jueves, 8 de marzo de 2012

HISTORIAS INMORALES COLONIALES EN CANARIAS (10)


                                                         Capitulo VII-III

La Inquisición española en Canarias
      
 Chaurero n Eguerew


Segundo auto de fe en Canarias.

El amanecer del 4 de Junio de 1530, fue el día señalado para el segundo auto de fe celebrado en esta colonia, principia­ron las campanas á tañer á muerto, y or­denada la procesión, llevando el estandarte de la fe el Fiscal Fullana, y la Cruz el prior de Santo Domingo, fueron saliendo los reos, custodiados por el alguacil mayor, empleo que desempeñaba el noble caballero D. Bernardino de Sanabria Camargo, auxiliado por una falange de Familiares.

Llegados al tablado, y colocados todos en sus respectivos asientos, se predicó un sermón alusivo á las circunstancias, y se le­yeron las causas de los sentenciados, subien­do cada uno, con sus insignias, al banqui­llo que les estaba preparado, de donde podían ser vistos de la concurrencia.

Descollaban en primer término seis esta­tuas de cartón, representando seis esclavos de Berbería, quienes, después de haber sido cautivados y reducidos á servidumbre, se les había catequizado y recibido en el gremio de la Iglesia católica; pero que, no contentos al pare­cer con su nueva vida, ni con la religión que se les había impuesto, se decidieron á volver á sus desiertos arenales, y continuar allí sus diarias abluciones, para realizar su proyecto, se apodera­ron de una barca, surta en el puerto de las Metas, y se embarcaron, perdiéndose en la travesía, y pereciendo todos ahogados, se­gún resulta de su proceso.

Más, no por haber muerto escaparon los moriscos de las llamas inquisitoriales.

Para esos casos se había establecido una jurispru­dencia-, que no tenía precedentes en ningún Tribunal. La estatua del condenado salía al auto, vestida con las insignias que le cor­respondían, y era entregada á la justicia, para ser quemada en lugar del reo. Des­ahogo que seria ridículo, sino encerrara en sí tan sangrienta venganza.

Además de estos reos, había otro, llama­do Juan de Tarifa, quien, menos afortunado que aquellos, no pudo escapar de la cárcel, donde ya le tenían preso Este era, natural de Sevilla, y residente en Canaria, merca­der, hijo de Diego de Tarifa, converso, y de Catalina López, reconciliada. De creer es, que no viendo medio de salvarse, y no que­riendo sufrir la pena que le aguardaba, encontró medios de darse la muerte en su calabozo, ahorcándose el mismo de una viga, como en efecto así lo ejecutó. Sus huesos permanecieron en depósito, esperando el fa­llo de su proceso; y cuando se mandó que fuese relajado, su cadáver, encerrado en un ataúd, fue entregado también al brazo se­glar, y consumido por la hoguera, en com­pañía de su estatua. En la sentencia se pre­vino asimismo, que sus bienes fuesen con­fiscados de cuarenta años atrás; y sus hijos por la línea masculina, hasta el segundo grado y por la femenina hasta el primero inclusive, declarados inhábiles, y privados de oficio.

Fueron penitenciadas las siguientes: María, vecina de la isla de Tenerife en la Laguna, á quien se dio tormento, y decla­ró ser judaizante; Pedro Hernández, de la misma vecindad, que abjuró de vehementi por varias y gra­ves palabras hereticales;  Juan, cristiano nuevo de moro, vecino de Telde; Bartolomé Pires, también cristiano nuevo de moro y Pedrianes, herrero, vecinos ambos de Canaria. (Millares Torres, A. 1981:97-102)

Todos los que se veían amenazados con la hoguera, abjuraban inmediatamente de sus errores, y prometían reconciliarse con la Iglesia católica. ¡Beneficio incalculable debido sin duda á los penosos trabajos del Santo Tri­bunal!

Es verdad que esas conversiones, des­pués del tormento y el azote, y ante la ame­naza del fuego, no eran en sí mismas muy edificantes; pero de todos modos, la mala se­milla se arrancaban; y los reconciliados, con­denados todos á penas infamantes, inhábi­les para ejercer toda clase de oficios, despo­jados de sus bienes, desterrados, ó encarcela­dos por toda la vida en inmundos calabo­zos, no podían pervertir con su ejemplo a los buenos católicos.

Tercer auto de fe

El auto se dispuso y tuvo lugar, el sábado 23 de Mayo de 1534, en la misma plaza mayor de Santa Ana, y delante de la Igle­sia Catedral, en un hermoso tablado, que se levantó con ese objeto.

El contingente de los relapsos lo sumi­nistró la secta judaica, aunque con la pe­queña diferencia, de que la Inquisición solo pudo quemar sus estatuas. Los nombres de estos nuevos herejes eran: Duarte González, conocido por Francisco Ramos, zapatero, vecino de la Palma, y cristiano nuevo de judío, y Duarte Pereza, de la propia vecindad, por la misma causa. Ambos fueron relajados al brazo seglar, y quemadas sus estatuas, con las accesorias de confiscación de bienes, é inhabilitación perpetua á sus descendientes.

Los reconciliados fueron: Andrés, esclavo de Bernardino Justiniani, vecino de  Tenerife, Antón, esclavo de Hernando de Jerez, vecino de Canaria, Ana de Salazar, vecina de Lanzarote, Ana, de la misma vecindad, Alonso de Lugo o de la Seda, vecino de Lanzarote, Alonso, esclavo de Pedro de Cabrera, vecino de Lanzarote, Antonio, esclavo de Ruiz Leme, vecino de Lanzarote, Diego, esclavo de Juan de Alarcón,  Dean de Canaria, Diego Alonso o Muca, vecino de Lan­zarote. Francisco, esclavo del pertiguero Andrés de Medina, vecino de Canaria, Felipe, indio, esclavo de Francisco Sán­chez de los Palacios, vecino de Canaria, Francisco Bujama u Ortega, vecino de Lanzarote, Gonzalo Baez. vecino de Galdar. Jorge, esclavo de Juan Hernández, cer­rajero, vecino de Canaria, Juan de AI faro, esclavo del  Licenciado Alfaro, vecino de Tenerife, Juan de. Palomares, esclavo de Diego Felipe, vecino de Lanzarote. Juan, negro, esclavo de Hernando Magader, vecino de Lanzarote, Juan, esclavo de Adán Acedo, vecino de Gáldar, Juana, mujer de Juan Jansen, vecina de Langarote, luis Deniz de Solazar, por otro nombre, Alí Bojador, vecino de Lanzarote, Luis Perdomo, vecino de Lannzarote. Luis, esclavo de Juan Perdomo, vecino de Lanzarote, Pedro Berrugo ó sea Pedro Cabrera, ve­cino de Lanzarote, Pedro, esclavo de Juan Perdomo, veci­no de Lanzarote, Pedro, negro esclavo, del mismo Juan Perdomo y de la propia vecindad.

Estos fueron los veinte y siete reos, que según la relación que se conserva de este auto, pe presentaron en él á sufrir las penas A que fueron condenados. (Millares Torres. A. 1981)

Después del ejemplar y cristiano tercer auto de fe del 23 de mayo de 1534, los herejes cesaron de turbar la con­ciencia de los fieles católicos; una escrupulosidad mi­nuciosa presidió á todos los actos externos dedevoción, aun en aquellas familias, que por su acrisolada piedad, podían inspirar menos recelos á la inquisición; y en todas las Islas reinó una ortodoxia tan completa, que el Cabildo eclesiástico, teniendo en cuenta que D. Luís de Padilla no asistía- al co­ro, y siendo notorio que en el Sanio Oficio no había que hacer•, por cuya razón tanto al dicho Inquisidor como á los dichos oficia/es se  les ha­bía quitado el salario, se acordó notificarle ganase las horas canónicas.  

Esta notable circunstancia de habérseles quitado el salario debió influir muy poderosamente en el animo de D. Luís y de sus subalternos. Su celo adquirió duplicada energía, y su vista se hizo más penetrante y escudriñadora, un proceso de nuevo género, pero que también contribuyó á la edificación de los fieles, turbó por entonces la plácida quietud de Las Palmas.

La Catedral estaba en posesión, como otras Catedrales de España, del derecho de dar asilo á los criminales, que en su recinto se refugiaban. Los Canónigos eran muy ce­losos de conservar esta inapreciable prerrogativa, que les servia para sobreponerse en ciertas ocasiones al poder civil. Fue, pues, el caso, que el Gobernador de Canaria, D. Bernurdino de Ledesma, se había atrevido á quebrantar la inmunidad de la Iglesia, introduciéndose en ella, y sacando á Viva fuerza á un mozo llamado Pedro Fuensalida, procesado por un delito común, á quien hizo que el verdugo le cortase luego la mano.

Tan violento proceder no podía quedar sin correctivo. El Provisor y vicario gene­ral, de acuerdo con el Cabildo, excomulgó al Gobernador con todas las ceremonias pro­pias del ritual; y el Sr. Ledesma se vio pri­vado, no solo de ejercer su empleo, sino de tener comunicaciones y trato con la pobla­ción, de entrar en la iglesia, de oír misa, de recibir los sacramentos, y en fin, de ser un súbdito católico español, y hasta un hom­bre cualquiera. En efecto, el excomulgado de entonces era un hombre apestado, del que todos huían y se apartaban con horror, te­miendo contaminarse con su lepra heretical.

El pobre Gobernador, viendo las fata­les consecuencias de su imprudente conducta, bajó la cabeza, y fue á postrarse é los pies del Provisor, quien lleno de indulgen­cia, le perdonó, imponiéndole una pena pecuniaria, y obligándole en día feriado á hacer penitencia pública á las puertas de la Catedral; penitencia cumplida por Ledesma con humilde contrición, á presencia del pueblo, que suspenso y maravillado, con­templaba á la orgullosa potestad civil, ba­jo el irresistible poder de la autoridad ecle­siástica.  (Millares Torres. A. 1981)

Diverso era el espectáculo; pero todo provenía del mismo origen, y su efecto mo­ral era el mismo.

Cuarto auto de fe

Tu­vo lugar en 15 57, hubo diez y siete relap­sos, de los cuales quince eran moriscos.

A los veinte y tres años del tercer auto se resolvió, al fin D, Luís de Padilla á ce­lebrar   el cuarto, aunque siempre con el dis­gusto de no poder ofrecer á los verdaderos fieles el espectáculo de un hereje, quemado vivo en la hoguera.

Los diez y siete relapsos habían encon­trado medio de escapar, y solo quedaba el recurso de quemar su efigie, en estatua. Re­curso elocuente, pero ineficaz, para infundir un saludable espanto en las almas.

Sea como fuere, el viejo Inquisidor no quiso demorar por más tiempo la piadosa ceremonia, y en el dicho año de 1557, cele­bró, con el ceremonial que ya hemos sucin­tamente descrito, un nuevo auto de fe, en el que aparecieron las estatuas de los diez y siete relajados, cuyos nombres, según re­sulta de la relación de sus causas, y de sus Sambenitos, son los que á continuación co­piamos: Agustín Hernández-, guanche,  vecino de Tenerife; Andrés Suarez, morisco, vecino de Ca­naria; Francisco  Martin, morisco,   natural  de Canaria; Hernando de  Betancort, morisco, natural de Canaria; Juan Pacheco, morisco, natural de Cana­ria; Juan de Lugo, morisco, natural de Cana­ria; Juan Bautista, morisco, natural de Cana­ria; Juan   de Casañas, morisco,   arcabucero, vecino de Canaria; Juan de Lew, Garbanzero, morisco, vecino de Canaria. Juan, morisco, criado de Carrasco, veci­no de Canaria. Juan Berriel, morisco, vecino de Cana­ria; Julián Cornidis Vandik, flamenco, vecino de la Palma; Luis Hernández, morisco, vecino de Ca­naria; Pedro Tfjina, de Gáldar, morisco, vecino de Canaria; Miguel de Vergara, morisco, vecino de Canaria; Pedro Borrara, morisco, vecino de Ca­naria; Pedro de Salinas, morisco, vecino de Ca­naria.

Todos estos reos fueron condenados, se­gún decía su sentencia, por sectarios de Afahoma, excepto el flamenco, que lo fue por la herejía de Latero; y como no estaban presentes, sus estatuas se entregaron al bra­zo seglar, para que, arrojadas en la ho­guera, las consumiese el fuego.

Pocos eran también los reconciliados, que en ese auto salieron á la vergüenza pu­blica, siendo sus nombres: Francisco de Valera, vecino de Canaria: Juan Afonso, cristiano nuevo de moro, vecino de la Palma; Miguel González, cristiano nuevo de moro, vecino de Daute en Tenerife; Pedro, morisco, esclavo de Cebrian de Torres, vecino de Canaria.

Excepto Miguel González, que se le pro­cesó por la secta de Calvino, los demás lo fueron por seguir también la religión de Mahoma.

No tenemos de este auto más noticias; aunque es de suponer hubiese un número mayor de penitenciados, porque éstos eran los reos condenados á penas inferiores.

Dos años después, en Noviembre de 1559, el Sr. Inquisidor, en premio de sus buenos servicios, fue promovido á la Dignidad de Deán de la Catedral de Canarias, de que to­mó posesión el once del mismo mes. (Millares Torres A. 1981)

Continuará:

Octubre de 2009


sábado, 25 de febrero de 2012

La supuesta Victoria de Acentejo


CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD COMETIDOS EN CANARIAS (XII)

Chaurero n Eguere


INVASIÓN, SAQUEO Y OCUPACIÓN DE LA ISLA CHINECH – TENERIFE (VII)
 
 Otra falacia histórica colonial: La supuesta Victoria de Acentejo
 
“Una mentira mil veces repetida se transforma en una verdad”
Joseph Goebbels.
 
En ocasiones no es fácil para un cristiano creyente fervoroso rayando en el fanatismo, aún cuando este creyente esté dotado de cierta capacidad intelectual, el asumir que su dios no siempre actúa conforme a sus deseos y rogativas, experimentando quizás en sus fuero más interno cierta sensación de sentirse estafado, especialmente cuando estando auto convencido de  que su causa es la única justa, creyendo interpretar los deseos de un dios del cual además se auto titula representante, aunque como es natural no medie una designación directa de la divinidad. Es por ello, que el creyente-fanático no puede asumir que sus deseos y propósitos se puedan ver truncados por un grupo de para él despreciables infieles. Es probable que estos sentimientos perturbaran el espíritu del dominico fray Alonso de Espinosa, cuando recorría la isla Chinech recabando información de guanches y invasores colonos para su proyecto de documentar una serie de supuestos milagros, voluntariamente atribuidos a la virgen de Candelaria. Estas indagaciones y su desmesurada imaginación le condujeron a ser huéspedes de la “santa” Inquisición en Tamaránt por querer hacerse pasar por miembro de tan “santo” tribunal.
 
Cuando el buen dominico recogió la información de la batalla de Acentejo, donde perecieron más de dos mil cristianos a manos de los tabores de infieles guanches, su ego de cristiano y andaluz se negaría a aceptar que su dios les sometiera a prueba tan dura.
 
Quizás, sobreponiéndose a su decepción, decidió salvar el “honor” de aquellos cristianos invasores esclavistas creando una leyenda, materia en la que, además, eran expertos en su orden. Así, de la imaginativa mente del fraile surge el mito de la supuesta segunda batalla de Acentejo. Como es sabido, los mitos son relatos que pretenden dar modelos de actuación. Los mitos se imponen como relatos llenos de autoridad pero sin justificación; se apela, emotivamente, a que las cosas han sido así. Mito este de la segunda batalla que fue seguido y sostenido por cronistas e historiadores posteriores, que han antepuesto una visión bucólica poética a la vez que revanchista de la creación literaria de Espinosa, a un análisis crítico del mito en cuestión, porque  cuanto más viejo es un mito, más solera tiene y más a gusto se consume. El creyente apenas se para a pensar en todas las fantasías que se hayan podido añadir durante los siglos en que estuvo vigente.  En la dimensión espiritual del hombre pesa más la tradición que la lógica más sensata. Y cuanto más fantasioso es un mito, más atractivo resulta. 
 
Pero antes de continuar con la invención del fraile con el mito de la supuesta segunda batalla de Acentejo, permítame el posible lector que reproduzca dos artículos tomados de la obra de Espinosa, Historia…, uno relativo a las “procesiones  angelicales” y el otro de los “milagros” de la virgen de Candelaria. Hay que tener en cuenta que el fraile no nos está hablando de manera poética o figurada, son afirmaciones rotundas y, según él, incuestionables:

“De las procesiones que en aquellos tiempos hacían los ángeles por la playa de Candelaria"

Aunque, estando la santa imagen de Candelaria en Chinguaro en la casa del rey de Güímar, o en la cuevecita junto a ella, donde muchos años estuvo, habían los naturales guan­ches oído muchas veces armonía del cielo y músicas celes­tiales,[1] y visto muchas lumbres encendidas a modo de proce­sión, no eran tan ordinarias como lo fueron después que pa­saron la santa reliquia a la cueva de San Blas.

Que como ya los guanches tenían más opinión y cono­cimiento de quién ella era, así ella obraba más a menudo cosas, con que los confirmaba en su opinión y los atraía a su devoción.

Eran las procesiones que los ángeles hacían así por la playa, donde la santa imagen estaba, como por la del Soco­rro, donde apareció, muy ordinarias, así de noche como de día, con mucha solemnidad, gran armonía y música de voces suavísimas, con muchedumbre de compañía que, con velas encendidas, puestas en orden y concierto, hacían su proceión, desde la ermita que llaman de Santiago hasta la cueva de San Blas, por toda la playa, que es larga; y esto era tan ordinario, que ya no lo extrañaban los naturales.
 
En la playa que dicen de Abona, que será cuatro leguas désta de Candelaria, hacia la Montaña Roja, se veían también ordinariamente estas procesiones, principalmente por la fies­ta de la Asunción de Nuestra Señora; y esto es tanta verdad, que ahora, en estos tiempos, personas que las han visto se van a la dicha playa y hallan velas de cera acabadas de apa­gar, y algunos las han hallado encendidas y pegadas a los riscos y me enseñaron el lugar y yo lo vide. Y así en esta pla­ya, como en la de Candelaria, se halla por la orilla de la mar gran cantidad de gotas de cera que de las procesiones que los ángeles hacen en honra de la Candelaria gotean, y yo doy fe que las he hallado y visto, y las tengo en mi poder, y oído a oíros muchos lo propio.
 
Las candelas o velas que en estas playas se hallan, no son muy blancas, mas el pabilo no se deja entender de qué sea, porque ni es estopa ni algodón, antes en alguna mane­ra parece de seda blanca torcida. Lo que toca a estas proce­siones, que después acá que la isla es de cristianos, se han visto, adelante, cuando tratemos de los milagros, se hará mención dellas más particular. (Espinosa, 1980:64-66)
 
“De cómo Nuestra Señora de Candelaria libró un navío que iba para Indias de sus enemigos
Son tantos los milagros que esta Señora hace por los mareantes, que de solos ellos se pudiera hacer larga historia. Y de éstos son patentes indicios los muchos cabos y maro­mas de que las paredes de la iglesia están adornadas; que navegando navíos con grandes tempestades y llamando a Nuestra Señora de Candelaria, han sido por ella socorridos visiblemente, viéndola en el mástil mayor o en la popa de los navíos. Y de muchos que se cuentan y refieren diré al­gunos que he averiguado y comprobado.

Viniendo de España para Indias un navío de españoles con próspero viento, en el golfo de las Yeguas, que es cerca de estas islas de Canarias, toparon un navío francés, que les vino siguiendo tres días y tres noches; al cabo de los cuales habiéndoles ganado el barlovento, vino un martes en la tar­de a ponérseles a tiro de cañón. Y como los españoles venían sin armas ofensivas ni defensivas, y el enemigo hecho un reloj, perdiendo la esperanza de escapar de sus manos, a persuasión del maestro del navío, que tenía noticias de los milagros que Nuestra Señora hace por los que se le enco­miendan y en sus necesidades la invocan, con fe se enco­mendaron todos a esta Señora, prometiendo de ir en romería a su bendita casa.
 
El navío francés les comenzó a bombardear. Estando ya casi barloado con ellos, espantable caso: todas las bombas que daban en el navío español, como si ellas fueran de cera y el navío de bronce o metal, resurgían hechas pasta, sin ha­cer daño alguno; y muchas balas, así de los esmeriles y pie­zas que tiraban como de los mosquetes y escopetas, daban a los hombres en los pechos y otras partes, y caían a sus pies sin hacerles daño alguno. Y en particular dio una bala a los del navío español a uno en la muñeca del brazo, donde traía unas cuentas de reumas, y quebrándole una de ellas, no le hizo otro mal.
 
Viendo, pues, los del navío tan manifiesto milagro, die­ron voces a Nuestra Señora de Candelaria y volvieron sobre el navío francés, para barloar con él. Más los franceses cobra­ron tanto temor y miedo que, no osando esperar a los que tenían rendidos y acobardados, dieron a huir por el espacio­so mar, quedando los españoles libres y vencedores; desde donde vinieron al puerto de Santa Cruz, para venir a dar gra­cias a quien les había librado tan patentemente y con tanta honra.
 
Sucedió un admirable caso en este mismo día y en esta misma hora en que aconteció este milagro, que no permitió esta Señora que los religiosos que en su casa la sirven, ni los romeros que en ella estaban, que eran muchos, quedasen en ayunos de este consuelo y milagro; porque a prima noche oyeron todos tocarse las campanillas del coro que se suelen tañer al alzar; y esto por gran rato y espacio. Y yendo todos a ver lo que era (por ser cosa inusitada tocarse a aquellas horas), no hallaron persona alguna que tocarles pudiese. Y en­trando en la iglesia, estaba tan clara como si fuera a medio día. Y luego entendieron todos denotar aquello algún mila­gro que la Reina de los ángeles entonces hubiese hecho; y así notaron el día y la hora. Y de hoy a ocho días vinieron diez y nueve hombres del navío arriba dicho descalzos y en romería, uno de los cuales era don Gabriel de Montalvo, que con muchas lágrimas contaron todo lo sucedido. Este milagro está comprobado.” (Espinosa, 1980:164-166)
 
Y así,  ¡hasta cincuenta y seis “milagros” más! Juzgue el posible lector por sí mismo, pues bien, “fundamentados” documentos como los presentes han sido seguidos ciegamente por determinados intelectuales con patente de corso en la Historia de Canarias, creando una especie de “bola de nieve” en torno a determinados pasajes de nuestra historial colonial hasta el punto que es difícil dilucidar que contienen de verdad y cuanto de montaje mal intencionado, pero eso sí, desde un óptica  “culta” es decir, colonial.
 
El abogado e investigador canario Antonio Cubillo Ferreira, en un interesante artículo relacionado con la supuesta segunda batalla de Acentejo y haciéndose eco de una  investigación sobre el tema realizada por el historiador Eduardo Espinosa nos dice:

“Mi estimado amigo, ya fallecido, natural de Ycod de los Vinos, Eduardo Espinosa de los Monteros y Moas, después de muchos años de investigación y análisis de textos antiguos de la conquista y las datas notariales, escribió un magnífico opúsculo con él títuló de “El real de Ycoden y el postrero de la conquista”, en el cual, con todo lujo de detalles, se analizan los hechos históricos y documentos para demostrar que nunca existió esa “victoria de Asentejo”, inventada por los españoles. El montaje histórico, nos dice Eduardo, surge de una invención fabricada por el monje dominico fray Alonso de Espinosa”, y continúa el Sr. Cubillo: “dice, que después de la batalla de Aguere marchó Alonso de Lugo con el ejército a La Orotava, sin que los guanches se opusieran a su acción, “hasta assentar su real en el lugar del que se denominó Realejo en el término de Taoro”, y que desde aquí hicieron correrías las tropas conquistadoras hasta que los guanches presentaron la batalla en un lugar de Acentejo cercano al otro donde había sido la primera, siendo vencidos y muertos la mayor parte de ellos y cantada la victoria por sus enemigos después de haber peleado la mayor parte del día. Según el fraile dominico, los guanches desplegaron sus tropas ante las de los españoles, provocando el combate en campo abierto, en el mismo sitio donde los habían derrotado en Asentejo. Esto no es un hecho real sino una historia fabricada por el fraile. 

El historiador icodense da una cita del monje que dice: “Marchó su campo la vía de la Orotava , con mejor suceso que la vez primera, sin hallar mucha resistencia, aunque alguna, hasta asentar su real en el lugar que se denominó Realejo”. Eso quiere decir que no hubo ninguna acción bélica entre Aguere y Taoro.”

La historiografía y las fuentes archivísticas canarias nos trasmite interesantes y pormenorizados detalles de batallas y escaramuzas sostenidas entre los invasores europeos y nuestros ancestros. Por ejemplo, la batalla de Ofra donde Maldonado y Saavedra perdieron 200 mercenarios muertos en el combate; Acentejo donde murieron más de 2.000 milites, la batalla de Aguere favorable a los invasores, escaramuzas como la de Las Pañuelas, Abikure en Anaga, las de Icod, Adeje etc. No es comprensible que la supuesta segunda batalla de Acentejo, con la magnitud que le atribuye el frayle Espinosa y sus seguidores,  no haya dejado mas huella documental que el relato-ficción del dominico.

Interesado en esta cuestión, he indagado en las fuentes por si pudiera existir algún resquicio que pudiera dar algún viso de credibilidad al relato de Espinosa, pero mi esfuerzo resultó inútil en tal sentido.
 
Isabel Fuentes Rebollo  (1501-1510)=        168 documentos.
Datas de Tenerife, libros I al IV =              1884        “
Datas de Tenerife libro V =                          146        “
Antonio Rumeu de Armas =                          50        “
Eduardo Azanar Vallejo  (1476-1515) =    1203       “
Eduardo Aznar Et. Al.  (1518-1525)  =       658        “
             
Total documentos consultados =               4.109.
 
Todos estos documentos correspondientes al archivo principal de la Corona de Castilla, el de Simancas y en una de sus secciones más interesantes el Registro General del Sello (exceptuado las Datas), han sido reproducidos íntegramente o extractados por autores de reconocida solvencia académica. En ninguno de ellos se hace la menor referencia a la supuesta segunda batalla de Acentejo. Hecho que de haber tenido lugar, tal como nos los presentan determinados elucubradores, es prácticamente imposible que no estuviese reflejado en las fuentes documentales. Antonio Cedeño militi, que vino a la conquista de Tanaránt con Juan Rejón y que participó en la invasión de Chinech, escribió una crónica de la conquista Breve resumen e historia muy verdadera de la conquista de Canaria, no recoge la supuesta segunda batalla de Acentejo. Otro criollo e historiador, el médico Tomás Marín de Cubas, no hace mención a dicha batalla.
 
Curiosamente, este supuesto hecho de armas tampoco es mencionado por los dos cronistas españoles mejor informados de la época, Bernáldez y el Cura de los Palacios.
 
Desde mi punto de vista, lo que el fraile tomó por una batalla, fue una de las tantas correrías que habitualmente realizaban los invasores para la captura de esclavos o ganados, recogida por transmisión oral, la que dio pie a Espinosa para urdir su hiperbólica segunda batalla de Acentejo: 
 
“…Iba en van­guardia de esta expedición el mismo Lope Fer­nández de la Guerra , quien, deseoso de penetrar en el famoso distrito, se adelantó solo hasta el lugar donde está hoy el caserío de Santa Úr­sula; pero, al llegar allí, le salieron de impro­viso al encuentro y le acometieron, dando horroro­sos silbos, veinte guanches que estaban en ace­cho tras unos matorrales.
 
Como el sitio no era favorable para la de­fensa, retrocedió Lope, saliendo a escape sobre su caballo hasta que, entrando en un llano donde podía manejar sus armas, retrocedió, y hacien­do frente a los isleños que de cerca le perseguían, mató seis con su lanza, ahuyentando a los demás, entre los cuales quedó uno prisionero bajo los pies del caballo”. (A. Millares Torres)
 
En este encuentro murió luchando valientemente Badamoheí, infante de la casa real de Tacoronte.
 
Entre  las Datas de repartimiento de las tierras usurpadas, existe una que considero de interés por los datos que aporta, un pino con seguridad el Pino Santo de la actual Victoria, un barranco primero como vamos a La Laguna, actual Barranco de Cabrera, por consiguiente las tierras concedidas a Juan Benítez por esta data forman parte de  los municipios de La Matanza y La Victoria:

1.356-26.—Juan Benítez. Como a v° e conquistador q. fuistes destas islas y por los muchos trabajos q. en estas conquistas hovistes os do., un pedazo de tas. de s. q. son en Asentejo para sembrar pan, las cuales dhas. tas. habéis de echar la linde desde un pino q. está “en hante de la ranbla honda estuvimos el día del desbarato de Asentejo” y ha de venir la linde dende aquel pino atravesando fasta un barranco primero como vamos a La Laguna y dende este linde hasta la montaña, os do las dhas. tas. q. han por linderos la rambla honda hasta la montaña y de la otra parte de abajo está dha. linde y del otro lado el barranquillo suso dende están unos barecos como vamos a La Laguna y de la otra parte de arriba la montaña. Digo q. vos do 250 f . 10-111-1502.

Si en dicho término hubiese tenido lugar la pretendida segunda batalla de Acentejo, es lógico y dado la especial idiosincrasia de los invasores que en lugar de recoger en el documento como referencia del lugar la expresión “estuvimos el día del desbarato de Asentejo”, con toda seguridad hubiesen empleado la de: “estuvimos el día del desbarato de los guanches”, terminología más apropiada de haber existido tal batalla y recogida documentalmente para eventos similares.

En cuanto al topónimo La Victoria de Acentejo, es cuando menos lamentable que organismos oficiales se presten de manera consiente a un continuo ejercicio de pleitesía en su acepción como capitulación, rendición, sometimiento a los poderes coloniales, y que además se encuentran cómodos con la situación heredada, siendo incapaces de indagar en los fundamentos históricos de su  existencia.

Uno no puede dejar de sentir vergüenza ajena cuando lee textos como el siguiente:

“ La Victoria de Acentejo es uno de los pueblos más notables en la historia de Canarias.

Debe su nombre al grito de ¡Victoria! que dieron los castellanos en la batalla que les otorgó la Conquista de la isla de Tenerife el 25 de diciembre de 1495. En honor a este hecho se celebró una misa junto al Pino, que pervive como símbolo del municipio y se   prometió levantar una ermita en el lugar donde hoy se alza el templo parroquial, lo que inició el asentamiento de los primeros pobladores.”

En ocasiones los lugares toman el nombre de determinados hechos notables ocurridos en los mismos, que permanecen en la memoria de los coetáneos y es trasmitida a las sucesivas generaciones lo cual acaba siendo reflejado en la documentación de cada momento, bien por normativas administrativas, testamentos, documentos de compra-venta etc.
 
Un de las fuentes más fiables, por la proximidad a los hechos de la invasión de la isla, son las datas o cédulas de repartimiento de las tierras usurpadas, en este caso las relativas al Achimenceyato de Acentejo.
 
De las 53 datas de repartimiento fechadas entre 1497 y 1522, que recogen el topónimo Acentejo, ninguna de ellas menciona a La Victoria de Acentejo, prueba evidente de que en el lugar no se produjo ningún acontecimiento con la suficiente entidad como para que fuese conservado por la memoria popular o por decisión de los estamentos gobernante, en cambio el topónimo La Matanza de Acentejo está recogido en cinco de ellas y documentado desde 1497, para una mayor inteligencia del posible lector reproducimos dichas datas:
 
22.—Juan Rodrigues de Gamonales en mi nonbre y nonbre de Miguel de Plasencia suplico a V. M. q. por quanto avernos fama de servir a V. M. y ser vs.... unas tas. q. están dondescendiendo la Matanca de Acentejo la primera rambla fasta la otra de los Charcos q. alinda con Baeca y sus compañeros e por quanto no es mucho para nosotros suplicamos a V. M. nos la mande firmar q. en esto ganará V. M. vassallos y será servicio a Dios. 30-VIII-1491 (?).
 
662-3.—Diego Mancanufyo. «Yo Alonso de Lugo, governador de las islas de Tenerife y San Miguel de la Palma, do a vos D. M. unas tas. q. son sobre el ruoque junto con las montañetas de la Matanca y fasta las cuevas questán en barranco de la Matanca y las cuevas questán sobre el roque y otras q. son mías y de Juan Delgado questán en el barranco de Fanfan cerca de la ta. de Ygoymad porq. así q. vos las do vos do este alvalá firmado de mi nombre fecho xx días de mes de otubre de xc y siete años y estas cuevas questán sobre el roque son para mí y Pero García. Dénsele 3 c. de senbradura donde demanda. Alonso de Lugo». 20-X-1497. [Tras­lado adjunto, de J. López de Acoca, escribano mayor].

818-60.—Rodrigo Yanes. Tas. para q. son en Agentejo abajo de la Matanca pasando el charco del agua aliende de un ba­rranco seco, en el mismo lomo donde ya vos he dado otro peda­zo de tas., demás de lo dado os hago merced de otras 5 c. Le da 3 c. 27-111-1503.

1.242-25.—Fernando Días, v°. Un pedazo de ta. monte q. es en Acentejo, abajo de La Matanca, linderos el barranco y tas. de Pedro de Agreda y de la otra parte la montaña y malpaís, la cual ta. va por el lomo abajo hasta la mar, en q. puede haber 3 c. para sembrar. 6-VI-1509.

712-63.—Pedro Vizcaíno. «Beso las manos de V. M. a la cual plega saber en como en las Matancas están unas cuevas mías q. V. M. me mandó dar y un pedazo de ta. cabe las cuevas». Le sean dadas las tas. y cuevas. Alonso de Lugo. S. f.
Por otra parte, el Cabildo de los colonos en su sesión de 25 de julio 1508 dispone los lugares donde han de tener lugar la mesta, situándola de esta manera:

“Están de la Punta haza en todos los términos de Taoro y hirán a hazer mesta al avchón del Rey al Ryo quando se apregonare que será el lunes prime­ro que vyene, so pena de dc mrs. para el reparo de los caminos desta ysla; e los que están de la Matanza a este cabo, hasta el arroyo de Guavonje, que se entiende donde mataren a Sordillán, quando los llamaren vayan todos a fazer su mesta a la cruz que es camino de Taoro; e los que están desde el arroyo hasta todo el término de Tegueste vayan con sus ganados a hazer mesta al arroyo del agua de Tegueste, al Paso Baxo; e los otros que están en todo el término de Anaga se junten para quando los llamaren en el arroyo que está a la cabezada de todo el arroyo de Tegueste; e los que están en Heneto se junten en Taco, en la montaña, para hazer mesta; e todos los otros ganados que sean en todo el término de Guymar con la montaña se junten todos a las Syete Huentes del señor Governador, e que ninguna persona non sea osado de dexar de mesta ninguna res, so pena que el que se le provare qe lo demandarán por de hurto e sy fuere guanche que le serán dados cientaçotes.” (Acuerdos Cabildo de Tenerife, 1508, fol. 8v.)

Este texto nos indica que en la época el término de La Matanza abarcaba toda la comarca de Acentejo con los mismos límites del achimenceyato del mismo nombre que en tiempos de la invasión estaba gobernado por Chimenchia-Tinguaro, hermano del gran Kebehi Benchomo. Dicho territorio lo ocupa los actuales municipios de La Matanza , La Victoria y Santa Úrsula, poblaciones estas dos últimas que en aquellos momentos no debían ser significativas puesto que no son reseñadas en la documentación  de aquel tiempo.

No es comprensible, según las tácticas militares de la época, que los invasores pusieran en marcha todo su ejército de mercenarios en pleno apogeo de la estación invernal, y mucho menos que después de haber obtenido la supuesta victoria nada menos que sobre 5.000 guanches, según algunos sesudos historiadores, dieran contra marcha regresando al campamento de Añazu, en lugar de ocupar el apetecido menceyato de Tahoro.

La realidad es que por esas fechas las tropas invasoras estaban acuarteladas invernando en Añazu y con graves problemas de mantenimientos, por lo que de vez en cuando algunos destacamentos hacían cabalgadas a la rapiña de ganado, mientras tanto, dejaban que la epidemia de modorra hiciera sus estragos y, posiblemente reenvenenando los acuíferos. Así estuvieron hasta la primavera del año siguiente, por finales de mayo recibieron un buque con ayuda del duque de Medinasidionia, no fue hasta el mes de julio de 1496 que las tropas se pusieron en marcha hacía Taoro sin gran resistencia por parte de los guanches porque, tal como recoge Marín de Cubas: “estaban todos enfermos, cayéndose a sus pies, allí había grandes cantidades de cuerpos, unos cerca del agua muertos, otros emparedados en cuevas y paredones a modo de hornillos, y todo era horroroso, y entrado de la cuaresma no aparecía un hombre vivo por todos aquellos campos y sierras”. (Marín de Cubas, [1694] 1993: 196)
 

Septiembre 2010

viernes, 24 de febrero de 2012

MANIFIESTO POR EL BIENESTAR DE LOS CANARIOS


 Articulo jocoso

Eduardo Pedro García Rodríguez


NOSOTROS, las trabajadoras y trabajadores de la hacienda que España posee y administra en el noroeste de África conocida a afectos geoestratégicos y comerciales con la marca “Comunidad Autónoma de Canarias”, queremos manifestar nuestro rechazo y repulsa ante la dejación que por parte de nuestro amo se viene haciendo de sus responsabilidades al limitarse solamente a recoger los frutos producidos, dejando las decisiones del desgobierno de la hacienda en las manos poco expertas de sus mayordomos, mayordomía que actualmente ostenta Coalición Canaria, que si bien son fieles servidores de nuestro amo de la metrópoli y abnegados continuadores ideológicos de quienes con la sangre y sometimiento de los otros supieron levantar esta inmensa hacienda orgullo del imperialismo español, no es menos cierto que en los últimos tiempos han venido relajando la disciplina que todo buen gobierno hacendístico requiere para el correcto gobierno de sus esclavos, por ejemplo, no aplicando debidamente la esclavitud del salario.

Ello ha derivado en mengua de nuestros escasos pero más que suficientes derechos como son: Comida de subsistencia, obligación que han dejado en manos de las multinacionales de la alimentación las cuales destinan para nuestro sostenimiento los productos caducados, evitando así tener que transportarlos a los vertederos. Un lugar para descansar, aspecto éste que nuestro amo y sus mayordomos han delegado en inmobiliarias,  especuladores e hipotecas bancarias. Evitar que nos enfermemos, tema que como el anterior el amo ha preferido dejar en manos de la sanidad privada. Regular nuestros apareamientos, cuestión en la que el amo descansa en la confesión religiosa dominante. El vendernos o eliminarnos en caso de incapacidad para el trabajo dejando de producir, eventualidad que el amo y sus mayordomos subsana dándonos la oportunidad de ingresar en sus fuerzas armadas y, así, poder machacar a los nuestros o ir a matar a los esclavos de otras haciendas.

Así mismo, nuestro amo y sus mayordomos vienen haciendo dejación de sus obligaciones de proteger a sus esclavos, pasando esta responsabilidad a una multinacional de la agresión denominada OTAN, cediendo además parte de la hacienda para que los efectivos de esta organización efectúen sus maniobras militares causando la consiguiente inquietud en los esclavos y malestar en los curiosos que de otras latitudes vienen a visitar la hacienda previo pago de la visita al amo.

Reclamamos la obligación que para con nosotros tienen nuestros amo y mayordomos de adoctrinarnos conforme a las buenas costumbres, extremo este que han delegado en determinados medios de comunicación, especialmente en los conocidos como prensa rosa, determinadas emisoras de radio y los canales de televisión especializados en temas de cuernos, chanchullos,  puterío de alto estanding y continuos casos de corrupción política y hacendística.

Esta dejación por parte de los amo y mayordomos nos ha venido privando de nuestro trozo de carne y de la sal para conservarlo, deseamos que se nos permita como es tradicional en todo sistema esclavista bien organizado el poder cultivar en algún rincón de la hacienda un trocito de terreno donde cosechar las hortalizas y verduras para nuestro sustento, sin necesidad de que estas vengan de la finca que el  amo tiene en otro continente.

Reclamamos nuestro derecho ha ser inhumanamente utilizados en la construcción de grandes autopistas, faraónicos anillos insulares, macros puertos y aeropuertos y en general de cualquier instalación militar disfrazada de instalaciones civiles y comerciales, innecesarias redes de ferrocarriles etc.

 Deseamos que el amo y sus mayordomos continúen haciendo uso de su derecho de vendernos a señores aristócratas nobles o clérigos, donde servir como criados en las casas de los nobles, hoy conocidos como hoteles de cinco, cuatro, tres o dos estrellas, dependiendo del grado de nobleza o estado clerical.

Pedimos la aplicación de la legislación romana-base del Derecho de nuestro amo-, en lo relativo a la esclavitud,     especialmente los artículos en los que el esclavo pierde su condición como objeto persona, como ser a humano y pasa a ser uno de derecho, es decir una cosa.

Este, al no tener el “status libertatis" o no gozar de la libertad, significa la incapacidad máxima. Por este motivo, los esclavos no gozamos de ningún derecho y si se nos da alimento y vivienda no es como forma de pago, sino para que podamos subsistir y poder ofrecer nuestro trabajo,  aunque se realice en condiciones inhumanas.

Por todo lo expuesto y por mil razones más

EXIGIMOS:


ACOGERNOS a la Real  Cédula de 31 de mayo de 1879 de Nuestro Señor y sabio administrador de esta y otras haciendas Don Carlos IV, el cual consta de los siguientes 14 capítulos:
1º Se impone a los amos la obligación de instruir a los esclavos en  los principios  de la religión católica; hacerles bautizar dentro de un año; rezar diariamente después de concluidos los trabajos, en su presencia o en la de sus mayordomos; costearles un sacerdote que les diga la misa todos los días de precepto; y no obligarles ni permitirles que trabajen en los días de fiesta, excepto en el tiempo de recolección de frutos en que se acostumbra conceder licencia para hacerlo.
2º Por el segundo se manda darles buena alimentación y vestido, previniéndose que las justicias del distrito de las haciendas con acuerdo del Ayuntamiento y Audiencia del Procurador Sindico, en calidad de protector de los esclavos, señalen la cantidad y calidad de alimentos y vestuario que proporcionalmente a sus edades y sexos deban serle proporcionados por sus amos, conforme a la costumbre del país y a lo que comúnmente consumen los trabajadores libres.
3º El trabajo de los esclavos será en proporción al sexo, edad y demás circunstancias. Debe durar de sol a sol, y no más, en cuyo tiempo se ha de conceder dos horas al esclavo para que las emplee en su utilidad. Tampoco se le obligara a trabajar por tareas a los menores de diecisiete años y a los mayores de sesenta, ni a las esclavas.
4. En los días festivos, después que los esclavos  hayan oído misa y educación religiosa, se les permitirá simples diversiones, con separación de sexos, bajo la vigilancia de amos y mayordomos, evitando el contacto de los esclavos de una hacienda con los de otra.
5º Los esclavos deben estar bien alojados, con separación de sexos, excepto si son casados. Por pieza solo deben dormir dos esclavos, y sus camas deben estar altas y cómodas para preservarles de la humedad.
6º Los esclavos que por su mucha edad o por enfermedad no se hallen aptos para trabajar, deberán ser alimentados por los dueños sin que estos puedan concederles la libertad por descargarse de ellos.
7º Los amos deben, preferencialmente, impedir las relaciones ilícitas entre los esclavos. Si se casan esclavos de diferentes haciendas, el amo del esclavo puede comprar a la esclava para evitarse problemas.
8º Las faltas comunes de los esclavos se castigan con prisión, grillete, cadena, maza o cepo, o con azotes que no pasen de 25, y con instrumento que no le cause contusión, ni sangrado grave. Las penas solamente pueden ser impuestas por sus propios dueños.
9º Cuando los delitos son mayores en gravedad, entonces los tribunales procederán contra ellos. En estos juicios el Procurador Síndico actuara como protector del esclavo. La aplicación de penas se establece de acuerdo con las leyes dispuestas sobre las causas de los delincuentes del estado libre.
10º Cuando el amo o el mayordomo se sobrepase en sus castigos o falte a cualquier de las reglas anteriores (efusión desangre, contusiones graves, mutilaciones), se le confiscara al esclavo. Este se venderá si todavía fuese apto para trabajar, pero si no fuese así, los amos agraviantes tendrán obligación de pagar los gastos para mantener al esclavo por el resto de su vida.
11º Ninguna persona que no sea dueño del esclavo tiene derecho a injuriarlo, castigarle, herirle o matarle; y si lo hiciere, el amo tiene derecho a someterlo a juicio. El agraviante será sometido bajo las penas que se configuran para las personas del estado libre.
12º Los dueños de los esclavos tendrán que presentar anualmente una lista jurada y firmada de los esclavos que tengan en sus haciendas, con distinción de sexos y edades, a la jurisdicción de la ciudad. Esto se hace para evitar que los amos den muerte violenta a sus esclavos, ya  que la muerte de un esclavo debe ser comunicada a la jurisdicción para su anotación.
13º Se debe averiguar los excesos de los esclavos y mayordomos.
14º Se establece una caja de multas, cuyos fondos se han de invertir en hacer observar con escrupulosidad esta instrucción.
CONSIDERANDO:
Que las actuales condiciones de vida impuesta por el Borbonato y sus actuales mayordomos a los esclavos de la hacienda “Comunidad Autónoma de Canarias” son con mucho inferiores a las contenidas en  la Real Cédula de 31 de mayo de 1870, suplicamos que se nos devuelvan los derechos contemplados en dicha Real Cédula.
Todo lo cual es en Bien de Nuestro Señor e Servicio de Nuestro Rey.
Comité pro dignificación de los esclavos canarios.
Dado en la Muy Noble, Leal,  Fiel y de Ilustre Historia Ciudad de San Cristóbal de La Laguna a 21 de septiembre de 2009.


martes, 21 de febrero de 2012

DECLIVE DE LAS RELIGIONES MONOTEISTAS MASCULINAS

Chaurero n Eguerew
La religión digamos reglada de la Diosa-Madre Universal existe desde hace unos cuarenta mil años, desde que el ser humano comenzó a tener conciencia de que era un animal diferente a los otros y capaz de razonar y expresar sentimientos. El cómputo del tiempo tal como lo entendemos los seres humanos no es aplicable a la Divinidad, pues ella es el pasado el presente y el futuro, es decir es el concepto del tiempo tal como lo entendemos y que sólo es válido para nosotros como referente.
Las denominadas grandes religiones occidentales son relativamente recientes históricamente hablando y en comparación con la de la Diosa-Madre, el judaísmo nació y se desarrolló entre los siglos I al XI.
Los judíos se consideran los descendientes de Abraham verdadero fundador del judaísmo quien anteriormente había sido adorador de la Diosa-Madre, quien se consagró al servicio de su  dios único, creador de los cielos y de la tierra. La creencia de Abraham era de un monoteísmo contrapuesto a sus anteriores creencias. Sus descendientes tenían que difundir aquella nueva creencia y permanecer fieles a la alianza con su dios. Este velaría en su favor y les daría como posesión la tierra sagrada.
El cristianismo (que realmente debería llamarse paulismo, pues fue este recaudar de impuestos al servicio de Roma y tejedor de tiendas el verdadero impulsor de la secta) nació a principios del siglo I de la era occidental. Fue predicado y extendido con gran rapidez por la mayor parte de los países que formaban el imperio romano dividiéndose posteriormente en varias sectas siendo la más importante de ella el catolicismo. Pablo y sus partidarios propagaron el cristianismo desde Jerusalén a Roma.
La más joven de estas sectas es el Islam que nació como religión en el año 611 de la era occidental actual, fundado por Mahoma caravanero analfabeto, hijo de padres adoradores de la Diosa-Madre. Los árabes se consideran a sí mismos descendientes de Isaac, el único hijo legítimo de Abraham que, a punto de ser sacrificado por su padre en un holocausto fue salvado en el último momento según la leyenda por la mano de su dios.  Más adelante, Isaac fue expulsado por Abraham y tras numerosas vicisitudes y quedar en la miseria, sus descendientes tuvieron que emigrar a Egipto donde fueron esclavizados hasta su rescate por Moisés.
Las investigaciones antropológicas y arqueológicas e incluso ligüísticas, y los miles de esculturas de la Diosa-Madre encontradas en todo el orbe y en todas las culturas, han puesto de manifiesto que el primer concepto de  Divinidad, por las culturas primigenias, fue femenino; la Gran Diosa Madre. Una divinidad femenina, adorada como principio pasivo y generador, venerando los atributos de la mujer. Cuando estas culturas eran nómadas, la mujer ejercía un papel fundamental en la supervivencia del grupo, como reproductora, recolectora y cohesionadora del grupo, es decir, las sociedades eran matriarcales. Y cuando las sociedades se hicieron sedentarias, por la era agrícola, el varón comenzó a dejar de ser cazador para transformarse en guerrero lo que planteo quizás los primeros enfrentamientos religiosos y sociales ya que la guerra estaba en contraposición con los preceptos de amor y paz emanados de la Diosa Madre, además las mujeres no estaban predispuestas a perder a sus compañeros e hijos en cruentas batallas.
Ello motivo el que los hombres ambiciosos de tierras y de poder urdieran desposeer a la Diosa Madre y destruir el matriarcado, elementos que constituían un freno a sus actividades depredatorias, pues siempre ha sido más fácil apoderarse por medio de la fuerza de la producción ajena que producir mediante el esfuerzo propio.
Entonces el hombre decidió crear un dios masculino a su imagen y semejanza, guerrero, despiadado, amoral y desprovisto de sentimientos humanitarios, aunque pretendieron dotarlo de aspectos formales como amor, justicia, paz etc., estos conceptos no han pasado de ser simples discursos carentes de contenido, pues de hecho desde los primeros momentos de la creación por parte de los hombres de este dios masculino habían renunciado a la esencia de la Divinidad.

A partir de entonces, la humanidad ha estado condenada a una serie continuada y sin interrupción de guerras, invasiones y masacres de pueblos y culturas en nombre de ese dios masculino, los ejemplos mas lacerantes los recoge la Biblia judeo-cristiana en la que podemos ver como su dios creado a su imagen y semejanza YHWH: (Yo soy el que soy,) y al que traducen como Jehová, Yhave, Yahewe, ordenó a esta horda de pastores nómadas “su pueblo elegido” el invadir  las naciones del entorno y pasar a cuchillo a todas sus poblaciones sin respetar ancianos mujeres ni niños, excepto en alguna ocasión en que este dios ordenó separar algunas jovencitas vírgenes que le serían ofrecidas como diezmo. Así tenemos al primer repartidor de naciones y pueblos –ejemplo que algunos siglos más tarde seguirían algunos Papas católicos repartiendo el mundo entre sus acólitos y en nombre del mismo dios-. Muchos de los pueblos invadidos por orden de este dios se les aplicó el anatema, método o mandato que consistía en no dejar con vida ni siquiera a los animales domésticos.

El cristianismo y todos sus derivados han superado si cabe, las masacres judías, desde las persecuciones y exterminio de los denominados paganos, la invasión y destrucción de naciones y pueblos situados a miles de kilómetros de distancia en nombre y en honor de su dios, y las civilizadas invasiones y masacres modernas como las guerras mundiales, Corea, Vietnam, Irak etc. etc.
Todas esta religiones monoteístas y masculinas han nacido, se han desarrollado y sostenido sobre verdaderos océanos de sangre.
Estas religiones plagas de la humanidad autodenominadas mayoritarias al igual que el resto de las religiones monotemas masculinas han tocado techo, han sido incapaces de proporcionar a la humanidad un verdadero desarrollo espiritual han sido más influenciadas por los aspectos políticos y económicos que por los espirituales. Se han aliado desde el principio de su creación con el poder participando de prerrogativas humanas cuando no siendo el centro difusor del mismo convirtiéndose en instrumento de infelicidad para los pueblos,  de dominación de un sector de la sociedad sobre otros, renegando de los principios de amor paz y justicia emanados de la Diosa-Madre, ofreciendo a sus fanáticos seguidores un trozo de cielo a cambio de toda una vida de infierno en la tierra.

Han fracasado y están en pleno declive, hasta el punto de que están planteándose el unirse entre ellas para poder continuar con el mercado religioso concentrándolo en un solo centro de poder o globalización de la religión.

Ya desde hace más de un siglo filósofos y pensadores vienen afirmando que este tipo de religiones están condenadas a desaparecer, pues nacieron enfermas y deformes y desde su nacimiento han venido infectado a la humanidad, por ello claman por la instauración de nuevos conceptos religioso, más espirituales al tiempo que más humanos en los aspectos fraternales y, con ellos nosotros creemos que esta nueva era espiritual estará presidida por Nuestra Diosa-Madre Universal Chaxiraxi.

Uno de estos pensadores es el alemán Carlos Roberto Eduardo de Hartmann, militar, físico, matemático, poeta, pintor y filosofo, quien en su obra La religión del porvenir, libro famoso que provocó controversias y causó profundísima impresión en las Universidades y en todo el mundo científico. Esta obra, en la que Hartmann acreditó sus dotes de pensador y escritor, fue vertida a varios idiomas.

De la misma vamos reproducir en esta oportunidad el capitulo nueve:
La medida de la evolución religiosa necesitada por la situación presente, ¿se define por la transformación de los elementos dados, o por una innovación que sustituya a las ideas reinantes concepciones esencialmente distintas?
Esta es la cuestión que se encuentra en el comienzo de nuestras investigaciones, y la conclusión de las consideraciones que preceden parece ser la de resolverla en el sentido del segundo término de la alternativa. El principio católico, que es el principio de autoridad, y el principio protestante de la negación crítica de la autoridad, han sacado ya sus últimas consecuencias: el primero, en el cristianismo momificado del ultramontanismo, por el dogma de la infalibilidad, que es un reto lanzado a todo lo que la razón enseña, a todo lo que el desenvolvimiento de la civilización ha hecho prevalecer; el segundo, por la total disolución del cristianismo  positivo y por el enflaquecimiento de la religión, bajo cuyo nombre ya no existe más que una irreligión completamente mundana. En cuanto a los ensayos hechos para conciliar estos dos extremos igualmente inaceptables, son etapas que el protestantismo ha atravesado ya descendiendo por un plano inclinado y que el curso de la evolución histórica ha dejado atrás: tratar de volver a ellas, sería colocarse delante de las ruedas de la evolución lógicamente necesaria para retardarla, ya que no para hacerla retroceder.
La idea cristiana ha concluido su carrera. Esta idea está dividida en dos períodos; el primero, que comprende el cristianismo primitivo y el catolicismo hasta el florecimiento de la verdad cristiana bajo Tomás de Aquino; el segundo, que abraza el catolicismo en su decadencia y el protestantismo fatigándose en ensayos de conciliación, útiles, lo reconocemos, pero inaceptables en principio.
El fin semeja admirablemente al comienzo, si nos mantenemos en el aspecto negativo, por la ausencia de un cuerpo de doctrina cristiana; sólo que los contenidos con que se llena el recipiente en ambos casos son muy diferentes: aquí la cultura moderna; allí, por ejemplo, el judaísmo talmúdico de un Hillel. La ordenada de la curva cristiana ha llegado a ser igual a cero al fin, como lo era al principio, pero en esta ocasión la abcisa es otra muy distinta. Si el cristianismo comparte con otras religiones la concepción pesimista del mundo y la necesidad de elevarse por la verdad metafísica por encima de este mundo y de su miseria, la idea fundamental, especialmente la cristiana, debe buscarse en la fe, en un redentor que cura del sentimiento de la culpa y en un mediador que opera la reconciliación y la unión con Dios; y la fe cristiana, ¿qué es?, la fe en Jesucristo como redentor y mediador. Pero si se ve en Jesús de Nazareth el hijo legítimo del carpintero José y de su esposa María, este Jesús y su muerte lo mismo pueden redimir mis pecados que el ministro Bismark o el diputado Lasker, por ejemplo, y es mucho menos apto aún para ser el mediador entre Dios y yo que el confesor católico, por ejemplo, cuya prerrogativa no es una afirmación en el aire, sino que la hace desprender del hijo de Dios. Así, pues, la idea sobre la cual descansa el cristianismo se ha hecho caduca enfrente de la civilización moderna. Es posible que en el cuadro de un sistema religioso basado sobre un principio nuevo, lo que reste del cristianismo pueda invocar algunos títulos para hacer que se le reconozca una significación secundaria y auxiliar; pero este elemento es insuficiente en sí mismo para satisfacer la necesidad religiosa, sobre todo si permanece cerrado a la presuposición indispensable de toda religiosidad, el pesimismo del cristianismo positivo. Mas aun cuando se conservase este factor, o, por mejor decir, se le restableciera enfrente del optimismo protestante que encuentra el mundo delicioso y se congratula de la existencia, lo que se tendría no sería más que el fundamento, indispensable sin duda, del nuevo edificio religioso, y nada más; poseeríamos una concepción del mundo la cual implique un alma de tal modo dispuesta, que la religión sea para ella una necesidad imperiosa; la poseeríamos en el mismo sentido que Buda, Jesús, San Pablo, San Francisco, Savonarola y otros la han poseído, y quedaría ante nosotros la cuestión de saber qué nuevo edificio religioso satisfaría a la vez la necesidad religiosa que nace de esta disposición, y a la cultura moderna.
El intento de resolver este problema significaría la pretensión de ser el fundador de una nueva religión. Esta pretensión no tan sólo se halla muy lejos de mí por razones personales, sino que se encuentra ya excluida por la convicción objetiva de que ni la ciencia por su misma naturaleza, ni sus representantes, están llamados a tener una acción inmediata sobre el establecimiento de nuevas religiones. Históricamente es una verdad demostrada, y aparece también como una consecuencia de las relaciones que mantiene la religión con la ciencia, y de las cuales hemos hablado en otro lugar. En los fundadores de religiones no se deben nunca a la ciencia los éxitos populares grandes y decisivos, sino al don de presentar de una manera intuitiva y figurada las ideas religiosas que se hallen en armonía con la época, y después, a la autoridad de la persona que las representa. Mas, por otra parte, estos hombres no sacan de ellos mismos estas ideas que son lúcidas chispas, sino que las hacen salir del tesoro espiritual que constituyen en cada época las creencias populares y la ciencia. Entre estas ideas, que pueden venir a su conocimiento de un modo muy imperfecto, descubren algunas que se apoderan con fuerza de su sentimiento religioso, y comunicándolas en un círculo extenso, prueban el entusiasmo que son capaces de excitar; y aun cuando sea completamente necesario que las circunstancias del tiempo hayan dispuesto a las almas para recibir tales impresiones, es muy posible que hasta entonces el poder de estas ideas no haya sido percibido o apreciado por otros. Esto nos ilustra sobre la clase de auxilio que la ciencia puede prestar a la aparición de las religiones que no han nacido aún, pero cuya necesidad existe y va creciendo. Sus misiones trabajar con celo y lealtad, levantar su vuelo más vigoroso y profundizar más cada día a fin de ofrecer al porvenir una provisión de ideas tan rica y tan preciosa como sea posible, donde pueda hallar el alimento de la nueva religión.
¿Es probable, en un porvenir próximo, que veamos surgir una fuerza creadora capaz de dar existencia y estabilidad a meras formas religiosas? Es muy difícil contestar afirmativamente a esta pregunta. ¿Quién ha podido apreciar la tenacidad y la fuerza histórica de resistencia inherentes a las formas religiosas que aún nos rodean? En nuestra opinión, sería estimarlas de un modo demasiado bajo el suponer que hoy, en que apenas si los exploradores del ejército protestante liberal comienzan a tener conciencia de las últimas consecuencias del principio protestante, la antigua creencia, considerada como religión de la masa, esté bastante gastada para que un viento religioso fresco y vivificante pueda barrerla. No olvidemos que en lo que se refiere a las luces adquiridas por la cultura, la masa se encuentra siempre algunos siglos más atrás del espíritu del tiempo. Aún se puede decir más. Supongamos que la evolución haya llegado a tal punto; esto no sería una razón para que resultase necesariamente el advenimiento de una nueva creencia, pues bien podría suceder que el reinado de la antigua y el de la nueva fuesen separados por un tiempo de descanso más o menos largo, durante el cual se consumaría la putrefacción de los viejos elementos, y el suelo sufriría una preparación química favorable para la fertilidad del porvenir.
Por último, no es posible probar la imposibilidad de la tesis afirmando que en general no habrá ya novedad religiosa viable, aunque esta opinión sea tan extremada e inverosímil como la que afirma que la religión del porvenir se halla próxima. Aquella se apoya, es verdad, en el argumento plausible, en la apariencia de que la vida del alma contempla cómo se retiran de día en día los jugos nutritivos en provecho de la vida de la inteligencia, y que en particular las necesidades religiosas del alma se van constantemente debilitando. No obstante, se confunde aquí, en primer lugar, un hecho momentáneo con una tendencia evolutiva capaz de duración, y después, a esta tendencia, que es real en un sentido, se la da una interpretación errónea en lo relativo a su incompatibilidad con la religiosidad y con el sentimiento general. Es muy cierto que la inteligencia reflexiva figura en primera línea en los progresos de la humanidad; pero, a la larga, cada adquisición de la inteligencia ejerce sobre la esfera del sentimiento una acción que lo enriquece y que lo depura, y la lucha de la inteligencia con el sentimiento siempre se dirige exclusivamente contra el punto de vista del sentimiento legado por una fase anterior del desenvolvimiento intelectual: no puede haber cuestión sobre el punto de vista que responde a la nueva fase de la inteligencia, el cual no puede formarse sino gradualmente después de la destrucción parcial del antiguo.
¿Quién negará que el desenvolvimiento intelectual avanza por un impulso genérico y constante? Es igualmente cierto que una nueva religión debe tener la razón por principio, cosa que los antiguos no tenían necesidad de hacer más que como tarea secundaria. ¿Pero se sigue de esto que la necesidad religiosa debe borrarse por un largo período? No; por lo menos en tanto que el pueblo no esté imbuido de la ciencia abstracta en el sentido estricto, y no es de esperar que lo esté jamás.
Por el contrario, la concepción pesimista del mundo, en la cual la necesidad religiosa repara diariamente sus fuerzas, no cesará de fortificarse y de extenderse, puesto que, cuanto más se multiplican los medios de que la humanidad dispone para hacerse la existencia agradable, más se convence de la imposibilidad de superar de este modo la angustia de la vida y de alcanzar la felicidad, ni siquiera la satisfacción. Un período ascendente de las cosas humanas puede ser optimista en tanto que alimenta la esperanza de encontrar la felicidad al fin gozar de ella; mas en el instante en que el objeto se alcanza, el pueblo que lo ansiaba percibe que no ha progresado en la felicidad y que han aumentado las necesidades que le roen y le atormentan. Así, el optimismo es siempre un intermedio en las naciones que se hallan en medio mismo del vértigo mundano; mas el pesimismo es la disposición profunda de la humanidad que se conoce, y cada vez que termina una época de movimiento mundano aparece con doble energía. Esperemos, pues, que la aspiración del hombre a superar la miseria de este mundo, lo cual no puede realizarse sino por la idea y en la esfera de la conciencia, se haga sentir con una intensidad cada vez más señalada a la conclusión de los períodos en que el mundo, por decirlo así, ha celebrado sus triunfos, y en que los intereses terrenales lo han absorbido todo, y la cuestión religiosa sea la más importante de todas cuando la humanidad haya alcanzado todo lo que puede alcanzar de civilización sobre la tierra, y haya abrazado de un golpe de vista toda la miseria lamentable de esta situación.
Al mismo tiempo que la ciencia da comienzo al trabajo preparatorio para el edificio que ha de habitar la religión del porvenir, no se le puede censurar el que examine los elementos de su fortuna actual, y trate de inquirir qué ideas son las que tienen probabilidades de ocupar en el porvenir el sitio de las ideas cristianas, y de fundirse con los restos de aquellas que no estén condenadas a desaparecer. No es posible ocultar, sin embargo, que esta orientación está limitada por el estado actual de los conocimientos. El mejor modo de entrar en materia será arrojar un golpe de vista general sobre las principales religiones, con el fin de desentrañar su significación histórica; y esta consideración tendrá por resultado el demostrar una tesis que, por otra parte, corresponde al estado actual de las relaciones entre las naciones del globo, y es, que la religión del porvenir, para llegar a ser religión universal, debe representar la síntesis de la evolución religiosa del Oriente y de la del Occidente, de la evolución panteísta y de la evolución monoteísta: sólo con esta condición podrá satisfacer a la vez las necesidades religiosas y las necesidades intelectuales de la época moderna.
El rápido bosquejo que irá a continuación atestiguará lo que la ciencia ha podido encontrar con toda su riqueza actual en lo referente a materiales que puedan servir a los fines de la religión. Este ensayo no tiene de ningún modo la pretensión de trazar a la religión del porvenir el camino que debe seguir, pero, a lo menos, se esfuerza en romper con la opinión antifilosófica que mantiene el dualismo de los cristianos y de los paganos, y con un cosmopolitismo exento de preocupaciones, en conceder sus derechos respectivos a las civilizaciones que nada en apariencia une ni pone en relación: la civilización india y la de los países que baña el Mediterráneo, a fin de abrir la perspectiva del encuentro futuro de estas grandes corrientes religiosas que han de correr en adelante por un solo lecho. Sólo así adquiere verdadero sentido la historia universal, aun cuando no se entienda ordinariamente bajo este nombre más que la historia de la mitad occidental del antiguo mundo, dejando a un lado la civilización del Asia central, reducida de este modo a ser nada más que una quinta rueda del carro de la historia. Lo que nosotros vamos a considerar, pues, no es la religión del porvenir en sí misma, que una espesa niebla oculta a nuestras miradas, sino las piedras de construcción que proporcionan la historia, la religión y la filosofía, de las cuales nos parece que será posible sacar partido para dotar de una religión al porvenir de nuestra raza.”
Mayo 2008.
Fuentes:
Eduardo Hartmann
La Religión del Porvenir
Biblioteca Económica Filosófica
Madrid, 1888.