jueves, 1 de agosto de 2013

LOS OVICAPRINOS DE VILLAVERDE




Prólogo
De nuevo el Profesor Meco Cabrera ofrece un resultado positivo y valioso, fruto de sus investigaciones, en el campo de los estudios pale­ontológicos pero, en esta ocasión, con la afortunada novedad de venir estrechamente referenciados, y asociados, a las actividades registradas por la arqueología.
Desde sus trabajos sobre el jandiense y erbaniense el Dr. Meco ha dirigido su metodología a aproximar los resultados a la prehistoria canaria, el marco de las grandes correlaciones y en los parámetros regio­nales. Esta situación interdisciplinar le ha llevado ahora a estudiar los materiales mastológicos de la Cueva de Villaverde, en Fuerteventura, obtenidos en las excavaciones sistemáticas que, con también tan buenos resultados, ha dirigido la Profesora Francisca Hernández de la Univer­sidad Complutense y Doña Dolores Sánchez Velázquez.
Ya Zeuner (1959) inauguró el estudio científico de los restos de mamíferos domésticos asociados a los materiales arqueológicos de Cana­rias pero, en realidad, los problemas de fondo sobre la presunta antigüe­dad y procedencia de la fauna doméstica quedaban por resolver satis­factoriamente, pues no siempre hay acuerdo sobre los extremos. De un lado para quienes postulan un origen remoto y hacen correlacionar pro­cedencias con la presunta «revolución neolítica» (bien en el íoco tradi­cional nilota o en el nuevo hogar sahariana deAmekni), y vía difunsio-nismo justifican su temprana presencia en el Archipiélago, dentro de un contexto que pudiéramos describir como «neolítico antiguo». De otro lado, y al parecer es hacia donde apunta la arqueología última, consi­derar la situación que se genera en Canarias, en particular en Gran Canaria en la Alta Edad media con la posibilidad de aportaciones de contingentes humanos, portadores de una nueva tecnología y, conse­cuentemente, poseedores de especies domésticas y agrícolas responsables de la configuración de una sociedad compleja y profesional que se corresponde con un modelo de producción hidroagrícola, como el que tipifica el denominado Horizonte Cueva Pintada, con fechas significa­tivas circa el año 1000 de la Era.
El Profesor Joaquín Meco ha hecho gala, en este trabajo como en otros de los suyos, de un completo conocimiento del tema manejando una información arqueológica rigurosa y contrastada que le permite rastrear los orígenes de esta problemática de la domesticación de los animales, en particular de los ovicápridos, desde la Edad del Bronce en Palestina, 7.000 B.P., pasando por la Ovis palaeoegyptiaca de El Fayum, 6.500 B.P. a otros ejemplos más recientes que pasan por los ejemplares de Iheren-Tahilali, en 3.000 B.P. y sus actuales descendien­tes del Sahel, tal y como ha estudiado Muzzolini (1987).

Al margen del control osteométrico y el recuento de los materia­les procedentes de la Cueva de Villaverde, que Meco Cabrera aborda con los más inflexibles procedimientos de la estadística y la analítica en los capítulo 4 y 5, nos parecen de mayor interés cultural las cuestiones centrales que quedan perfectamente acotadas en el capítulo 3, adelan­tando la hipótesis de la posible conexión de la oveja paleocanaria con la de Tassili. Sin embargo el cuestionario es tan apasionante y trascenden­te para la arqueología prehispánica de Canarias que bien merece un cierto grado de atención y cautela.

Dentro del esquema que acepta un poblamiento del archipiélago desde el Holoceno (Guíñense norteafricano, Holoceno Húmedo) habría que situar los datos correspondientes para Canarias con los que en el continente han podido ser datados entre 7.000 al 3.000 B.P en cifras redondas; desde entonces se ha querido ver en el Húmedo Guíñense el momento de la expansión del Neolítico norteafricano, y donde los estu­dios realizados en Ougarta indican unas condiciones mucho más favo­rables que las actuales. Tal y como se infiere de su cobertura botánica representada en los diagramas polínicos con documentación de Olea, Acacia, Querqus y otras especies propias de un ambiente subárido que irá, paulatina e irreversiblemente degradándose hasta devenir en el Árido contemporáneo, con colmatación de los wadipor aluviones gui-ríenses. Por otra parte sabemos que el Sahara Occidental, a pesar de las míticas expresiones de su arte rupestre, no fue nunca un territorio muy poblado. En el Sahara, en general, el poblamiento parece ser más importante en el Achelense que en el Ateriense. Sin embargo en el Ate -riense y en el Neolítico Antiguo son vanados los emplazamientos cultu­rales que registran más de una capa o nivel de ocupación, como se observa en los sitios de El Khril y Kaf-Thaht-El-Ghar, pero como es lógico (y salvada la distancia desde la boca del Estrecho a Canarias) estos datos no son generalizabas.

Por otro lado los estudios realizados en la laguna de Oulidia (Balouch, Bidet, Carruesco et alii, desde 1982), estación situada en la costa atlántica a unos 70 km. al S. de El Jadida, pueden servir como elemento de referencia para entender la evolución estadial, y sus posibles repercusiones dentro de las Islas Canarias. Así se sabe que:
Estadio I: Antes del 8.000 B.P. Momento en que el nivel mari­no estaba 20 metros por debajo del actual.

Estadio II: Del 8.000 al 6.500 B.P. Coincide con el inicio de la transgresión mellahiense (fiandriense).

Estadio III: Del 6.500 al 4.500 B.P. Prosigue la pulsación positiva de la transgresión, que llega a alcanzar 2 metros por encima de la cota O actual. Este máximo maximorum está documentado en dis­tintos puntos de la costa atlántica marroquí en torno del 4.500 B.P. […]

EL CACIQUE





Declaratorio
Los que escriben novelas no deben engañar a los demás, ni engañarse a sí mismos, ni dar por acaecidos hechos no sucedidos. Deben tener en cuenta que la naturaleza artística de esta clase de literaturas, reclama ciertas invenciones ne­cesarias al interés que el autor se propone despertar con la lectura de lo por él escrito. Por esto, aparte del gran fondo de verdad local y psicológica que ha de imprimírselas cuando la acción se circunscribe y los caracteres se especifican, es de necesidad haber en cuenta, en todos momentos, que de­terminados hechos, sin ser inverosímiles en sí mismos, han sido adaptados (éste es el vocablo) al positivo capital de la novela como secundarios, como imprescindibles para la tra­bazón de los desenlaces parciales.
Hago esta aclaración o declaratorio, como quiera llamársele, porque algunos maliciosos de por aquí darán en la majadería (achaque crónico de los que vivimos en villo­rrios) de señalar con el dedo a algunos de nuestros conterráneos, para colgarles al sambenito de los desafueros y judiadas que en El CACIQUE se mentan y comentan. Así pues, como no quiero ser malquisto por nadie y, menos por futesas novelescas, canto la suerte y salga el sol por donde quiera. A solas me quedo con mi conciencia, que me revela de antemano de los pecados y culpas que malas intenciones desataren contra mí.
El cacique es una entidad, un tipo, mejor dicho, de especialísima y ruin contextura moral, que ha existido y existirá mientras España padezca del grave mal de las ma­las políticas. No es, por tanto, una excrecencia nociva pecu­liar, exclusiva de Canarias. Lo que hay de isleño en esta novela, si Vds. notan que hay algo, es el ambiente local, la heterogénea sucesión de matices que se diversifican y trasmutan con el ritmo natural que la vida ha puesto en los seres y las cosas.
Es así por lo que repito otra vez que el Cacique de esta obrita no es una determinada persona de todos conocida; trátase pura y simplemente de ese hipogrifo municipalesco, de ese transformado descendiente del antiguo señor feudal, cuyo origen en los actuales tiempos débese a nuestra contubernaria política y desmoralizada gestión de los orga­nismos centrales de gobernación. Que aparezca aquí localiza­do, con fisonomía más o menos tomada del natural, no significa nada: he querido, por intelectualismo caprichoso y un tanto presumido, hacer alarde fogoso de amor al terru­ño, procurando convertirlo en escenario donde el desenlace de los hechos grabe en el ánimo la impresión y despierte el saludable apetito de hacer cuanto quepa en las humanas fuer­zas para desarraigar las perniciosas influencias con que el caciquismo pesa en la vida pública y hasta privada de nues­tros pequeños pueblos.
Creo haber aclarado en provecho y descargo de mi buena fe, los propios deseos y los móviles que le sirven de impulsores. Si con ello no consigo dejar burladas las malévolas disquisiciones de los que, suspicaces siempre, a todo le ponen coletilla, así como los pruritos mordicantes de los cortos de entenderás, vayanse enhoramala donde yo no pueda decirles que son unos noveleros.
El Autor


Las cuevas pintadas por los antiguos Canarios




Un primer contacto con grabados rupestres realizados por aborígenes de las Is­las suscitó nuestro interés en conocer a los artífices de esas creaciones, cómo las reali­zaban, qué instrumentos y recursos utilizaban, y cómo era el entorno que les nutría, tanto a nivel material como conceptual. Exploraciones iniciales nos condujeron a des­cubrir gratamente que también existían manifestaciones de tipo pictórico y que, aunque escasas en número, se conservaban algunas cuevas en la isla de Gran Canaria, en las cuales se habían aplicado pinturas relacionadas con una autoría aborigen.
Esta idea y la motivación de lo descubierto nos llevó a plantear un proceso de investigación con el fin de obtener valoraciones globales que nos permitiesen entender los hábitos pictóricos de lo que fue dicha cultura aborigen, y para ello era necesario contar previamente con la existencia de un número suficiente de elementos de estudio (cuevas) que reunieran ciertas características, a modo de variables comparativas. De es­ta manera, dentro del conjunto de manifestaciones en las que los habitantes de las Is­las Canarias habían utilizado el color, nos centramos en estudiar las cuevas que se en­contraban pintadas, si bien abordamos también con carácter complementario el estudio de otros elementos materiales, como el pintado o el tintado de soportes muebles.
Nuestro objetivo principal y último era el de reconstruir los procedimientos y téc­nicas empleados por estos pintores e identificar, los materiales utilizados, su obtención y aplicación; todo ello nos embarcó en un viaje de conocimiento en el que se combi­naba la consulta de bibliografía específica -histórica y técnica-, la particularmente en-riquecedora tradición oral a través de nuestros mayores, y la extensa labor de trabajo de campo para el estudio directo y registro de las cuevas. Por medio de la observación directa de las pinturas, del estudio de las cuevas y su entorno, y de la información re­cogida en la bibliografía sobre las formas de vida del aborigen, procedimos al sondeo de identificación de los materiales, y posteriormente a la reconstrucción y verificación del proceso de pintado: útiles de aplicación de las pinturas, sistemas de preparación de los materiales, trabajo previo de los soportes, procedimientos y técnicas de aplicación.
En todo momento nuestra intención fue la de no limitar el número de cuevas buscadas y estudiadas, haciendo lo posible por obtener un registro exhaustivo y com­pleto de los yacimientos arqueológicos. El trabajo de campo se inició localizando y es­tudiando los yacimientos registrados anteriormente por otros autores, descubriendo en este proceso nuevos yacimientos y cuevas que habían pasado desapercibidas. Esto dio como resultado la elaboración de sesenta y nueve fichas descriptivas de otros tantos ya­cimientos, que nos servirían de base para reconstruir el proceso seguido por los aborí­genes de la isla de Gran Canaria para la realización de sus pinturas, y para acercarnos a comprender, mediante su estudio, estas manifestaciones y a sus autores. El paulatino conocimiento que se fue adquiriendo producto del mismo trabajo de campo nos per­mitió ir descartando aquellas cuevas que resultaban poco significativas para el estudio o en las que se constataba su reutilización reciente con transformación de la cueva y/o sus pinturas.
Nutriéndonos de todo este proceso de investigación, este texto que tenemos la oportunidad de ofrecer gracias al apoyo de la Dirección General de Patrimonio Histó­rico pretende acercarnos a un fragmento más de nuestra cultura, a la expresión pinta­da de nuestros antepasados.
Ancient Canarios' painted caves
(abstract)
This work intencls to reconstruct the pictorical procedures used by the Gran Ca­naria aborigines for painting their caves, and also to understand and get closer to the comprehension of this manifestations. Here it is analized and described, on one side, their raw materials, supports, painting materials preparation process, tools, techniques and methods they used, as well as the permanence of them all; and, on the other side, it is valued tríese paintings in an entire way, connecting several different parameters and studying the pictorical composition, contributing, at the end, with an interpretative es-say. The text includes a specific file of every single studied cave.

MÁS BALAS QUE PAPAS






Josefa Falcón Abreu

Les vi. por casualidad en un programa de Canal 4, pero llamaron mi atención con sus ilusiones. Eran jóvenes y con ganas de trabajar, de hacer prosperar, de hacer revivir el verdor de nuestros campos, de rehacer…Eran chicos a los que se les notaba un amor especial por la tierra, por la agricultura, por nuestros campos tan dejados de la mano del hombre. Se les notaba una gran inquietud, se les notaba tanta ilusión por sacar adelante sus proyectos de salvar lo que aún puede ser salvado… La manera, trabajando. Los medios son pocos para echar adelante lo que se proponen, la ayuda que necesitan tal vez ni les llegue. Hemos visto muchas veces como el gobierno destina cantidades desmesuradas de millones de euros para armamento, si, si, armamento, la gente pasa hambre y miserias, pierde sus casas, sus trabajos… y como que los problemas sociales no acaban de tocar la fibra sensible de estos señores, parece que hay prioridades como el armamento… Que yo sepa la gente necesita que comer y las armas no se comen, luego ¿no sería más justo destinar ese dinero para ayudar a las familias? Las armas matan, los alimentos salvan vidas ¿Ven la diferencia señores gobernantes? Somos seres humanos que vivimos en constante lucha para llevar una vida digna, como todos nos merecemos, ahora no es momento de pensar en otra cosa que no sea ayudar a quien lo necesita, hay dramas realmente escalofriantes, los que habitamos este planeta no queremos armas porque no nos gustan las guerras. Estos chicos de los que antes hablaba quieren trabajar y a la vez salvar el campo, la agricultura no puede morir en Canarias y ya es hora de que tome conciencia de ello nuestro Gobierno Autónomo, que sean capaces de ver lo que vemos los demás, que nuestras islas siempre tan verdes necesitan seguir siéndolo, nuestros campos necesitan producir, nuestra gente quiere trabajarlos pero hacen falta ayudas, ellos la buscan y a ustedes les toca ofrecérsela y no ponerles obstáculos…Buen día amigos…


Aún quedan cultivos pero, esta zona en concreto del Cerro Gordo, en La Guancha, era un auténtico vergel, ahora ya no lo es tanto.

LA ZARZA: ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA




Prólogo
En la tierra descansa gran parte de lo que hemos sido. La tierra atesora infinitos secretos sobre nuestro pasado y el tiempo, capa a capa, los va sepultando, como queriendo hurtarnos esa parte de nosotros mismos que es difícilmente registrable en libros, en docu­mentos, en pruebas irrefutables. En esa tarea casi imposible nos empeñamos, validando así un destino que implica cavar en el propio destino, desentrañar las raíces del pasado para poder explicar, tam­bién, lo que en el momento presente somos. Cruce de pasados remo­tos e intuición de futuro, el hombre insiste en saber del hombre que fue. Así también el hombre canario, que quiere escarbar en su iden­tidad, reconocer los componentes de la pasta de que está hecho, los misterios que conforman la naturaleza que lo forjó y le dio existen­cia, sobre estos peñascos atlánticos, remotos e inexplicables, que viven antiguos a la espera de que les pongamos verdad científica a sus indescifrables caminos.
Y desenterrar trozos de nuestro pasado es lo que se propone, en esencia, este trabajo firmado por Ernesto Martín Rodríguez, que, por fin, ve la luz de la edición de la mano de la Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias: La Zarza, entre el cielo y la tierra. Las interesantes y complejas estaciones rupestres de La Zarza y La Zarcita, ubicadas en el municipio palmero de Garafía, revisten un enorme interés científico por múltiples motivos, entre los que cabe destacar, simplemente, la gran cantidad de grabados que en esta zona se localizan. El documentado trabajo de Martín Rodríguez sobre este yacimiento merecía la publicación y, estamos seguros, supondrá un verdadero paso de gigante en el tortuoso camino de la investigación de la prehistoria insular. La satisfacción por haber logrado poner en manos de lectores e investigadores este libro hay que unirla ahora a los denodados esfuerzos que hace esta Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias para dotar, a cada una de las islas, de infraestructuras capaces de soportar el peso de los respectivos patrimonios arqueológicos insulares. Y este es el caso de La Zarza y La Zarcita, cuyo Centro de Interpretación Arqueológica es ya una realidad palpable y en marcha.
Con la suma de esfuerzos, paciencia y trabajo sistemático, esta­mos consiguiendo, poco a poco, poner las piezas difusas de ese puzzle que un día, no muy lejano, reflejará, como un espejo, nuestro verda­dero rostro, la cara que por fin podrá observarse y descubrir sus rasgos, la identidad que la hace particular y que nos ayudará a explicar lo que somos y, sobre todo, lo que en el pasado fuimos, lo que en épocas prehistóricas fueron quienes nos precedieron sobre estas islas atlánti­cas. Desde el Gobierno de Canarias sólo podemos alentar a los que proponen invertir tiempo y esfuerzo en esa tarea bella y necesaria, que también demanda la sociedad canaria del futuro. Garantizar el correc­to recibimiento de este amplio legado cultural es tarea que nos con­cierne y que no podemos hurtar a las generaciones venideras. Este libro de Ernesto Martín Rodríguez contribuye así, de manera decisiva, al avance de las investigaciones que nos conducen a saber más de noso­tros mismos y, en definitiva, a recuperar para nosotros un pasado que sólo a nosotros pertenece y que sólo a nosotros cabe preservar.
josé manuel álamo gonzález
Director General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias

LA CUEVA DE BELMACO-MAZO ISLA DE LA PALMA




Prólogo
La tierra y sus caprichos geográficos (cuevas, tubos volcánicos) atesoran numerosos secretos sobre nuestro pasado y el tiempo, poco a poco, sedimento a sedimento, los va escondiendo, como querien­do hurtarnos esa parte de nosotros mismos que es difícilmente regis-trable en libros, en documentos, en pruebas fehacientes. En esa tarea casi imposible nos empeñamos, porque desentrañar las raíces del pasado para poder explicar, también, lo que en el momento presen­te somos, es algo que incentiva tanto nuestra curiosidad que no podemos rehusarlo. Cruce de pasados remotos e intuición de futuro, el hombre insiste en saber del hombre que fue. Así también el hom­bre canario, que quiere escarbar en su identidad, reconocer las piezas que conforman el puzzle de su historia, esa que lo vino a poner a vivir sobre estas islas atlánticas, distintas e inexplicables, que aguar­dan el momento en que les pongamos verdad científica a sus indes­cifrables senderos, a sus intrincadas grutas.
Y desenterrar trozos de nuestro pasado es lo que se propone este libro firmado por Mauro S. Hernández Pérez, que ve la luz de la publicación de la mano de la Dirección General de Patrimonio His­tórico del Gobierno de Canarias: La Cueva de Belmdco. Los intere­santes y complejos grabados de Belmaco, ubicados en el municipio palmero de Mazo, revisten gran interés científico. El trabajo de Her­nández Pérez sobre este yacimiento merecía la edición y, estamos seguros, supondrá un paso más en el difícil camino de la investiga­ción de la prehistoria insular. La satisfacción por haber logrado poner en manos de lectores e investigadores este libro nos lleva a celebrar los importantes avances científicos que se están dando en el campo del patrimonio histórico canario; con la suma de esfuerzos, paciencia y trabajo sistemático, estamos consiguiendo, poco a poco, completar ese rompecabezas maquiavélico que a menudo nos quita el sueño pero que, también, nos alienta a seguir empeñándonos en conocernos mejor, en lograr una cabal comprensión de nuestro pasa­do. Desde el Gobierno de Canarias sólo podemos alentar a los que se proponen invertir tiempo y esfuerzo en esa tarea bella y necesaria, que también demanda la sociedad canaria del futuro. Garantizar el correcto recibimiento de este amplio legado cultural es tarea que nos concierne y que no podemos hurtar a las generaciones venideras.

PERVIVENCIA DE LA LENGUA GUANCHE EN EL HABLA COMUN DE EL HIERRO





Prólogo
El tiempo, como una fuente eternamente aplicada a su destino, cae, implacable, sobre todo lo que somos, empeñado en erosionar nuestra memoria. Nos afanamos en luchar contra sus reglas feroces y para ello nos refugiamos en el conocimiento, en la sabiduría que nos trae explicaciones que quieren evitar el olvido y desvelar nuestra cara más anónima.
En este contexto se asienta uno de los deberes inesquivables de la Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Cana­rias: salvaguardar todo el legado que pervive atado a nuestra memo­ria más íntima como pueblo. Esta empresa se encauza a través de diversas iniciativas, como la restauración, la investigación, la educa­ción y, también, la edición de libros y revistas. Textos que guarden todos aquellos trabajos que nuestros especialistas hayan conseguido esbozar a través de muchos años de investigación y reflexión. Es en este marco en el que hoy presentamos con orgullo la publicación de este libro titulado Pervivencia de la lengua guanche en el habla común de El Hierro, de Maximiano Trapero, extensa monografía que orde­na y resume, con acertada perspectiva histórica y filológica, las numerosas contribuciones registradas a lo largo de la historia en rela­ción al vocabulario usado en El Hierro, acaso la isla más emblemáti­ca del Archipiélago por sus variopintas peculiaridades, verdadero manantial de misterios y suculento manjar para la inteligencia de cualquier investigador curioso.
Queda claro que el libro es una de las principales vías para ofre­cer información a la sociedad en general y a la comunidad científica en particular, sobre todo porque a través de sus páginas se avanza con pie firme por el tortuoso camino de la concienciación de nuestro pueblo cara a proteger su patrimonio. Se maltrata lo que se desco­noce y por eso difundir y conocer cada vez mejor los valores patri­moniales de nuestro Archipiélago es una de las tareas que con mayor entusiasmo enfrenta esta Dirección General de Patrimonio Históri­co del Gobierno de Canarias.
Es evidente que la necesidad de divulgar nuestro patrimonio, en cualquiera de sus órdenes, incluido el patrimonio léxico, objeto del actual trabajo de Maximiano Trapero, investigador cuyas capacida­des están fuera de toda duda, es una de las más urgentes tareas que
nos asedian en la actualidad, para que así, juntando todas las apor­taciones, podamos esclarecer el cuadro todavía incompleto de nues­tra historia. Esta tarea se logra a través de la edición de estudios tan rigurosos como el que ahora nos ocupa, porque este libro aborda concienzudamente numerosos aspectos del patrimonio léxico de El Hierro, tan importante además para descifrar las claves lingüísticas de muchas peculiaridades del habla de otras islas del Archipiélago. Es por eso que sólo nos cabe, para finalizar estas palabras preliminares, felicitar al profesor Maximiano Trapero, por su dedicación y entu­siasmo, y también por su generosidad, porque ahora cualquier inte­resado podrá acceder a sus investigaciones y seguir edificando entre todos el mapa de nuestra cultura, la cartografía apasionante de nues­tro pasado y nuestra historia. Sólo así podremos un día navegar el mar de nuestra memoria sin temor alguno al naufragio.
José Manuel Alamo Gonzalez

Prólogo
El tiempo, como una fuente eternamente aplicada a su destino, cae, implacable, sobre todo lo que somos, empeñado en erosionar nuestra memoria. Nos afanamos en luchar contra sus reglas feroces y para ello nos refugiamos en el conocimiento, en la sabiduría que nos trae explicaciones que quieren evitar el olvido y desvelar nuestra cara más anónima.
En este contexto se asienta uno de los deberes inesquivables de la Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Cana­rias: salvaguardar todo el legado que pervive atado a nuestra memo­ria más íntima como pueblo. Esta empresa se encauza a través de diversas iniciativas, como la restauración, la investigación, la educa­ción y, también, la edición de libros y revistas. Textos que guarden todos aquellos trabajos que nuestros especialistas hayan conseguido esbozar a través de muchos años de investigación y reflexión. Es en este marco en el que hoy presentamos con orgullo la publicación de este libro titulado Pervivencia de la lengua guanche en el habla común de El Hierro, de Maximiano Trapero, extensa monografía que orde­na y resume, con acertada perspectiva histórica y filológica, las numerosas contribuciones registradas a lo largo de la historia en rela­ción al vocabulario usado en El Hierro, acaso la isla más emblemáti­ca del Archipiélago por sus variopintas peculiaridades, verdadero manantial de misterios y suculento manjar para la inteligencia de cualquier investigador curioso.
Queda claro que el libro es una de las principales vías para ofre­cer información a la sociedad en general y a la comunidad científica en particular, sobre todo porque a través de sus páginas se avanza con pie firme por el tortuoso camino de la concienciación de nuestro pueblo cara a proteger su patrimonio. Se maltrata lo que se desco­noce y por eso difundir y conocer cada vez mejor los valores patri­moniales de nuestro Archipiélago es una de las tareas que con mayor entusiasmo enfrenta esta Dirección General de Patrimonio Históri­co del Gobierno de Canarias.
Es evidente que la necesidad de divulgar nuestro patrimonio, en cualquiera de sus órdenes, incluido el patrimonio léxico, objeto del actual trabajo de Maximiano Trapero, investigador cuyas capacida­des están fuera de toda duda, es una de las más urgentes tareas que
nos asedian en la actualidad, para que así, juntando todas las apor­taciones, podamos esclarecer el cuadro todavía incompleto de nues­tra historia. Esta tarea se logra a través de la edición de estudios tan rigurosos como el que ahora nos ocupa, porque este libro aborda concienzudamente numerosos aspectos del patrimonio léxico de El Hierro, tan importante además para descifrar las claves lingüísticas de muchas peculiaridades del habla de otras islas del Archipiélago. Es por eso que sólo nos cabe, para finalizar estas palabras preliminares, felicitar al profesor Maximiano Trapero, por su dedicación y entu­siasmo, y también por su generosidad, porque ahora cualquier inte­resado podrá acceder a sus investigaciones y seguir edificando entre todos el mapa de nuestra cultura, la cartografía apasionante de nues­tro pasado y nuestra historia. Sólo así podremos un día navegar el mar de nuestra memoria sin temor alguno al naufragio.
Jose Manuel Álamo Gonzalez


Director General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canaria




Director General de Patrimonio Histórico del Gobierno de CanarjJ