían nombrar un diputado provincial hijo de Fuerteventura, siempre que se pusiera a las órdenes de don Fernando de León y Castillo». Hay que decir que el propuesto fue el firmante del presen­te folleto; como también que rechazó la investidura, por considerarla indecorosa, para sí y para su isla, con tal condición.
Pero la solidaridad entre Lanzarote y Fuerteventura fue creciendo al calor de la alta personalidad de don Leandro Fajardo; y ya en 1896 libraron ambas islas unidas la batalla contra los políticos canarios; y por prime­ra vez se sentaron en los escaños de la Diputación Provincial, diputados, conejeros y majoreros, que carecieran de toda clase de compromisos con políticos tinerfeños ni canarios. Pero ¡dolorosa victoria que costó la vida del ídolo de Lanzarote, arrebatada por su asesino la noche misma de la elección!
Durante los cuatro años en que el firmante se honró con la investi­dura provincial adquirió el convencimiento pleno, y así lo comprueba la historia no interrumpida de la Diputación en lo que alcanza la memoria, de que los intereses de cada isla no solamente son distintos, sino hasta opues­tos entre sí, al extremo de no poderse, en justicia, resolver ninguna cues­tión provincial sino cuando interesa a las islas que disponen de la mayoría de la Diputación; pues ésta no se reúne, sino cuando conviene a los políti­cos respectivos. Ejemplos palpables de ello se le ofrecieron repetidos y a cual más notable.
Deseando realizar la aspiración de Lanzarote y Fuerteventura, pro­puso en unión de sus compañeros que la Diputación pidiera al Gobierno la creación del distrito electoral para diputado a Cortes por ambas islas: los diputados por Tenerife se opusieron, como un solo hombre, alegando que era darle un diputado más a Gran Canaria; los políticos canarios se habían opuesto antes, alegando que no podían consentir en la independencia de ambas islas. ¡Y todos reconocían que era legal y justa la pretensión!
Desde 1860, un ilustre hijo de Fuerteventura legó una cantidad para levantar un hospital en aquella isla, cuya cantidad usufructuaba un prote­gido de la política: fue de necesidad que el firmante formara el número quince y estuvieran sin aprobarse los presupuestos provinciales cuatro días, para que soltaran la presa. Se construyó el hospital, y ¡hace diez años que está cerrado, ya sin techo y amenazando ruina; habiendo consignación para montarlo!
En 1898, y por las necesidades de nuestros desastres antillanos, se gravó la industria hullera con un impuesto sobre el carbón, correspondiéndolé a esta provincia 500.000 pesetas: entonces se unieron los diputados por Las Palmas y por Santa Cruz y propusieron a la Diputación que solicita­ra del Gobierno que levantara la contribución de las casas carboneras, y ¡la derramara sobre las siete islas del Archipiélago! Tal monstruosidad no pudo prosperar, porque los diputados rurales formaron bloques con el firmante; y se impidió tal injusticia.
¿A qué seguir? Sería interminable y todos los canarios saben al gra­do de abyección moral, política y administrativa a que se llegó con los pac­tos políticos; los Puertos Francos, etc., etc., que llegó a asquear a los políti­cos honrados de la Metrópoli.
Entonces vio el firmante la imposibilidad de remediar el mal dentro del régimen provincial establecido; constituido, como se hallaba, un cacicazgo, que como grapa de hierro inmovilizaba todo movimiento re­dentor de cada isla; y comprendió que sólo rompiendo la Ley provincial en sus aplicaciones de unidad al Archipiélago, para que cada isla se adminis­trara a sí propia, y que como entidad natural tuviera personalidad legal y política, podía aspirar a su redención.
Pero a la vez comprendió que era punto menos que imposible la realización de este ideal, y convencido de la inutilidad de sus esfuerzos dentro de un organismo hábilmente combinado por el caciquismo, y enra­recido de todo ambiente moral, renunció en marzo de 1900 su acta de di­putado provincial; porque entendió que el hombre que tiene conciencia de lo que debe a su pueblo, y lo que se debe a sí mismo, no puede prestarse, bajo ningún pretexto, a contribuir a envilecer al primero, ni a abyectarse a sí propio, a pesar de lo imperiosas que resultan las necesidades de la natu­raleza humana.
Retirado a su hogar, entrevio un rayo de esperanza, para la realiza­ción de la regeneración de Canarias, con lo que aparentemente más pare­cía negarla; con el resurgimiento divisionista de la isla de Gran Canaria.
Comprendió que la potencialidad económica, cada día creciente, de esta isla no podía resignarse a tolerar la expoliación de una capital inferior en riqueza y porvenir; y aguardó con una paciencia felina durante diez años, en que se realizaron, aunque anticipados, sus cálculos.
En 1906, y con motivo del viaje de S.M. al Archipiélago canario, el Ministro que le acompañó, Sr. Conde de Romanones, actual Presidente del Consejo de Ministros, escribió una memoria, resucitando el viejo pleito de la división de la provincia de Canarias. Esto prendió el fuego de viejos ideales y de nuevas aspiraciones de independencia en Gran Canaria; y como por encanto surge un partido poderoso levantando la bandera de la división de la provincia, sin paliativos ni reformas; literal el programa de los divisionistas de 1850.
Pero los años y la civilización no transcurren en balde; y dentro de la ciudad de Las Palmas, del núcleo divisionista, se levantaron voces de espíritus fuertes, anteponiendo las ideas autonómicas a las ideas divisionistas, iniciando la campaña el valiente periodista Ramírez Doreste, lo que le valió el que las turbas quisieran apedrearle la Redacción de su periódico; pero los partidarios de la división, temerosos de que la falta de unidad en las falanges de las tres islas orientales, pudieran comprometer el éxito de la batalla, se cierran a toda clase de razones y empleando desde el ridículo y la coacción hasta la amenaza, hicieron enmudecer a los espíritus amantes de la libertad y de la justicia. Sólo el partido republicano federal, con su jefe Franchy y Roca a la cabeza, sostuvo gallardamente sus convic­ciones en la prensa y en la tribuna, hasta la terminación de la jornada, en que libró ruda batalla en Madrid, para la aprobación de la Ley.
Y la batalla empezó a desenvolverse en toda la línea: las prensas de las dos capitales pasaron, en temperatura, del cárdeno al rojo, y del rojo al blanco; sosteniendo cada una que la felicidad del archipiélago canario es­taba en administrar una o las dos el contingente provincial de las siete islas: y sostenía, cada una, que peligraba hasta la unidad nacional si no se la dejaba en el pacífico usufructo del producto del trabajo de las demás. Y llovieron paladines de aquende y allende los mares, para defender tan no­bles causas, aunque con finalidades más o menos parlamentarias. Y caye­ron sobre la Villa y Corte numerosas y poderosas comisiones, para conven­cer a los directores de la política nacional de que la regeneración de Cana­nas consistía exclusivamente en que nos administrara sólo Santa Cruz, o ésta y Las Palmas.
Los espíritus fuertes y justos se dan en todos los pueblos; y en Santa Cruz como en Las Palmas, se levantaron amantes de la autonomía, que volvieron por los fueros de la equidad y de la justicia, en defensa de las islas menores. Pero les cupo, aunque no en tanto grado, porque el peligro  era tan inminente, igual suerte que los autonomistas de Las Palmas; los hicieron enmudecer ante la suprema razón del salud populis.
Pero la batalla arrecía con una R.O. del 16 de abril de 1910, en que el Gobierno presenta un cuestionario, que debían contestarlo todas las entidades y corporaciones de Canarias; y los políticos de Santa Cruz vie­ron en peligro su derecho de beato possidenti (bienaventurado el que po­see) y comprendiendo el avance de las doctrinas autonomistas y el efecto favorable que surtiría en las demás islas, empiezan a proclamar las prime­ras doctrinas autonomistas: y su Comisión en Madrid, en julio de 1910, al contestar al Cuestionario dice literalmente:
«Observaciones relativas a una nueva organización de la provincia de Canarias».
«Importa no hacer una excepción de la provincia de Canarias en lo que se refiere a la organización que las leyes han dado a las peninsulares y por ello que se preconice en este trabajo, que debe subsistir la Diputación Provincial conforme lo ha estudiado la Constitución del Estado, como enti­dad representativa de la que se denomina Provincia. Las diferencias que en este sentido traten de establecerse por el influjo de personalidades po­líticas o por disposiciones gubernativas poco estudiadas, serán siempre perturbadoras de la tranquilidad de las islas.

   La Diputación Provincial de Canarias se constituirá con la repre­

sentación de cada uno de los diez partidos judiciales que existen en las

islas en la actualidad; cada uno de los cuales elegirá tres diputados provin­
ciales.

   Ninguna otra alteración se hará respecto al funcionamiento de

la Corporación provincial de Canarias que continuará como lo preceptúa la

Ley. A los ayuntamientos de la islas se les dará aquel realce que deben
tener por su significación y por el importante papel que desempeñan.

   Los Cabildos insulares se establecerán con los prestigios debi­

dos para representar la personalidad de cada isla».
Tales son los organismos que deben existir en Canarias en lo que se relaciona con los asuntos a que se contrae el cuestionario para la informa­ción dispuesta por la R.O. de 16 de abril de 1910.
Las atribuciones y deberes que les asignan a los Cabildos se sinte­tizan en «Rodearlo de todos los prestigios, para que pueda excitar el celo de los Ayuntamientos; pero nada de administrar el contingente provincial».
Los políticos de Las Palmas no se quedaron atrás; y respondiendo a la información ordenada por la R.O. citada de 16 de abril de 1910, concibie­ron y realizaron la idea, única en su género por lo peregrina, de hacer que los treinta y ocho municipios de las tres islas orientales contestaran al cues­tionario presentado por el Gobierno, copiado literalmente uno de otro con puntos y comas, desde la cruz a la fecha.
Entresacamos, por lo extenso, los párrafos principales de la «Orga­nización político-administrativa», que pedían para la nueva provincia:
«El régimen vigente en todo el territorio nacional, con sus ventajas e inconvenientes intrínsecos, que unas serán ampliadas y otros corregidos por el Poder legislativo, en el tiempo y en la medida que impongan la expe­riencia de las necesidades públicas, debe subsistir en Canarias, sin adoptar otro especial que establezca diferenciación, ocasionada a menoscabar la absoluta identificación del territorio insular con el peninsular».
«Dos provincias, con los organismos y Autoridades que les son pro­pios, es la organización más adecuada al modo de ser del Archipiélago».
«Dentro de ella pueden disfrutar las islas de conveniente autono­mía, aplicando con amplio sentido descentralizador la ley Municipal, y es­timulando y formando las asociaciones o mancomunidades de los Ayunta­mientos de cada isla autorizadas por el art. 80 de la propia ley para fines de interés común».Con lo expuesto queda sintetizado el concepto que hasta julio de 1910 tenían los políticos de Santa Cruz y de Las Palmas de la autonomía que necesitaba el Archipiélago canario.
Huelga decir que, como asteroides de los mismos sistemas planetarios, todas las entidades oficiales, de recreo y particulares, reco­rrieron las mismas órbitas, con insignificantes desviaciones.
Entonces entendió el firmante que había llegado el momento de exponer a la faz de