miércoles, 2 de noviembre de 2011

CAPITULO II




 INVASIÓN DE TAMARANT (GRAN CANARIA)

Con fecha 13 de mayo de 1478 en Sevilla (f.106). Confirmación, a petición del secretario y cronista real Alonso de Palencia, de la capitulación asentada por éste, en nombre de Su Alteza, con don Juan de Frías, obispo de Rubicón, y con los capitanes don Juan Bermúdez, deán de las islas de Canaria, y Juan Rejón, criado de la reina, sobre la armada para la conquista de Gran Canaria y otras islas pobladas de infieles. En dicha capitulación, que va inserta -Sevilla 20 de abril 1478-, se concede al obispo la orchilla de las islas mientras dure la conquista con el fin de compensarle los gastos que aquella le ocasionara,  y los reyes se obligan a aportar 20 lanzas de la Hermandad. La Reina. Avila. Reg; Diego Sánchez. (E.Aznar Vallejo. 1981)

El 21 de junio de 1478, Comenzó la denominada Guerra de Canaria declarada unilateralmente por el reino de Castilla,  para invadir y conquistar la  isla de Tamaránt (Gran Canaria),  por iniciativa de los nefastos Reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón.

Desembarcan en La Isleta, Tamaránt (Gran Canaria) la escuadra invasora castellana-aragonesa transportando una expedición de mercenarios compuesta por “600 peones y gentes de a caballo” con ellos   Juan Bermúdez, deán de Rubicón quien llevaba espada al cinto, como segundo del obispo Juan de Frías y capitán responsable de la invasión y conquista, y Juan Rejón, criado de la reina Isabel, como capitán representante de la corona en las tropas, mercenarias todos ellos bajo la alta dirección del obispo de la secta católica Juan de Frías, quien era además  uno de los financiadores de la invasión y conquista.

El obispo Juan de Frías lleva en otra armada a un grupo de guanches de la  Gomera que habían sido esclavizados por Hernan Peraza, el primero de este nombre, señor de La Gomera y del Hierro, había hecho objeto de una brutal traición a cien gomeros.  Utilizando dos carabelas, de Palos y de Moguer que hacían comercio con la isla, dijo a sus vasallos que los necesitaba en los bracos, y  cuando los cien incautos  habían entrado en ellos, los llevó a España y allí los vendió como esclavos. (D. Wolfel, 1980, Documento 1:5)

Don Juan de Fría posiblemente afectado por la importante reducción que suponía para sus arcas y las de la iglesia católica la pérdida de cien siervos y además, por una cuestión de competencias decidió quejarse ante la corte castellana.

Tal como recoge el investigador austriaco Dominik J. Wolfel: “Don Juan de Frías fue a la corte y se quejó ante los reyes católicos quienes guardaron la justicia, encargaron a dos doctores de su Consejo, hacer la pesquisa.

En la sentencia ejecutoria de 6 de febrero de 1478 los vendidos fueron declarados libres y don Juan de Frías recibió esta sentencia como fiel ejecutor de la justicia. “Dos doctores fueron encargados de buscar a los vendidos por todos los reinos y ponerlos en libertad” para devolverlos a su tierra (Curiosamente, uno de estos doctores había sido el encargado de comercializarlos), pero el obispo estimó más práctico emplearlos en la conquista de Tamaránt. Pero la acción de conquista tuvo escasos resultados debido a las diferencias entre los capitanes invasores y a la escasez de recursos (Morales Padrón). En este intento, tanto el obispo Frías como el deán Bermúdez cortaron más cabezas de guanches canarii que las tropas de Rejón.

El cronista Palencia, que no recata su desprecio hacia los frailes a los que los militares consideraban como “mensajeros de todo lo peor” y los marineros como tipos de mal agüero, describe al obispo Frías como “hombre imbécil y nada religioso, vanidoso y  de vida irregular”. -Este controvertido obispo de la iglesia católica y mercenario testó en  Sevilla el 20 de octubre de 1485, porque una grave enfermedad le detenía postrado en aquella ciudad, a cuya población se había trasladado para tratar asuntos relacionados con la diócesis.

Consta por dicho documento público la valiosa donación que hizo a favor de su deán (Bermúdez) y Cabildo respecto a todas las casas, huertas, muebles, alhajas y esclavos que poseía en Winiwuada (Las Palmas) y en las islas de Fuerteventura y Lanzarote. En el expresado documento decía: “Que por cuanto él tenía grandes cargos del deán e Cabildo de su Iglesia e en remuneración e satisfacción de aquellos e por descargo de su conciencia e porque toviesen cargo de rogar a Dios por su ánima e fazer memorias por él en cada un año, que les daba e dio en donación fecha entre vivos e non revocable, agora e para siempre jamás, unas casas que dijo que tenía en la isla de Lanzarote e otras casas que dijo que tenía en la isla de Fuerteventura en el Antigua e donó las casas de su morada que él tenía en la isla de Gran Canaria, todas juntas, como estaban e la huerta que él tiene e mandó comprar e por cuanto tenía siervos esclavos que él los daba e dio a la fábrica de la dicha iglesia Catedral de Canaria...”.-.
El 24 de agosto de 1479.  Una importante expedición militar invasora a la captura de esclavos, acaudillada por el obispo Juan de Frías y el capitán de la mar Pedro Hernández Cabrón, sufrió una seria derrota en los alrededores de La Caldera por obra de los valientes e indómitos guanches  de  Tirajana. Los castellanos experimentaron cuantiosas pérdidas en muertos y heridos; al mismo tiempo que revestía circunstancias trágicas la difícil retirada. Pedro Hernández Cabrón después de haber depredado en Tirahana con sus tropas de mercenarios inicia la marcha hacía la costa donde estaban fondeados los navíos.
Un canario cristiano que había ido con ellos les dijo que no saliesen del lugar donde estaban, porque todos los canarios estaban allí juntos, y había muchas cuestas que descender muy agrias, y en ellas corrían gran peligro; que se estuviesen que dos allí dos días, pues tenían qué comer, y los canarios no tenían ninguna provisión y se derramarían en buscarla, y les sería más fácil la bajada. Mas el capitán Pedro Hernández Cabrón, como no había experimentado ni visto el ánimo y ligereza de los naturales, dijo que él no tenía temor a gente desnuda, y que tenía los navíos sin gente, que habían de ir adormir en ellos. (Fr. J. De Abreu Galindo)
Era este Pedro Cabron o Hernandez Cabron un conocido pirata gaditano, que surcó los mares a fines de la baja Edad Media. Un pirata cuyo valor y maestría como capitán le llevaría a la Marina Real, a defender Napoles del ataque de los turcos o a marchar a las Canarias en busca de tierras que conquistar. Como también actuó por las costas africanas en contra de los enemigos de la cristiandad. Pedro Fernández aparece nombrado por primera vez en 1478, cuando los Reyes le conceden el perdón por los actos de piratería cometidos en la costa aragonesa, así como por su intervención en los conflictos entre los dos principales poderes de la zona: los Ponce de León y los Guzmán. Nos dice Antón Solé que es “genoves de raza y, a lo que parece, portuense de origen inmediato”.
Su pericia como corsario llamó pronto la atención de los monarcas y, en 1479, lo encontramos como capitán de la armada que, bajo el mando del obispo Fray Juan de Frías, parte hacia Las Palmas, en Canarias. Cambiaso y Verde nos da más información sobre la expedición y nos confirma sobre Pedro Caper –como aparece citado en Alonso de Palencia. (Javi Fornell, 2008)

Como réplica a la actitud de resistencia de los canarios, Juan Rejón, a finales del verano de 1478, quemó las sementeras (cereales  e higuerales), comenzando ya el proceso de deforestación insular. En 1479 el poblado Arehukas fue arrasado por las huestes invasoras castellanas, de este momento, sobresale la denominada “Batalla de Arucas”.

Las continuas pugnas y desacuerdos entre los mercenarios invasores castellanos: las desavenencias motivadas por el reparto de las rapiñas entre el mercenario Juan Rejón, y  el clérigo católico deán Bermúdez, Pedro de Algaba y el obispo Frías contribuyeron a constantes discrepancias tácticas y luchas por el poder, careciéndose de acciones globales y efectivas conforme aun plan bélico coherente, acentuado por la falta de alimentos y refuerzos.

Toledo el 24 de febrero de 1480. Se concede que durante l0 años ni el Almirante ni sus lugartenientes lleven derecho alguno sobre las pesquerías y presas  hechas en Gran Canaria, renunciando los reyes a los quintos sobre cueros, sebo, esclavos y armazón y sobre las presas hechas en las islas de infieles, salvo en la Mina de Oro, y comprometiéndose a impedir que Diego de Herrera haga presas en Gran Canaria y que concierte paces en Tenerife y La Palma. [Falta el final] (E.Aznar; 1981)

El judío converso Pedro de Vera, es  nombrado el 4 de febrero de 1480 nuevo capitán, de la invasión de Tamarant (Canaria) entraba en winiwuada (Las Palmas) poco después del proceso a Algaba. Hacía su arribo como “segundo gobernador con su probisión real mandando a el capitán Rejón y a los demás caballeros ventureros conquistadores, capitanes, oficiales y gente de guerra que lo resibiesen por gobernador y capitán general”. Vera, pues, se aposentaba en Las Palmas con el ánimo alertado contra Rejón, según confiesa Palencia, como Corregidor, Gobernador, Capitán General y Alcalde de la isla de la Gran Canaria. Se abría la segunda fase de la etapa realenga de la invasión y conquista (1480-91). En esta misma cédula se ordena a genocida Pedro de Vera, gobernador impuesto de Tamaránt (Gran Canaria) que “proceda al repartimiento de todos los exidos (campos de labor) y dehesas y heredamientos de a dicha ysla entre los caballeros e escuderos e marineros e otras personas que en dicha isla están”. Este repartimiento empezaría tres años antes de concluir la conquista de la isla, que finalizó el 29 de abril de 1483.
En el mes  de agosto o septiembre de 1480 el gran caudillo canarii Doramas y el invasor Pedro de Vera mantienen un entrevista en el reducto militar castellano.
“El capitán Pedro de Vera, una vez dispuesto para el parlamento acordado por ambas partes, ordena que se retiren los vasallos que escoltan a Doramas, al tiempo que presenta a sus subordinados: capitán Miguel de Mujica, su primo Juan Siberio, Miguel de Trejo de Carvajal y a su hermosa esposa la infanta canarii Thenesoya Vidina, casada con el  colono normando de Titeroygatra (Lanzarote)  Maciot Perdomo de Bethencourt.
En la conversación entablada entre los dos jefes se deduce desde un principio que el Vera no trata de profundizar el tema de canje de prisioneros, lo que se traduce más bien en una encerrona cuando el invasor tuvo la osadía sorprendente de vociferar amenazas e improperios a los canarii, exigiendo sin condiciones la entrega inmediata de unos sesenta prisioneros españoles en los cantones de Galdar. Además, el capitán Pedro de Vera, sin intervenir sus subalternos, acusó a los guerreros de Doramas de salvajes porque quemaban vivos a muchos prisioneros castellanos.
Ante las duras alusiones del general en la histórica entrevista, Doramas, sereno y persuasivo, respondió a Pedro de Vera que en las guerras no se admitían piedades como ocurría con sus compañeros de raza, que además de ser despojados de sus tierras y ganados, eran torturados y muertos a tiros por los arcabuceros castellanos si se resistían, para más tarde ser encadenados en las playas de Arguineguin, o Winiwuada, esperando ser vendidos como esclavos en los mercados de Sevilla y Valencia.
El capitán español, descompuesto y humillado, ante las referencias del caudillo canarii, quien se negó a aceptar la imposición de la religión católica, rechazando el bautismo cristiano, hizo intervenir como decíamos anteriormente a los suyos para comunicarles su funesta decisión de decretar la famosa trampa de detener y encarcelar a Doramas y acompañantes aprovechando la ventajosa situación.
Ante el delicado momento e injusta decisión de Pedro de Vera, el capitán Miguel de Mujica y Thenesoya Vidina se negaron a secundar semejante patraña, convenciendo al capitán invasor de no realizar una traición de tanta bajeza. Y sobra decir por lo tanto que toda la comisión isleña se marchó como mismo había venido.” (Julio Vera Trujillo.)
En 1480, Pedro de Vera, continuó las cabalgadas (captura de esclavos) en Chinech (Tenerife) y Benahuare (Palma).

A punto de salir hacia Chinech (Tenerife), no queriendo dejar a su espalda 600 hombres “de pelea”, Pedro de Vera aplicó el arma del político español, que es el engañó. Asegurando a cuantos le siguiesen, que “ganarían para vestirse”, consiguió embarcarlos por su pie, encerrados “debajo de la tilla”, para que no se orientasen por el sol o las estrellas, les llevó a Cádiz y Puerto de Santa María. Puestos en venta, los barcos regresaron, en busca de las mujeres y los hijos. Subieron a bordo sin chistar, con decirles que las llevaban, donde estaban sus maridos.

Superada la demanda por la oferta, los invendidos quedaron abandonados en libertad, por no alimentarlos, permitiendo que se alojasen extramuros de Sevilla, junto a la puerta de Milhojar. Muertos los más, al no aclimatarse, otros se desperdigaron por el reino, regresando a Tamaránt (Gran Canaria) los menos, para formar núcleo de población castellanizada. Condicionado por la extraña interpretación de la ética, que impera entre españoles, el cronista celebró la felonía, declarándola virtud, porque se perpetró por razón de estado, en aras de la “pacificación” de la isla. (L. Al. Toledo)

Años después, el canario Juan Manuel, recordaba a los católicos, que los naturales de  Tamaránt (Gran Canaria), nunca fueron “vencidos”, pues dieron vasallaje voluntario, contra la promesa de que sus personas y bienes, serían respetados, por lo que “no son ni pueden ser esclavos”. Confirma el supuesto Juana Canaria. Sometida la isla a “nuestro servicio”, quedó en libertad “con los otros canarios, que nos mandamos que fuesen libres”, por haberse dejado bautizar, sin resistencia. Preparándose “para yr a la Ysla de Tenerife”, cuando Vera invitó a los varones a seguirle, prometiendo que saldrían aprovechados. Barruntando que terminarían en el mercado de esclavos, rechazaron la oferta. El gobernador quiso capturarlos, pero “se absentaron”, echándose al monte. Huido el marido de Juana Canaria, fue acusada de recibirle de noche, prestándole ayuda. Condenada a cautiverio, en Andalucía la compró un jerezano, destinándola a esclava doméstica. (L. Al. Toledo)
También en 1480, entre otras cosas que el gobernador Pedro de Vera hizo, luego que envió preso a Juan Rejón, fue mandar aprestar dos navíos, diciendo quería ir hacer guerra a Tenerife, a los guanches, y hacer una entrada; y mandó a percibir doscientos canarios de los que andaban en el real, haciéndoles grandes promesas y ruegos, con intento de desembarazarse de ellos, enviándolos a Castilla, por la poca confianza que de ellos tenía y por entender que, teniéndolos consigo, no se podía hacer ningún ardid contra los canarios, que ellos no fuesen avisados de éstos.
Y así, tenía tratado con los maestros de los navíos que, como se viesen fuera del puerto, navegasen la vuelta de Castilla. Embarcáronse los doscientos canarios, y con ellos el valiente Adargoma. Iba por capitán de esta empresa Guillén Castellanos, que había venido a esta conquista de Canaria por orden de Diego de Herrera, “hidalgo de mucha confianza.”
Como los canarios se vieron en el golfo, y no divisasen en el viaje al pico de Teide, y que antes iban en continuo alejándose dél, quisieron alzarse los canarios y matar a Guillén Castellanos y a los maestros de los navíos, y quisieron desfondar los navíos, para que todos se fuesen al fondo, con rabiosa determinación. Guillén Castellanos y los maestros, viéndose en este trance, arribaron a Lanzarote, y allí echaron a los canarios en tierra. Fueron apaciblemente recibidos por Diego de Herrera, y los naturales de Lanzarote los aposentaron; y allí quedaron por vecinos, hasta que después pasaron en socorro del Cabo de Aguel, donde casi todos perecieron. Súpose este suceso en el real de Pedro de Vera, y los canarios que allí se hallaron, escandalizados de este caso, se alzaron y metieron la tierra adentro, con los demás, y comenzaron a hacer nueva guerra, con mayor coraje y fervor. (Abreu Galindo, 1977)

El 10 de diciembre de 1480 se ordena en la metrópoli las reclutas de ladrones y asesinos para la conquista de  Gran Canaria. “Medina del Campo (f.50). Poder a Juan de Torres, corregidor de las villas, valles y merindades de Trasmiera, Peña Melera, Valdebeseros, Peña Samago, Peña Rubia y Val de los Herreros, para que en nombre de Sus Altezas pueda prometer palabra y seguridad de perdón a los delincuentes de su jurisdicción y del marquesado de Santillana y tierra del conde de Castañeda, salvo a los reos de traición, delito de falsa moneda, falsedad hecha en nombre de los reyes y saca de monedas de oro o plata, que fueren a servir a su costa en la conquista de Gran Canaria por espacio de seis meses, contados desde el día en que se presentaren a Pedro de Vera, capitán y gobernador de dicha isla, y de Miguel de Moxica, receptor de la misma. Se ordena a las justicias que no actúen contra las personas o bienes de quienes muestren la concordia hecha con Juan de Torres y fe de Pedro de Vera y Miguel de Moxica de haberla cumplido, pudiéndole exigir únicamente la restitución de los bienes que hubiesen tomado; y se ordena al chanciller y a los notarios que les libren las cartas y sobrecartas de perdón que necesitasen, con obligación de ser perdonadas por las justicias. La Reina. Rodericus.” (E. Aznar; 1981)











CRIMENES DE LESA HUMANIDAD COMETIDOS EN CANARIAS





CAPITULO I
Chaurero n Eguerew (*)

Las sanciones se aplicarán a los representantes de la autoridad del Estado y a los particulares que participen como autores o cómplices o que inciten directamente a la perpetración de alguno de esos crímenes, o que conspiren para cometerlos, cualquiera que sea su grado de desarrollo, así como a los representantes de la autoridad del Estado que toleren su perpetración.  Art. 1  de la Resolución de la ONU sobre la no prescripción de los crímenes de lesa humanidad.

Según La Asamblea General de las Naciones Unidas del 26 XI 1968, Resolución 239/XXIII, que  consta de un preámbulo y de 11 artículos, los crímenes de lesa humanidad:

“A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por crimen de lesa humanidad cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque: a) Asesinato; b) Exterminio; c) Esclavitud; d) deportación o traslado forzoso de poblaciones; e) Encarcelación u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales de derecho internacional; f) Tortura; g) Violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, esterilización forzada u otros abusos sexuales de gravedad comparable; h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género definido en el párrafo 3, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional, en conexión con cualquier acto mencionado en el presente párrafo o con cualquier crimen de la competencia de la Corte; i) Desaparición forzada de personas; j) El crimen de apartheid; k) Otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.”

Tal como recoge dicho estatuto, los crímenes de  lesa humanidad, no prescriben o sea no vencen y, por lo tanto  implícitamente no admiten indulto o perdón.

Además, las sanciones se aplicarán a los representantes de la autoridad del Estado y a los particulares que participen como autores o cómplices o que inciten directamente a la perpetración de alguno de esos crímenes, o que conspiren para cometerlos, cualquiera que sea su grado de desarrollo, así como a los representantes de la autoridad del Estado que toleren su perpetración.  Art. 1  de la Resolución de la ONU sobre la no prescripción de los crímenes de lesa humanidad.
“En lo que se refiere a la corona de Castilla, llama la atención el que, para Vicens Vives, el litoral de Huelva y de Cádiz, y no sólo el que está situado al este del Estrecho, está orientado hacia África más que hacia el Atlántico. Los reyes de Castilla, en fecha muy temprana, han apelado a consideraciones históricas y jurídicas para reivindicar sobre la Mauritania Tingitana los derechos que ellos pretendían haber heredado de la monarquía visigoda, cuyos sucesores eran. Desde este punto de vista, Marruecos forma parte de los objetivos a largo plazo de la corona de Castilla y es pensando en aquella perspectiva por lo que los monarcas castellanos siempre han tenido buen cuidado de reivindicar derechos sobre las islas Canarias, aun cuando no se encontraban en condiciones favorables para ocuparlas. Las Canarias, en efecto, ofrecen una de las bases de un ataque eventual sobre Marruecos, situándose la otra en el estrecho de Gibraltar. Cuando, en 1344, el papa Clemente VI crea el obispado de Telde (Gran Canaria) y, el mismo año, erige las Canarias en reino independiente que concede a Don Luís de la Cerda, bisnieto de Alfonso X el Sabio, dicha investidura queda sin efecto porque enseguida es discutida por el rey de Castilla que invoca sus títulos sobre la Mauritania. Para Castilla, el archipiélago canario es anejo a aquel territorio, debiendo por lo tanto quedar incorporado como algo consustancial y accesorio. Ello justifica las Alegaciones de Alonso de Cartagena (1384-1456) -que había recibido de Juan II el encargo de preparar un dictamen jurídico sobre el problema canario- para establecer la soberanía del Rey de Castilla sobre Canarias: su argumentación, consiste en combinar los “derechos históricos” de la supuesta sucesión del Rey de Castilla al último rey godo, a quien perteneció en su día la provincia Tingitana Mauritania, con el de la proximidad geográfica, para concluir que Canarias pertenece a Castilla, porque “el Archipiélago canario está más cerca de África (Tingitana Mauritania) que de Europa”. Presentado este documento por el embajador Luís Álvarez de Paz, el Pontífice preparó una bula, la Romani Pontificis, de 6 de noviembre de 1436, en la que reconocía al rey castellano su derecho sobre las islas. En 1449, Juan II de Castilla concede a D. Juan de Guzmán, duque de Medina Sidonia, toda la zona de África situada entre los cabos de Aguer y Bojador; aquel proyecto no dio lugar a ninguna ocupación efectiva, pero muestra el interés que tenía Castilla en defender a toda costa sus derechos sobre Canarias frente a las pretensiones de Portugal; demostraba el deseo de Castilla de ver en el Sáhara Occidental el hinterland natural de Canarias. En aquella época, el litigio sobre aquellos territorios se circunscribe a los reinos de Portugal y Castilla, con claro predominio del primero porque la situación interior del segundo no le permite todavía intervenir eficazmente. Castilla tiene que limitarse a reivindicar derechos que no está en condiciones de defender y confía en la iniciativa privada para ocupar puntos de apoyo en aquel sector. Sin embargo, en 1455, la bula Romanus Pontifex, confirmada, en 1456, por la bula Inter Coetera, ambas firmadas por Papa Nicolás V, parece dar la ventaja a Portugal al concederle la exclusividad sobre los territorios situados al sur del cabo Bojador, lo cual le confiere una posición privilegiada en el momento en que está preocupado por encontrar una ruta que, dando la vuelta a África, permitiera llegar hasta Asia.” (Joseph Pérez, 2004)
De todos estos cargos es acreedor el actual reino de Espana como heredero directo y usufructuario de de los reinos de Castilla y Aragón, invasores primarios de la nación canaria,  responsable directo del crimen de lesa humanidad sostenido en el tiempo con el pueblo canario, siendo también responsables como coayudantes los criollos canarios de servio cuyos esfuerzos van dirigidos a ocultar y tergiversar la realidad sociopolítica de esta colonia del Estado espanol en el noroeste de África.

Así mismo, los actuales dirigentes de la iglesia católica en Canarias, como herederos y continuadores ideológicos de aquellos primeros invasores que en su día aunaron sus intereses depredatorios y se apoyaron en la espada más que en el evangelio para conseguir sus propósito, también son culpables de los crímenes de lesa humanidad perpetrados contra el pueblo canario.

El propio ordenamiento jurídico del Estado español recoge las normas mediante las cuales deben regirse los hederos y sucesores. Así pues, no sólo se heredan el conjunto de bienes y derechos que integran el haber hereditario, sino que también se heredan el conjunto de obligaciones de toda índole que conforman el debe hereditario.

En ese supuesto ¿hasta donde alcanza la responsabilidad de los herederos? En términos generales diríamos que dicha responsabilidad no tiene límites, es decir, el heredero habrá de responder respecto de las obligaciones de la herencia, no sólo con los bienes y derechos que haya heredado sino incluso con los suyos propios.

Veamos un ligero inventario del debe heredado por el actual reino de Espana y de la iglesia católica de sus antecesores en esta colonia.

Las expediciones depredatorias al Archipiélago Canario organizadas desde el actual reino de España, con objeto de robar y esclavizar al pueblo guanche, son anteriores a la fecha reconocida oficialmente para la invasión y ocupación de las islas.

En 1345, aborda la isla Titeroygatra en busca de esclavos el capitán Álvaro Guerra y tomó posesión nominal de ella en nombre de  Pedro IV de Castilla, dándole el nombre de isla del Infante.

Ya desde 1351 los  mercaderes de esclavos Juan Doria (de Auria) y Jaime Segarra (de Sagarra), mallorquines, proyectan una expedición de treinta personas -religiosos, clérigos y seglares- para la “evangelización” de  las islas. Para ello cuentan con doce guanches esclavos (probablemente capturados en la expedición anterior) comprados por Juan y Jaime, convenientemente instruidos en la fe de la secta católica. Para llevar adelante el proyecto piden como era preceptivo autorización al Papa de turno.

Consta que en el año 1352, Pedro IV el Ceremonioso, había solicitado a su Lugarteniente en la isla de Mallorca, un informe acerca de cómo habían sido introducidos en dicha isla doce indígenas de la isla de Gran Canaria, los cuales habían llegado allí en alguna expedición procedente de las razias mallorquinas en Canarias en el año 1342.

En 1391 los genoveses Bartolomé Scariafíga y Bartolomé Bargazo y el sevillano Juan González organizan una expe­dición a las islas Canarias. La nave Santa Ana, tripulada por andaluces y catalanes, toca en Erbania (Fuerteventura) y continúa hacia Guinea. En noviembre de ese año se registra la venta en Barcelona de un esclavo indígena de Fuerteventura que pudo ser llevado por la citada expedición.

Una banda de saqueadores que componían una expedición esclavista (vizcaíno-sevillana) al mando de Gonzalo Peraza Martel, señor de Almonáster, vizcaíno, 1393 llega con licencia de Enrique III de Castilla a las islas al frente de una expedición de cinco navíos. Saqueó la isla de Titoreygatra (Lanzarote) y se volvió a Castilla con despojos, y con la presa de  los reyes de Titoreygatra (Lanazarote) Guanareme y Tinguafaya junto con 170 guanches maxos mas,  esclavizados.

A partir de 1402 comienza la invasión digamos “reglada” de archipiélago patrocinada por Castilla, presumiblemente impulsada más que por razones geoestratégicas, por razones depredatorias y esclavizadoras. Así tenemos que el 1 de mayo de 1402, los piratas Jean de Bethencourt y su socio Gadifer de Lasalle parten de La Rochela para Cádiz el 1 de con ochenta franceses, a los cuales se unen otros aventureros castellanos. 

Tras hacer frente a un motín de la tropa y marinos quienes reclamaban los salarios atrasados de meses, Bethencourt consigue contentarlos pagándoles parte de los mismos gracias a un préstamo concedido por un tío suyo, tras robar un ancla y un esquife a un capitán inglés, prosiguen viaje a Lanzarote a donde llegan a fines de junio.

El 28 de noviembre de 1403 el Papa Clemente VI, mediante una bula da la titularidad de la invasión del archipiélago los reyes castellanos. En ese año el pirata normando gestiona ante Enrique III (no ante Juan II que, dice el Padre Las Casas) su supuesto señorío de Canarias y pide ayuda; y recurre al Papa Benedicto XIII, en Avignon, para pedirle también ayuda material y espiritual: indulgencias y privilegios de cruzada y la creación de un obispado en el fuerte de Rubicón.

Enrique III de Castilla expide una Real Cédula, que confirma al pirata Juan de Bethencourt señor feudal de Canarias y vasallo del rey castellano, e hizo pregonar, en sus puertos, severa prohibición de acercarse a las Islas Canarias, sin licencia del normando (Jean de Bethencourt), que empantanado en su invasión y conquista.

El Papa Benedicto XIII, en Avignon, el 7 de julio de 1404 concede a Bethencourt las indulgencias y privilegios de cruzada y erige el obispado de la secta católica de Rubicón {Róbigo) en la isla de Titoreygatra; y por la bula Apostolatus officium del 7 de julio de 1404, nombra a Fray Alfonso de Sanlúcar de Barrameda, O.F.M., obispo de esa diócesis. (Las Casas)

En octubre de 1405 Bethencourt invade y somete la isla Esero (hierro) “Y aquel Augeron era hermano del rey de la isla; y aquel interprete hizo tanto, que volvió con con su hermano y con 111 personas, con dicha seguridad; y fueron conducidos a la presencia de Monseñor de Bethencourt, y Mons. De Bethencourt guardó para sí a 31 de ellos, de los cuales el primero era el rey; los otros fueron repartidos como botín y algunos fueron vendidos como esclavos.” Le Canarien, p.197)

A continuación y por razones de espacio expondremos abreviadamente algunas de las cristianas actuaciones de estos piratas y algunos de sus secuaces en las islas invadidas:

…Bertín de Bernebal. –id y decid al rey y los que están con él, y yo los defenderé y yo los defenderé bien contra los españoles…acudieron a la aldea (Teguise) hasta un numero de 24 después de haber cenado los canarios bertín los mando a dormir y de esta manera unos se durmieron y otros no, …llegada la hora se puso delante de su puerta espada en mano y los mandó prender …y directamente al puerto de la isla Graciosa donde esta la nave de España Tajamar y llevó consigo los esclavos prisioneros… (Le Canarien, p. 91-92) …Bertín regresa a España en la nave Tajamar llevando a esclavos capturados en Lanzarote…(Le Canarien p.101) …Algunos días depuse llego la nave Tajamar al puerto de Cádiz en la cual venía Bertín llevando consigo a los pobres canarios habitantes de la isla de Lanzarote para llevarlos a vender como esclavos en Aragón…(Le Canarien p.105)

La intención de Gadifer era tal, que si  no encuentran otro remedio, maten a todos los hombres de defensa del país y guarden a las mujeres y a los niños y los hagan bautizar y que vivan como ellos hasta que Dios les ayude de otra manera… (Le Canarien p.117) ...obligados a coger el rumbo de la isla del Hierro allí prendieron cuatro mujeres y un niño… y actualmente no hay sino poca gente porque cada año los cautivan. Y todavía el año 1402 fueron presas según dicen cuatrocientas personas…(Le Canarien, p.129-130

 Ausente Bethencourt de las islas en 1403, Berthin de Berneval se rebela contra Gadifer; y, uno y otro, hacen asaltos y esclavizaciones en las islas (Hist., I, 17; BAE, XCV, 65b. (Las Casas)…Y regresaron todos sanos y dispuesto y encontraron a los compañeros en buena forma, quienes tenían más de cien prisioneros (guanches maxos) en el castillo de Rubicón, entre los cuales había habido gran mortandad, tenían a sus enemigo tan apurados que no sabían que hacer y venían cada día a rendirse, hoy unos y mañana otros, tantos que pocos hombres han quedado con vida sin ser bautizados… (Le Canarien. p.130-131)

Por no cambiar la costumbre, Bethencourt después de su segundo viaje a Castilla se instaló en Lanzarote, levantando casa de piedra seca y barro, sobre restos de la fortaleza, que tuvo su predecesor. Domicilio social de empresa, dedicada a la exportación de cueros, sebo y guanches, saturado el mercado sevillano, Jean vendió esclavos en Aragón y Francia. Amasada considerable fortuna, traspasó el negocio a su sobrino Maciot de Bethancourt o Mosén de Menaute, abandonando la vida en la  colonia. Enterados los vasallos de Maciot, de que el bautismo por el rito cristiano les ponía a resguardo de la exportación, lo solicitaron a una voz. De haber sido hombre de escrúpulos, el tratante en esclavos hubiese perdido su fuente de ingresos, pero al no inquietarle las cuestiones de fe, exportó cristianos e idólatras lanzaroteños indiscriminadamente, confiando en la falta de autoridad, de una iglesia católica dividida. (L. Álvarez de Toledo)

…Y en cuanto a la isla de Lanzarote que se llama en su lengua Tytheroygatra…tiene gran cantidad de aldeas y casas hermosas, y solía estar bien poblada pero los españoles y otros corsarios del mar los han cautivado varias veces y llevados en esclavitud hasta que quedaron poicas gentes. Porque, cuando llegó Mons. De Betehencourt, sólo había 300 persona que conquistó con mucho trabajo y con grandes esfuerzos,… (Le Canarien. pags. 169-170)… Entonces regresó Aníbal con algunos de la compañía a su posada, bien deshechos y heridos, llevando consigo mil cabras lecheras… (Le Canarien. p.176)… (Bethencourt)-No me gusta que le hagáis ningún agravio y quiero que tenga su parte justa de prisioneros… (Le Canarien. p.179) Maciot de Bethencourt, lugarteniente de su tío Juan, “rey de Canarias”, ataca en 1407 a La Gomera y esclaviza a guanches (Híst., I, 17; BAE, XCV, 66b); pero no logra conquistarla.

El Papa Benedicto XIII, en Zaragoza (?),  no se sabe a ciencia cierta porqué motivos (aunque posiblemente por su participación en la esclavización de los naturales o quizás porque no pagaba a Roma los cánones acostumbrados) en 1414 retira al pirata Juan de Bethencourt las indulgencias y privilegios que le había concedido para la invasión y conquista de las Islas Canarias; y suspende al obispo Fray Alonso de Sanlúcar de Barrameda de sus funciones episcopales en la colonia.

En 1417 Fray Mendo de Viedma, O.F.M., obispo de Rubicón, se enfrenta a Maciot, sobrino y lugarteniente del “rey de Canarias” el pirata Juan de Bethencourt, porque esclaviza a indígenas ya cristianizados y los vende en Sevilla; y, mediante un hermano suyo (del obispo), lo denuncia a la reina regente de Castilla doña Catalina de Lancáster y le comunica la conveniencia de que se le eche de las Islas Canarias, pues no le quieren por señor (Hist., I, 19; BAE, XCV, 76a-b). Comienza así los enfrentamientos entre colonos eclesiásticos y seglares por el predominio de los diezmos y supuestas jurisdicciones sobre los isleños. (Las Casas)

Pedro Barba de Campos es enviado en 1418 por la reina regente de Castilla con tres navíos a las islas para tomarlas y con poder de la reina regente, trata con Maciot que éste le venda las islas, el cual se las vende con poder de su tío el pirata Juan de Bethencourt (Ibid., p. 76b); menos Titoreygatra (Lanzarote).

El rey castellano Juan II cede en 1420 a favor de Alfonso de Las Casas  los supuestos derechos de conquista sobre las islas no dominadas en el Archipiélago Canario, que eran Tamaránt (Gran Canaria), Benahuare (La Palma), Chinech (Tenerife) y Gomera, no es un suceso casual sino que corresponde aun criterio político bien meditado, una vez que se consideró agotada la vía abierta en 1402 por los piratas Juan de Bethencourt y Gadifer de La Salle, e inadecuada la cesión total de la empresa isleña a un gran noble como era el conde de Niebla. La merced hecha por Juan II, respaldada en los tiempos que siguieron por su privado Álvaro de Luna, era una intervención nueva, indirecta pero efectiva, de la monarquía castellana en la rapiña de las islas.

Liquidado el cisma de la bicefalia en la iglesia católica  Martín V, nombró a D. Mendo obispo de Canarias. Enfrentado a Maciot, aprovechando que un Pedro de Castilla pasaba a la corte, hizo saber a Juan II las complicaciones que le acechaban, de saberse en Roma que uno de sus vasallos, convertía a los cristianos, en mercancía. Con enredos sobrados a domicilio, a causa de su amistad con Álvaro de Luna.

Maciot pasando a Madeira, vendió el archipiélago por partida doble, a dos señores que lo consideraban propio: Enrique el Navegante y el Conde de Niebla (Bernáldez ofrece versión original, sobre el incómodo señorío de los Guzmanes: conquistadas algunas de las Canarias por Mosén de Bethancourt, las vendió al padre del primer Duque de Medina Sidonia, al que llama Juan Alonso, en lugar de Enrique. Este las cedió a Fernán de Peraza, “que vivía con él”, a cambio de “ciertos lugares”. Peraza fue acusado de no haber conquistado las islas mayores, ni sido recibido por los “regimientos”, de las tres islas, a más de haber conseguido, “por halagos o como quier que fue”, hacerse tratar como rey, por todos los canarios (Bernáldez. Cap. XXV). Barba hizo lo propio por su parte, apenas pisó Sevilla, comprando Fernán de Peraza, fiel ejecutor del rey, casado con Inés de las Casas, que vivía en la collación sevillana de San Vicente, pero no en casa de los Guzmanes.

Harto de los problemas que creaban las Canarias, el de Niebla cedió sus derechos, en 1430, a Guillén de las Casas, alguacil mayor de Sevilla, criado de su casa, si no testaferro. Investido por Juan II como señor de las islas, fue a Titoreygatra (Lanzarote), encarcelando a Maciot en Esero (Hierro). Enterado Enrique el Navegante, mandó armada para liberarle, siendo reintegrado a su domicilio de Titoreygatra (Lanzarote). (L.A. Toledo)

Muere Guillén de las Casas en 1441 y hereda el señorío de las islas Canarias Fernán Peraza, señor de Valdeflores (que era lugarteniente de aquél en las islas que había “adquirido” en 1430), quien había casado con Inés de las Casas, nieta de Guillén e hija de Juan de las Casas.

Los colonos Fernán Peraza y Guillén, su hijo, consiguieron mediante pactos establecerse en la Isla Gomera y, iniciaron en 1449 la construcción de  la denominada Torre del Conde en Ipalam  (San Sebastián), en previsión contra las esporádicas revueltas de los gomeros, que solían alentar los portugueses, especialmente interesados en la isla dicha torre se concluyó en 1450. También consiguieron el dominio total sobre Esero (El Hierro), al parecer con la ayuda del vasco Juan Machín de Arteaga, que había vivido antes en Madeira y casó con una hija del rey  bimbache (herreño). Hicieron incluso alguna intentona de conquista contra Benahuare (La Palma), donde murió Guillén a mano de los awaras (palmeros), poco después de su padre Fernán, con lo que el señorío completo recayó en manos de la despiadada y sanguinaria Inés Peraza.

La colona Inés Peraza, una vez fallecidos su padre Fernán Peraza en 1452 y su hermano. Casó con Diego García de Herrera, hijo del mariscal Pedro García de Herrera y regidor del Cabildo sevillano en 1453. Con Herrera entra en juego un nuevo linaje en la colonia, esta vez de origen cortesano. Asumido el señorío de las Canarias por estos invasores colonizadores, se convirtieron en campeones sin rival de las cabalgadas de saqueo de España en Berbería de Poniente. Herrera, el esclavista sevillano, dirigió y alentó un sinfín de expediciones o cabalgadas al  continente, de las que siempre regresó victorioso y enriquecido. No puede sorprendernos que sus constantes relaciones con el continente le hiciesen abrigar el propósito de erigir en la costa un establecimiento fijo, una torre-factoría, que le permitiese el cómodo acceso a la ruta del oro de las caravanas, al par que la iniciación de estrechos contactos con las tribus, con vistas a su futura dominación política. Sus constantes cabalgadas en el continente le hiciesen abrigar el propósito de erigir en la costa un establecimiento fijo, una torre-factoría, que le permitiese el cómodo acceso a la ruta del oro de las caravanas. (Rumeu de Armas)

Estando la Corte castellana en Cuéllar, el 7 de septiembre de 1454, el  juez licenciado Pedro González de Caraveo, oidor de la Real Audiencia de Sevilla y alcalde de su Casa y Corte., a instancia del apoderado de Herrera, pronunció sentencia definitiva en rebeldía del demandado Maciot, que no se atrevió a comparecer, dictó sentencia en la cual se resolvía el litigio en esta forma: «Fallo que la dicha isla de Lanzarote, con el señorío e jurisdicción della e con los frutos e rentas e pechos e derechos, pertenecen e deben pertenecer a la dicha Dña. Inés, así como a fija legítima, universal heredera del dicho Femad Peraza, e pronuncio e declaro pertenecerle todo ello, e que debo mandar e mando que le sea dejada e entregada libré e desembarazadamente, sin embargo nin contrario alguno, con los frutos e rentas e pechos e derechos que han vencido fasta aquí, desde el día quel dicho Mosen Maciote fizo la dicha enagenación e traspasamiento de la dicha isla en el dicho infante D. Enrique, e non guardó ni cumplió las dichas condiciones, según la forma y tenor del dicho recaudo que fizo e otorgó al dicho Guillén de las Casas...». No satisfecho Herrera con tan completo triunfo, quiso que la sentencia fuese ratificada por el rey, que lo era ya Enrique IV, el cual, hallándose en la villa de Arévalo, expidió cédula con fecha 28 de aquel mismo mes y año dirigida «al consejo, alcalde, alguacil e regidores, escuderos, oficiales e hombres buenos de la isla de Lanzarote», encargándoles guardasen y cumpliesen lo en ella contenido. (Agustín Millares Torres; 1977. t. II: 109)

La corona de Castilla otorga en 28 de septiembre de 1454 a los colonos Diego de Herrera y Inés Peraza el señorío de Titoreygatra (Lanzarote), en su política de pleno dominio del Archipiélago como base permanente desde donde penetrar al continente para saquearlo, extrayendo oro, esclavos y especias. Los habitantes de la isla tanto los colonos europeos como sus naturales estaban molestos con la tiranía del esclavista Diego de Herrera y comenzó un motín. Los amotinados hicieron prisionera la tripulación de una carabela portuguesa dedicada a la trata de esclavos, la cual una vez liberada por Herrera fue vital en la sofocación de la revuelta.

1455 Agosto 24. El 24 de agosto de 1455, arriba a la isla Titoreygatra (Lanzarote) Adrían de Bethencourt, apoderado de Herrera y su mujer envían por estos a la isla para preparar la llegada de estos nuevos colonos, quien, provisto de la Real Cédula confirmatoria de la Sentencia y de otras cédulas importantes, se presentó en Lanzarote en esas fecha acompañado del escribano Juan Ruiz y, convocando y reuniendo en la iglesia de Santa María a la hora de nona del domingo 24 de agosto de 1455 a la nobleza y pueblo, les presentó sus despachos, entre los cuales se hallaba su nombramiento de gobernador de las Islas de Canaria por los muy altos y poderosos señores don Diego de Herrera y doña Inés Peraza, exhibiendo seguidamente el fallo judicial dictado a favor de los mismos y los privilegios y franquicias que concedían sus nuevos súbditos. Después de su lectura, el alcalde mayor y secuestrario, Alonso de Cabrera, hizo entrega a Béthencourt de las casas señoriales, prestando con sus oficiales, empleados y personas principales de la isla juramento de fidelidad a sus señores, para lo cual se trasladó por segunda vez ala iglesia y dejó su vara de justicia en manos del gobernador. Al siguiente día, acompañado éste del alcalde y alguacil que había nombrado y eran Pedro de Aday y Juan Calderón, recorrió con ellos los pueblos de Tayga, Tao, Tyuhuya, Eque, Guiafuso, Tigalae y Rubicón, recibiendo de todos los colonos sumisas manifestaciones de adhesión.

Concluyóse esta visita el jueves 28 de agosto en la playa y puerto de Rubicón, en cuya torre entró y salió como signo de la posesión que de ella tomaba.

Aunque en las diligencias que de estos diversos actos se extendieron no aparece resistencia ni protesta alguna, se sabe que el secuestrario Juan Iñíguez de Atabe pretendió oponerse al allanamiento hecho por su apoderado Alonso de Cabrera, pues consta que en 16 de septiembre del mismo año el rey expidió Real Cédula, dirigida al mismo secuestrario, ordenándole que dejase libre la isla a Diego de Herrera y le entregase las rentas que se hallaban en depósito, con excepción de las que pertenecieran al Estado. En la dicha Cédula se disponía, además, que para cobrar las costas a que había sido condenado Maciot, se le embargaran los bienes muebles y raíces que poseyera en el Archipiélago y, a falta de ellos, se apoderasen de su persona si pudiese ser habida. (Agustín Millares Torres; 1977. t. II: 109-10)

El monarca castellano Enrique IV cedió en 1460 los supuestos derechos de conquista en Chinech (Tenerife), Tamaránt (Gran Canaria) y Benahuare (La Palma) a los condes de Atouguia y Vila-Real, Martín de Ataide y Pedro Meneses de Castro, aunque bajo dependencia castellana.

El 12 de agosto de 1461  Diego de Herrera, después de haber comprado las cuatro islas invadidas y ocupas conquistadas por el pirata Juan de Letancurt, quiso seguir sus pasos.

Desembarcó en la isla Tamaránt (Gran Canaria), y al acudir los canarii a obsequiarle, ordenó al escribano público Fernando de Párrega, que tomando esta cortesía por sumisión, diese fe de ella.

Empezó con gente forastera y con sus vasallos a asaltar a los canarios, los cuales, estando acostumbrados a la guerra contra diversas naciones, hasta al fin siempre salieron victoriosos. Entre muchas escaramuzas que tuvo con ellos, hubo una memorable, cerca de la villa de Tirahana, en la cual, además de haber perdido mucha gente, fue obligado a retirarse a la orilla del mar, en lugar fuerte.

Viendo él que, al unirse los canarios entre ellos, cada día se hacían más difíciles de vencer, procuró desunirlos, para que, asaltándolos un día aquí y otro día allá, pudiese conseguir la victoria a poco a poco y más fácilmente de este modo. Para ello, ordenó a Diego de Silva, hidalgo portugués que había llevado consigo a esta guerra, que con doscientos soldados escogidos fuese a asaltar la villa de Gáldar. Llegado Silva a Gáldar y trabado que hubo la batalla con los galdarenses, tuvo lo peor, de modo que lo obligaron a retirarse en un sitio cercado de piedra, donde peleaba desesperadamente, siendo aquélla su última defensa. Y estando allí, como vio en poco espacio de tiempo qué algunos de los suyos morían y otros quedaban heridos, astutamente pidió que hablase con el rey de los galdarenses y prometió rendirse bajo ciertas condiciones.
(Leonardo Torriani; 1959: 122-129)

Diego López de Illescas, colono impuesto como obispo de Rubicón, formaliza «pactos de paces» con los «bandos o reinos» guanches  de Gáldar y Telde, en Tamaránt (Gran Canaria), que fueron firmados el 16 de agosto de 1461 por el obispo y por Diego García de Herrera, colono autoerigido en señor de las islas. En sus negociaciones con los indígenas recabó le permitiesen la construcción de una Torre en Gando, que como se sabe fue luego demolida por el Guayre Maninidra.

El jefe de la secta católica el Papa Pío II ratifica en 1462 los privilegios concedidos por sus predecesores (Eugenio IV y Nicolás V) a la “evangelización” de las Islas Canarias; aprueba los “pactos de paces” que hiciesen los obispos con los guanches; prohíbe bajo excomunión la esclavización de los guanches de los bandos o reinos de paces; manda que se dé libertad a los que, de los mismos, hayan sido hechos esclavos; y concede amplias indulgencias a quienes cooperen en la redención de cautivos o ayuden a reprimir la depredación y esclavizaci6n de los guanches (Bula Pastor bonus, de Petreoli -Siena-, a 7 de octubre de 1462). Así, de favorecer las invasiones y conquistas sangrientas con indulgencias de cruzada, se ha pasado a favorecer la “evangelización” pacífica con indulgencias similares.

Pedro de Meneses, conde de Vila Real, en 1463 suplica al Papa Pío II autorización para conquistar las islas de Tamarant (Gran Canaria),  Chinech y Benahuare (Tenerife y La Palma) (concedidas por Enrique IV de Castilla) en vistas a convertir a los guanches a la fe cristiana. Eufemismo que oculta las verdaderas intenciones de estos aventureros, la de saquear y esclavizar a las poblaciones guanches.
El 21 de julio de 1464 los Menceyes de Chinech (Tenerife) aceptan un tratado comercial con el colono Diego de Herrera, conocido como “Acta del Bufadero”, mediante el cual se les permitía instalar en Añazu un centro de contratación, los colonos reinterpretaron este acuerdo como un sometimiento territorial y político de la isla. Construyeron una torre en la desembocadura del Barranco de Bufadero desde donde se dedicaron a hacer correrías por el interior de la isla robando ganados, capturando y esclavizando a los guanches, y otros abusos, provocando enfrentamientos que motivaron que los guanches de Anaga expulsaran a los castellanos y demolieran la torre.
“A todos quantos esta carta vieredes que Dios honrre guarde de mal, yo Ferrando de Parraga escriuano público de ventura en lugar de Alfonso de Cabrera escriuano público en las islas de Canaria por mi señor Diego de Perrera señor de las dichas islas con auctoridad e decreto quel dicho señor me dio vos do fee e fago saber que en presencia de mí el dicho escrivano e de los testigos que de yuso serán escriptos en como en sabado veinte e un dias del mes de jullio año del nasçimento del nuestro señor Jesucristo de mill e quatroçientos e sesenta e quatro años estando en la isla de Thenerife una de las yslas de Canaria en un puerto que se llama El Bufadero estando ende el dicho señor Diego de Ferrera señor de las dichas islas con çiertos navios armados con mucha gente que trayan en los dichos navios vinieron ende paresçieron ante el dicho señor el grand rei de Imobach de Tauro el rey de las lançadas que se llama rey de Goymad el rey de Naga e el rey de Abona e el rey de Tacoronta e el rey de Benicod e el rey de Dexe e el rey de Tegueste e el rey de Daute e todos los sobredichos nueve reies juntamente fizieron reuerençia e besaron las manos al sobredicho señor Diego de Ferrera obedesçiendolo por señor presentes los trujamanes que ende estavan los quales eran rey Darmas que a nombre Lançarote e Matheos Alfonso e otros muchos que sabían la lengua de la dicha isla de Thenerife e luego Juan Negrin rei de Armas levantó el pendón y dixo a altas bozes tres bezes Tenerife Tenerife Tenerife por el rey don Enrrique de Castilla y de León y por el generosso cauallero Diego de Herrera mi señor. E luego los sobredichos reyes de la dicha ysla de Theneriffe dixeron al sobredicho señor Diego de Herrera que por quanto ellos conosçian bien que él era señor de todas las islas de Canaria por justo e derecho titulo e razón que a las dichas islas tenia e por la conquista que les fazia e mandaua fazer luengos tiempos auia que ellos todos juntamente de sus propias voluntades e cada uno por si en sus señoríos sin premia ni constreñimiento ninguno les plaze obedesçer e obedesçen al sobredicho señor por su señor e se ponen debaxo de su señorío e obediencia e le quieren dar e dan libre e desembargadamente la tenençia e poseçion e propriedad e señorío de toda la dicha ysla de Theneriffe para que de oy en adelante el dicho señor la tenga e posea toda enteramente como cosa suya e pueda en ella e en toda ella mandar e vedar e fazer jutiçia çivil e criminal asi como en cada una de las otras islas conquistadas metidas debaxo de su señorío e que desde oy en adelante los sobredichos reyes todos juntamente e cada uno por sí e por sus subçesores e por los fidalgos e gentes de sus señoríos que a todo estavan presentes e les plogo e consintieron en todo lo sobredicho se desapoderan de la tenençia e propriedad e posseçion e señorío e juz que en la dicha isla thienen e lo dan todo enteramente en mano e poderío del dicho señor Diego de Ferrera su señor e para que administre y rija las dichas justicias asi çiuil como creminal e el governamiento dellas e que para oy en adelante se davan por sus vassallos e se avassallauan a el e a su mandado e se dauan por sus buenos vasallos e fazer su mandamiento en todo e por todo e luego el dicho señor Diego de Ferrera dexo ende sus navios e gentes e desçendió e subió por la tierra arriba bien serca de dos leguas con los dichos reyes follando la tierra con sus pies en señal de poseçion e cortando ramas de arboles que en la dicha isla estauan en los dichos reyes metiéndolos en la dicha poseçion pacificamente non ge lo conturbando nin contrallando persona alguna yendo con el por la dicha tierra aconpañandolo e faziendo todo gazajado e servicio que podían e luego el dicho señor Diego de Herrera mando a los dichos reyes que cada uno en su nombre por si en sus tierras e señoríos que governassen e mandassen en la justicia por el la qual les dio e encomendó a ellos e cada uno dellos prometieron de la gouernar e mandar por el en su nombre como buenos e leales vassallos bien e lealmente so pena de caer en mal cabsso (... ) ques (...) por su señor les (...) leal (...) la ysla de Fuerteventura e Luis de Casañas vecino de la dicha isla e Lansarote e Jacomar del Fierro e Anton de Simancas vecinos de la dicha isla del Fierro e otros muchos que sabían la lengua de la isla de Thenerife. Va escripto siete rayos o diz Lansarote no en pesca e yo el dicho Hernando de Parraga escrivano (...) dicho que fize escrivir esta carta e fiz en ella mio signo a tal en testimonio de verdad. Didacus Episcopus rubicensis e Fernando de Parraga escrivano publico. Este es treslado bien e fielmente sacado de una escritura original escripta en pergamino signada y firmada de Fernando de Parraga escribano publico que para sacar este treslado a pedimiento de Melchior de Armas Negrin alcalde mayor desta isla de Fuerteventura me fue entregada por el señor Gonçalo Argote de Molina provinçial de la Sacta Hermandad de Andaluzia por el rey nuestro señor conde de Lansarote y señor desta isla de Fuerteventura y de la torre de Gildolid y alférez mayor de la milicia veyntiquatro de Sevilla el qual dicho oreginal resçibio su señoría en su poder y de como lo resçibio firmo de su nombre siendo testigos a lo ver y corregir e consertar Alonso López Patiño veyntiquatro de Xerez de la Frontera y Gerónimo de Aguilera Valdivia sargento mayor desta dicha ysla por el rey nuestro señor. [Firmas] Pedro Negrin Galán escrivano publico mayor y del conçejo desta ysla de Fuerteventura por nombramiento de los muy ilustres señores presidente e oidores de la rreal audiençia destas yslas y vesino de Gran Canaria a lo que de suso se hace mension presente soy y lo hise escrevir e por ende fiz aqui el testimonio signo que es a tal en testimonio de verdad. Pedro Negrin Galán, escribano público.”

(seudónimo de Eduardo Pedro García Rodríguez)


(A.H.P.S.C.T. Protocolo 1.106, escribano Juan Anto­nio Sánchez de La Torres, folio 54).






COMENTARIOS A UNA NOTA DEL PSOE ESPAÑOL EN CANARIAS



 Chaurero n Eguerew.*


Parece ser que sus señorías no tienen tiempo para ocuparse en tratar de buscar soluciones que aportar al gobierno supuestamente autónomo del Archipiélago Canario tendentes a evitar que más del setenta por ciento de las familias canarias no tengan que hacer ejercicios de verdadera ingeniería económica para poder hacer frente a la hipoteca o alquiler de sus viviendas, el recibo de la luz o del agua, e incluso a la modesta bombona de gas butano- la cual ya va por 14 euros-, sin entrar en detalles de la ingente cantidad de impuestos a que se ve sometido el ciudadano canario para sostener el doble costo de administraciones paralelas. 

Y no digamos de la denominada cesta de la compra, cuyos productos básicos elevan sus precios día a día, al parecer y según algunos políticos de servicio debido a la carestía del petróleo, pero es el caso que mientras el petróleo baja su precio en algunos céntimos, los productos alimenticios y los servicios básicos suben en algunos casos de forma desmesurada, mientras, sus señorías se aumentan sus fabulosos e inmerecidos sueldos y dietas e incluso se dotan de ordenadores portátiles a costa de los sufridos y obligados contribuyentes canarios.

Al parecer, sus señorías prefieren dedicar su relativa actividad a atacar la libertad de expresión y en especial a determinado medio de comunicación social, quizás en contraposición de su amada Constitución española, la que por lo visto no debe aplicarse en su totalidad en esta colonia situada en el noroeste del Continente Africano, arguyen sus señorías que las editoriales de dicho medio de comunicación atentan contra la dignidad – palabra que suena extraña en boca de ciertos sujetos- de la isla hermana de Tamaránt (Gran Canaria), es cuando menos desconcertante que esta línea editorial mantenida durante más de dos décadas por dicho medio de comunicación, jamás había despertado la fibra sensible y  patriotera de sus señorías mientras fueron útiles para mantener avivado el denominado pleito insular, falacia creada por la metrópoli y sostenida durante más de un siglo por los estamentos serviles coloniales dominados por la burguesía  criolla depredadora y especuladora  de las dos “provincias” canarias, pleito que jamás ha sido secundado por el pueblo canario.

Lo que realmente ha suscitado la “sensibilidad” de los miembros de este parlamento supuestamente canario y supuestamente representante de todo el pueblo canario y, que además está presidido por un ciudadano español como afirmación de su canariedad, es el hecho de que en dicho editoriales se aborde con valentía y sin tapujos la realidad política y social de Canarias, exponiendo con claridad un hecho reconocido internacionalmente y que está presente en la mente de casi todos los canarios, es decir, el hecho colonial –que no diferencial como arteramente dicen los políticos de servicio- de nuestra Matria, la cual fue invadida y ocupada militarmente no gratuitamente, ya que la invasión fue repelida durante casi un siglo de guerras, hasta que la superioridad armamentística y la falacia consiguieron que lamentablemente, aún continuamos ocupados y dominados por un país europeo. Por tanto, creemos que los mencionados editoriales sólo reflejan los sentimientos de la mayoría del pueblo canario que sólo exige lo que en justicia es suyo y que en su día le fue arrebatado cruentamente por medio de la fuerza de las armas, su dignidad, su ancestral cultura, su religión, su territorio, su mar, su cielo, sus medios de producción y su libertad, entre otras cosas.

Centrándonos en el tema que da título a este artículo veamos una nota plañidera hecha pública por los responsables de la sucursal del Partido ¿Socialista? ¿Obrero? español en Canarias, partido que por cierto, hace mucho tiempo que perdió la “O” de obrero en las antesalas de los despachos de la banca y de las grandes empresas, veamos la nota en cuestión publicada en Canarias al día.com.:

 “El PSC-PSOE acusó esta tarde a la Televisión Canaria de "ocultar" la condena a los editoriales del periódico "El Día" aprobada este miércoles por el pleno del Parlamento por la "cobardía" del presidente canario Paulino Rivero.”

No entiendo como se puede acusar al Sr. Paulino Rivero de “cobarde” cuando es uno de los más valientes defensores en Madrid de la españolidad de Canarias, quien sin ningún rubor sostuvo en el Parlamento español que de no ser por el muro de contención que la Coca supone para el independentismo en Canarias, la historia sería otra.

“En un comunicado, el partido socialista considera una vez más que los responsables de la televisión autonómica han hecho "un ejercicio de manipulación descarada" a "las órdenes de Paulino Rivero".”

Sigo sin comprender como la televisión supuestamente autónoma puede hacer un ejercicio de manipulación descarada, cuando toda su programación se basa en burdas imitaciones de las programaciones estatales y por productoras netamente españolas, donde además en cualquier programa venga a cuento o no, nos sueltan los consabidos “como en el resto de España” “La comunidad española con los mejores servicios de…”, Etc. Etec.

“Los socialistas atribuyen el hecho a "la cobardía de Rivero a la hora de enfrentarse al periódico" tinerfeño.”

Pienso que debe ser la misma cobardía que le impide arremeter contra ciertos despropósitos expuestos  por el periódico El País.

“Rivero, añaden, en lugar de "defender a todos los canarios por igual", ordena "a los responsables de la televisión pública que oculten la realidad a los canarios".”

Ciertamente, echamos de menos información sobre: La RIC, el Macrocampo de Concentración o Macro Cárcel de Juan Grande, La Operación Góndola, las prospecciones mineras de Tindaya, del ICFEM, la playa de Las Teresitas, los ayuntamientos de Telde o Mogán, las ilegalidades de una tercera parte de los hoteles de lujo en Lanzarote, la totalidad del anterior grupo de gobierno de Arona imputado o las corrupciones del PSOE en el Sur de Tenerife, la isla de La Gomera o el municipio de El Rosario, la tercera pista de Gando, el mayor pelotazo de la historia colonial de Canarias que es la construcción del puerto de Granadilla y el desmantelamiento del puerto de Santa Cruz para crear centros comerciales, de ocio y turísticos. El desalojo de los vecinos de Chobito, la detención de diez guardias civiles por cohecho en el Aeropuerto de Gando, La trama eolica, la trama del gas natural de Canarias, el caso Arona, la "operación Brisan", la…. “Diez guardias civiles, algunos de ellos con varios años de antigüedad en el servicio y pertenecientes al servicio fiscal del aeropuerto de Gran Canaria, han sido detenidos por pedir y cobrar dinero a extranjeros para cumplimentar sus trámites aduaneros en las instalaciones aeroportuarias, informaron fuentes de la Delegación del Gobierno español en Canarias.”

“Ello demuestra, a juicio del PSC, que la TVC es "una televisión manipulada, cobarde e incapaz de reflejar la realidad informativa de las Islas, que en este medio de comunicación se reduce a amarillismo y propaganda".”

En esto, totalmente de acuerdo, sobre todo en las ocasiones en que  interviene el PESOE.

“El pleno del Parlamento de Canarias manifestó hoy su rechazo a los ataques a la unidad de los canarios y a la dignidad de la isla de Gran Canaria y a las ideas xenófobas y a la incitación a la subversión del orden constitucional que, agrega, de forma reiterada defiende el editorial del periódico El Día.”

¿Usted se lo cree...?

“En una manifestación institucional leída ante el pleno del Parlamento se indica que el estado de derecho garantiza que todas las opiniones y posiciones ideológicas se expresen libremente siempre que observen el respeto debido a las leyes y a la dignidad de las personas e instituciones.”

¿Usted se lo cree...?


Para finalizar estas líneas veamos algunos comentarios relacionados con la confianza que merece a la mayoría de los ciudadanos canarios las actuaciones en esta colonia de los representantes en la misma de la sucursal del PSOE:

“Creo, y no me equivoco, que el PSC-PSOE está escogiendo un muy mal camino, ha dejado de lado a sus siglas y a sus votantes, para estar al lado de los empresarios corruptos de siempre, solo y únicamente para estar a las órdenes de los que ya todos sabemos. El colmo es el apoyo al puerto de Granadilla, que solo lo apoya por que el alcalde de esta localidad lo exige a su partido, dándole la espalda a sus votantes y a muchos militantes de su partido. El PSOE de canarias ya apesta...”

“Igual te digo, el psoe me defraudó, tenía una oportunidad de lujo para desmarcarse de la corrupción y la especulación que envuelve todo este tema, pero no lo hizo, al contrario, se convirtió en un férreo defensor del puerto, tanto que convenció al gobierno central y presiona al europeo. Ya no hay vuelta atrás, la decisión del psoe ya está tomada, y sus votantes han tomado nota, por lo menos, con mi voto y el de mi familia no van a contar ni de broma.”

“A mí no me defraudó el psoe por que ya yo sabía que tenía doble cara, sabía que podía hacer la jugarreta de un momento a otro, mientras haya pelas por medio a la mierda la ética y el respeto a los votantes.”

“Yo creo que lo que hicieron con el ex-presidente de la portuaria P. Anatael es una autentica cacicada mas digno de fascistas que de "socialistas", solo por pensar y opinar diferente a ellos, le cortan la cabeza, claro, le pueden joder el negocio que se están montando todos ellos, va bien el psoe, que siga así…”

*Seudónimo de Eduardo Pedro García Rodríguez.


Canarias. Octubre de 2008.


EVOLUCIÓN O INNOVACIÓN



 Chaurero n Eguerew

A finales del siglo XIX España continúa debatiéndose entre el Antiguo Régimen y el Estado liberal, con dos conceptos antagónicos de gobierno. El Estado liberal necesita una nueva ordenación del territorio, que le permita gobernar el país de manera uniforme, recaudar impuestos, y crear un mercado único con leyes –supuestamente-iguales para todos, y a ello se dedicará durante el siglo, tanto como a otras cuestiones, ya que es un Estado nuevo. A finales de esta centuria surge el moderno concepto de España como un ente político, territorial y económico, ya que hasta 1812 este país ibérico estaba constituido por “Las Españas”. Se avivan los enfrentamientos sociales entre la población civil y el clero católico el cual a pesar haber encajado las desamortizaciones de Mendizabal y de Madoz y la segunda abolición de la Inquisición, continuaba aferrando sus tentáculos en aquella nación y sus colonias afianzados en  el borbonato.

Es un hecho generalmente aceptado que España siempre ha sido el vagón de cola del tren europeo, se suponía que tenía unos cuarenta años de atrasos culturales, sociales y tecnológico con respecto al resto de Europa, pero este atraso era mucho más agudo en sus colonias, tanto es así, que a la colonia de Las Islas Canarias se le atribuía cuarenta años de atraso con respecto a la metrópoli, el analfabetismo y la extrema miseria en la población trabajadora era  prácticamente insoportable.

La riqueza generada en la colonia estaba en manos del clero católico, los terratenientes y la burguesía dependiente y, sus réditos administrados y engullidos por empleados de la metrópoli.

En esta lamentable situación la colonia entra en  el siglo XX, con las amplias negras y tupidas sotanas del clero católico cubriendo y sofocando los débiles destellos de luz ilustrada que intentaban alumbrar algunas mentes relativamente progresistas de la colonia.

Así, algunos privilegiados criollos canarios –como en siglos anteriores- tuvieron que acogerse a la madrastra metrópoli para desarrollar sus capacidades intelectuales, lejos de las amplias alas de cuervo con que el clero católico en la colonia cubría y ensombrecía –y ensombrece- los cielos culturales y el libre pensamiento en la nación canaria.

Uno de estos exiliados gustosamente voluntario fue el criollo, cacique  y republicano españolista Benito Pérez Galdós, de quien Javier Figuero nos ofrece una semblanza del alcance político de una de sus obras la cual logró hacer temblar los cimientos de la iglesia católica en aquel país, veamos algunas de sus actividades como liberal en la capital de la metrópoli según dicho autor:

“30 de enero de 1901 se estrenaba en el teatro Español de Madrid la Electra de Benito Pérez Galdós, obra de teatro elevada a categoría de símbolo por los anticlericales que los obispos conseguirían prohibir en varias diócesis. Durante la gira que siguió, en algunas capitales se interrumpió la representación para que sonara el Himno de Riego.

Futuro apóstol del integrismo, Ramiro de Maeztu, anarquista literario por entonces, acudió a la premiere madrileña con pistola, y sus amigos Pío Baroja y Azorín, que tampoco eran lo que serían, se movieron entre una clá de ácratas que imprecó a los jesuitas cuyas residencias resultarían apedreadas en Valladolid, Valencia, Barcelona, Cádiz, Santander y Zaragoza. La ciudadanía concienciada de Madrid agredió el coche del nuncio, intentó asaltar la sede de los luises y el palacio arzobispal, amenazó la casa central de los ignacianos y cantó La Marsellesa en la Puerta del Sol entre gritos por la libertad y la República, mientras paseó a hombros a Galdós como si de un antipapa se tratara. La prensa liberal le convirtió en lo mismo y la Correspondencia de España le calificó de "héroe legendario... que ha iniciado la libertad".
El Espoleta de otros acontecimientos, se produjeron disturbios cruentos en varias localidades y Sagasta formó un nuevo gobierno conocido como gabinete Electra, como hubo también caramelos Electra y relojes Electra. En él formaba Canalejas, gran esperanza de los anticlericales, pero Sagasta y Moret acabarían negociando con el Vaticano y aquél tuvo que dimitir. En Francia, el gobierno Waldeck-Rousseau consumaría ese mismo año la separación entre la Iglesia y el Estado, hito de un proceso secularizador irreversible que en los dos siguientes dibujó una nueva realidad al transformar la enseñanza en laica, gratuita y obligatoria. España, por el contrario, asistiría impotente al incremento de la población clerical, multiplicada ya por seis en la categoría regular desde el fin del sexenio democrático, gracias, entre otras cosas, a la llegada de frailes expulsados del país galo. En la batalla por la secularización de la sociedad y del Estado, el siglo XX registraría aún acontecimientos de enorme virulencia, pero en la alborada del XXI el sueño de sus profetas aún no se ha producido.”
Continua el autor la narración:
“El pronunciamiento de Martínez Campos en diciembre de 1874 certificó el fin de la Gloriosa asesinada por Pavía. Inspirado por Cánovas que declaró la Restauración "gracia de Dios" por los "fervorosos ruegos de la Católica España", Alfonso XII volvió del exilio pagando favores: Un Te Deum en Barcelona, el ofrecimiento del bastón de mando a la Virgen de los Desamparados en Valencia... Enseguida marchó al Norte en guerra civil donde dirigió una proclama a los carlistas Éues la excusa de Dios ya no servía. El era "el reparador de las injusticias que ha experimentado hasta aquí la Iglesia Católica, y una de sus más firmes columnas en lo porvenir".
Comprometido con la insurgencia, el Vaticano administró el reconocimiento al régimen de manera interesada y exigió la vuelta al Concordato de 1851 que hacia de la religión católica "la única de la nación española". Cánovas anuló las leyes contra sus intereses y, aunque la libertad de radicación de las congregaciones se regulaba en el documento, con las facilidades concedidas aumentarían de manera agobiante. Se aplicarían sobre todo al secuestro de la enseñanza, base de dominación de las conciencias. En 1880 se regló además la acogida de las expulsadas de Francia.
El entreguismo marcó también la política educativa de Cánovas. El ministro Orovio prohibió explicaciones contra el dogma católico, "verdad social de nuestra patria", y la protesta llevó a la suspensión y dimisión de profesores. El krausista Giner de los Ríos soñó en su destierro de Cádiz "una España nueva... una España culta y que piense... una España contemporánea de la humanidad". La Institución Libre de Enseñanza con que resolvió la fantasía sería bicha de los vaticanistas por más que Giner saliera al paso del estigma anticlerical que se le ponía. Ministro de Fomento en el gobierno del 84, Pidal y Mon sacaría adelante una ley de Instrucción Pública redactada por los obispos y revisada por el nuncio Rampolla. Líder de Unión Católica formada con neocatólicos y carlistas, Pidal aceptó el cargo animado por el papa. Entre sus seguidores contaba el joven Marcelino Menéndez Pelayo, profeta del futuro estado nacionalcatólico franquista en cuyo frontispicio figuraría su palabra revelada: "España, martillo de herejes, luz de Trento, espada del Pontífice...".
Impulsor incansable de las peregrinaciones a Roma en solidaridad con el prisionero del Vaticano, Pidal pondría en serios aprietos a su gobierno que recibió advertencias del italiano por injerencia en asuntos internos. Entonces las tensiones entre el papa y el ejecutivo de Roma permitían especular con la posibilidad de que el pontífice abandonara la ciudad eterna. El ayuntamiento de Vitoria le ofertó la suya como un par de años atrás el general Francisco María de Borbón había sugerido la cesión al pontífice de Gibraltar, previo acuerdo entre Inglaterra y España.
Para agrandar la base participativa del sistema y mantener su reconocimiento externo, Cánovas apostó en su momento por una cierta tolerancia de fe, incompatible con la doctrina de Pío IX, la Quanta cura y el Syllabus que hacían pecado del liberalismo. Pese a las campañas de descrédito contra el régimen español en Europa, la Constitución de 1876 no asumió la libertad de cultos, bandera de las masas revolucionarias que destronaron a Isabel II. De nuevo el catolicismo fue religión del Estado y, aunque se toleraban otros credos, no se permitirían sus ceremonias ni manifestaciones externas. El Vaticano protestó "altamente delante de Dios" y el poder se achantó ante los púlpitos, de modo que hasta el juramento constitucional exigido a los obispos, como cargos públicos, no les obligaría a nada “contrario a las leyes de Dios y de la santa Iglesia Católica” (Javier Figuero, 2001)
Estos hechos si bien no tuvieron continuidad en aquel país ni en sus colonias por causas bien conocidas y que aún perduran en el recuerdo de mucha gente, no cabe duda que en esencia fueron inspirados por pensadores europeos como el filósofo alemán Eduardo Hartmann, el cual expone en su libro La Religión del futuro, en el capítulo titulado Evolución o innovación:
“Quizá no haya existido época más irreligiosa que la nuestra, y no obstante, difícilmente se hallará otra a la cual hayan agitado más las cuestiones religiosas. Acabamos de salir de un período en que la indiferencia se aliaba a una adhesión rutinaria a la costumbre, en que el terror religioso no quería percibir incompatibilidad entre las formas religiosas tradicionales y el espíritu de los tiempos modernos. Nuestros padres eran en realidad bastante conservadores para ver en la práctica del culto una cosa conveniente, y suficiente ilustrados para reírse del que les hubiese dicho que llegaría un día en que las cuestiones religiosas recobrasen su imperio sobre el pueblo, le inflamasen y le extraviasen todavía; mas en esta conducta de dos caras, no veían ninguna contradicción.
Al mismo tiempo la crítica teológica, histórica y filosófica proseguía su obra sin darse punto de reposo (basta tener presente a Schopenhauer, Strauss y Feuerbach), y el espíritu moderno se desenvolvía con un vuelo que casi pudiéramos decir arrebatado; estas dos potencias coaligadas arraigaban cada vez más la convicción de que en los puntos más esenciales, las formas religiosas de la tradición se compadecían muy mal con la idea que nosotros nos formamos del conjunto de las cosas. Por otra parte, dos hechos demostraban el error que había cometido el indiferentismo ilustrado al imaginar, ora que la religión ha perdido su poder sobre el pueblo, ora que éste puede vivir sin ella. Por un lado la Iglesia católica se levantaba con una vitalidad que inspiraba temor y espanto, demostrando la fuerza que aún tiene para fanatizar a las masas cuando persigue este objeto con energía y constancia; por el otro y como diametral oposición a esto, la vergonzosa brutalidad alardeada por la democracia social al saludar con júbilo los horrores de la commune pariien, señalaba hasta qué punto de depravación desciende el pueblo cuando ha perdido con la religión, la sola forma bajo la que le puede ser accesible el idealismo.
Después de tan vivas demostraciones, es imposible para el que aspire dar al pueblo una cultura más elevada, dejar de comprender que la religión le es indispensable como principal resorte educador para desarrollar en él el sentido de lo ideal, que, si el progreso pretende abandonar este factor, no hace más que favorecer tendencias hostiles a la civilización, y que, en fin, a pesar de esto, las confesiones tradicionales de la religión no pueden servir de sostén a una era de desenvolvimiento intelectual, con la cual sus principios fundamentales la colocan en abierta contradicción.
En situación semejante, el problema religioso no puede menos de imponerse, y se explican perfectamente los esfuerzos que por todas partes se hacen para producir una religión que, armonizándose con el espíritu moderno y los fines de nuestra civilización, esté a la altura de su misión, que no es otra que la de procurar la educación ideal del pueblo. Es muy natural que estos esfuerzos se dirijan a las religiones tradicionales, ya porque el comenzarlo todo nuevamente parezca empresa temeraria o imposible, ya porque la continuidad histórica se haya impuesto a la conciencia moderna como un bien inapreciable, imposible de reemplazar, y para conseguir el cual ninguna concesión admisible debe parecer excesiva.
Sin embargo, por muy dignos que sean de nuestra estimación particular los hombres que consagran su vida a una obra de interés tan capital, cabe bien el preguntarse seriamente si el sostenimiento de la continuidad en un sentido estricto es posible todavía en nuestra situación histórica, o si, después de todo, es uno de esos momentos de la historia en que una gran idea ha recorrido todas las fases de su evolución y se ve irrevocablemente condenada a dejar la escena para ser reemplazada por otras ideas madres, no sin que deje de trasmitir a la fase de la nueva evolución algunos de sus elementos más importantes y de formar engranaje en las otras para la nueva vida que comienza a apuntar. Si se adoptase el segundo término de esta alternativa, la continuidad histórica, en su sentido amplio, se salvaría, aún cuando se verificase la ruptura con los principios directores del período anterior y la admisión de gérmenes fecundos importados de lejos.
No obstante, como todas las reformas, como todas las nuevas fases de una evolución en el interior de un mismo ciclo, proceden más o menos de la introducción de nuevos gérmenes de ideas, y por otra parte también, al terminar un antiguo ciclo y al comenzar uno nuevo, las nuevas ideas fecundantes no caen del cielo sino que se remontan a la evolución de la cultura anterior, se ve que en definitiva los dos casos no difieren más que en el grado, esto es, que su diferencia descansa esencialmente en la medida de la importancia relativa que pretenden por un lado los elementos conservados de la evolución anterior, y por otro los nuevamente importados. Que bajo este punto de vista se compare el nacimiento del Budhismo en el seno del Brahamanismo con la aparición del Cristianismo dentro del Judaísmo, y se comprenderá mi pensamiento.
Sería un error el creer, sin embargo, que la diferencia de grado o cuantitativa nada tiene que ver con la diferencia cualitativa. No acontece esto en la naturaleza; las diferencias de grado cuando traspasan cierta medida aparecen como diferencias cualitativas (considérese por ejemplo la diferencia entre el alma de la bestia y el alma humana) y llegan a producir, según las circunstancias, un cambio brusco de cualidad (recuérdese la modificación del estado de cohesión que acompaña al ascenso o descenso de la temperatura). Así es que la introducción de nuevos gérmenes de ideas y la expulsión de los antiguos principios llevados hasta cierto punto, dejan a salvo la continuidad histórica en su sentido estricto, mientras que, traspasando ciertos límites, se observa claramente la ruptura con el estado anterior y el advenimiento de una nueva dirección.
Apliquemos estas consideraciones a la marcha que sigue la evolución de la idea cristiana, y he aquí la cuestión que se presenta: ¿se ha hecho sentir la necesidad de debilitar tanto la tradición, que lo que resta no sea capaz de producir el entusiasmo religioso? Después, estas supresiones que han llegado a ser indispensables, ¿no constituyen verdaderas piedras fundamentales de la fe cristiana y no han quitado deseo de habitar un edificio privado de sus cimientos, en tanto que no hayan sido reemplazadas por nuevas piedras las que se lo han arrancado? Las reflexiones que hemos expuesto sobre la necesidad general de una religión y la imposibilidad de conservar una, hostil al desenvolvimiento de la cultura moderna, pueden sumir a muchos espíritus sinceramente deseosos del bien de la humanidad en tales angustias, que sin dejar de hallarse convencidos de que los pilares arrancados son irreemplazables, se mezan en la dulce ilusión de que una casa de tal modo probada, conserva todavía bastante solidez para invitar a los pasajeros a entrar en ella. Como ya hemos dicho, tal ilusión nada debilitará nuestro respeto personal hacia las dignas aspiraciones de estas personas, mas la probidad científica obliga a aquel, cuya inteligencia no sufre la acción perturbadora de la voluntad, le obliga, decimos, a preservarse de semejante ilusión y a reconocer con franqueza las condiciones insostenibles del edificio religioso falseado y derruido en todas sus partes por el espíritu crítico de nuestra época, abrigando la esperanza de que la insuficiencia, una vez afirmada, y la miseria cruel que esto producirá, llegarán a ser el estimulante más enérgico de la investigación y descubrimiento de nuevas ideas religiosas que vengan a sustituir con ventaja a las que ya están gastadas.
Cuando un negociante rico se declara en quiebra, hará muy mal en abusar de aquello que ha podido salvar del fracaso; pero, ¿cuál será el mejor partido que podrá sacar de su lamentable posición? Aceptarla cual es en realidad, y desplegar para levantarse pronto la mayor actividad posible. Del mismo modo urge, en nuestro sentir, que examinemos de más cerca nuestro gran libro para que sepamos cómo nos hallamos en punto a creencias religiosas y hacernos cargo de la relación que existe: por una parte, entre nuestro haber actual y la opulencia de otros tiempos, y por otra, entre este haber y las necesidades religiosas que piden ser satisfechas.
A fin de prevenir todo error, hago constar expresamente que no es mi intención el entrar aquí en polémica con los dogmas fundamentales del cristianismo positivo. Me dirijo tan sólo a los lectores que ya tienen detrás la crítica de estos dogmas, para celebrar consejo con ellos e indagar si el protestantismo liberal es capaz, como él lo afirma, de indemnizarnos de nuestras pérdidas, o en qué dirección hemos de buscar el equivalente de los bienes extinguidos.”
Mayo 2008.
Fuentes:
Eduardo Hartmann. La Religión del Porvenir
Biblioteca Económica Filosófica
Madrid, 1888.
 Javier Figuero. En: Revista Latina
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2001/latina43julio/39figuero.htm